
Es un sistema perverso, pienso en Tomás Jr. estudiando en Valparaíso una carrera que no debería durar más de 2 años, pero actualmente dura 4 años, diseño gráfico es claramente una carrera técnica que la podría dar cualquier instituto o escuela de artes y oficios pero se enseña en una universidad. Es un negocio, un producto de marketing sin ninguna lógica. A la mayoría de los adolescentes les gusta dibujar, entonces la universidad ya tiene una clientela suficiente para llenar varios cursos y tenerlos pagando todos los meses durante cuatro años, negocio redondo.
El negocio de la educación está bien, no tengo nada en contra de la gente ignorante que desea comprar un certificado, el cual supuestamente le va a dar prestigio, que lo haga, es parte de la libertad para elegir. Que hagan carreras de ingeniería en papas fritas o licenciatura en comunicaciones extraterrestres si así les place. Lo que me parece mal es que la oferta se ha concentrado casi exclusivamente en esas carreras que a algún iluminado se le ocurrió poner de moda alguna vez.
Los estudios en Chile son artificialmente largos y privilegian las formas. Tenemos una herencia maldita de los próceres de la educación laica: Barros Arana, Valentín Letelier, Claudio Matte, ellos fregaron la educación chilena y sus tontas ideas se las han arreglado para perpetuarse en nuestro país.
Estos próceres pensaban que la educación debería formar a las clases dirigentes, dos conceptos estúpidos muy propios de la masonería: formar y clases dirigentes. Para la elite, la educación debería ser formativa en primer lugar, por eso miraban con desprecio todo lo que significara instrucción: la instrucción era para los rotos, que tenían que trabajar con las manos, con esa idea en mente se creó la Sociedad de Instrucción Primaria. Es sorprendente como un modelo tan estúpido sigue vigente hasta hoy con muy pocos cambios.
Todavía se cree que las elites solo necesitan aprender a mandar, deben adquirir una formación moral para mandar y con esa idea les enseñana en los colegios de curas, de donde al final salen cínicos si son inteligentes o resentidos sociales, llenos de complejos de culpa si son tontos (la mayoría son de este segundo grupo, de allí viene nuestra abundante elite de izquierda). Aprender cosas útiles, instruirse, es mirado con desprecio porque nadie quiere ejecutar trabajos, eso es de rotos.
Solo miren los colegios de enseñanza media, como se rankean según los resultados en la Prueba de Selección Universitaria de sus alumnos, un colegio es bueno si muchos de sus alumnos entran a carreras tradicionales de universidades tradicionales. Si algún día apareciera un mago en chile que lograra mejorar la calidad de la educación, según estos parámetros, estaríamos repletos de abogados, los abogados andarían vendiendo planes de AFP y recogiendo la basura.
En Chile no se necesita mejorar la calidad de la educación, se necesita cambiar la herencia maldita de Barros Arana, Valentín Letelier, Claudio Matte y los demás próceres que nos fregaron para siempre con un modelo estúpido, una fábrica de frustraciones.
Veamos ¿cuantos egresados de enseñanza media eligen estudiar para técnicos como primera opción? ¿cuantos técnicos se quedan en su especialidad y cuantos siguen estudiando -como lo hice yo- perdiendo años y plata con la ilusión de llegar a la elite?. En Chile el destino de técnico no existe, porque no tiene prestigio social, un técnico gana lo mismo o menos que alguien sin estudios, después de haber perdido hasta cuatro años en una universidad o instituto que le vendió -a precio de oro- su certificado de ingeniero en papas fritas.
Lo que necesitamos es que desaparezca esa estúpida idea de que las elites deben ser formadas y los rotos deben ser instruídos. Por culpa de esa idea de los masones del siglo 19 es que hasta el día de hoy el aparato del estado está tomado por los más imbéciles y oportunistas. Solo miren los antecedentes de nuestros políticos y comprobarán que la mayoría vienen de los colegios emblemáticos o de curas, los supuestos formadores de elites, eso explica su mediocridad, su falta de conocimiento sobre casi cualquier cosa, su inutilidad para todo excepto para robar, escalar y defraudar.
Es muy triste el destino de los pinguinos que hoy estudian en la enseñanza media, formados en la idea que si no son abogados o ingenieros de una universidad tradicional serán unos fracasados. Veo los planes de estudio de ingeniería de las universidades tradicionales, llenos de teoría que hoy está de moda y mañana no va a valer un peso, no importa dicen los académicos, lo importante es formarlos, no instruirlos. Estamos formando gerentes no trabajadores. Así es como se perpetúan los mediocres que se creen de elite y tienen tomado al país.
Gracias Barros Arana, gracias Valentín Letelier, gracias Claudio Matte, ojalá jamás hubiesen nacido los malditos aunque -pensándolo bien- habían cientos detrás con las mismas estúpidas ideas. Es algo que va más allá de las taras personales, no es la tierra sino la semilla. Hasta mañana.