Tomas Bradanovic

7 diciembre, 2009

Sin alcohol no se puede hablar en serio

Archivado en: alcohol, mentiras — tombrad @ 5:03 pm


Un perro ha pasado aullando toda esta mañana ¿vendrá por fin el grande, el terremoto que estamos esperando? ¿se llevará esta vez el mar mi casita rodante? bah, que me importa, lo que será será. Tal vez solo sea que el perro tiene problemas sentimentales.

Se me había olvidado contarles acerca del módulo que estamos viendo ahora, se llama Dirección del Capital Humano y es hasta el momento muy entretenido. Antes había ido a clases con el método de caso pero ninguna donde el profesor dominara el sistema como esta vez, Carlos René Lagos fue profesor del Incae durante muchos años y ha dedicado buena parte de su vida a escribir y desarrollar casos, así es que este módulo está resultando una clase maestra en el asunto. El asunto es que la próxima clase le voy a pedir alguna ayuda a ver si el próximo año hago mis clases -al menos parcialmente- con ese sistema, creo que puede ser muy potente y hasta podría entretenerme un poco haciendo clases, porque el sistema se ajusta a como a mi me gusta hacer las cosas: prácticas.
Pero hubo un asunto que no se lo compré, fue una dinámica de grupo donde el animador se queda callado o interviene muy poco y se trata de decir “aquí y ahora” “así es como me siento” o algo por el estilo. De partida yo soy sumamente reservado y no discuto mis asuntos con nadie, así es que me fuí por la tangente con bromas y cosas así, probablemente voy a tener mala nota en eso. A propósito quería comentarles una idea que me surgió ese rato sobre el valor de las mentiras.
Bueno, don Carlos -que es un hombre de edad madura, no como yo que soy todavía un chiquillo- nos contaba que cuando el estudió en Berkeley esa dinámica estaba muy de moda y al final terminaban todos llorando, confesando que eran gay o cualquier cosa por el estilo. Algo me disgusta mucho de ese sistema, y es que no reconoce el hecho cierto que mientras más francamente hablamos, más mentirosos nos ponemos.
Es un asunto curioso, yo he llegado a esa convicción después de mucho tiempo observando con cuidado a las personas. Cuando quiero conocer realmente a alguien jamás debo conversar con él, ni guiarme por lo que dice, sino que hay que observar lo que hace, todos tendemos a hablar exactamente lo contrario de lo que hacemos. Las palabras son una poderosa herramienta de encubrimiento y distracción, y no me refiero con esto a la gente hipócrita sino todo lo contrario, mientras más franco y honesto es alguien, más mentiroso es lo que dice.
Estaba pensando por qué ocurre esto y me acordé de una anécdota que me pasó hace muchos años, cuando me hicieron una corta entrevista para un noticiario de televisión. Yo toda mi vida había pensado que tenía una voz de locutor FM y que pronunciaba perfectamente, pero esa vez en la tele pude ver con espanto que en realidad hablo igual que el Pato Donald, con una voz nasal, articulando y pronunciando de manera pésima, en fin, nada que ver con la idea de mi mismo que yo tenía.
Creo que eso se aplica a todo lo demás, las personas normales a quien menos conocemos es a nosotros mismos y tenemos una idea completamente deformada de nuestra propia persona y nuestros reales sentimientos. Entonces mientras más francamente hablamos, más patéticos e hipócritas somos, porque llevamos toda una vida acumulando justificaciones bien sea eliminando o agigantando nuestros errores, la auto imagen es lo más mentiroso y eso lo he podido comprobar muchas veces. Por eso el “conócete a ti mismo” de los griegos es una recomendación bastante hipócrita, es imposible conocerse a si mismo, a lo más que se puede aspirar es a armar una máscara convincente para presentarse a los demás, punto.
Cuando alguien me dice que es buena persona enseguida reviso si no me han robado la billetera, cuando alguien habla mal de si mismo y repite mucho sus defectos sé que estoy probablemente enfrente de un ególatra que anhela que yo le diga “no hombre, si no es para tanto”, los chacoteros sentimentales son una muestra perfecta de lo que digo, en verdad todos somos chacoteros en alguna medida.
Volviendo al tema, por eso me desagradan esas dinámicas de gestalt y cosas por el estilo, al diablo con Jung y su inconsciente colectivo, al diablo con los equipos, el mejor equipo se forma en torno a una mesa donde todos, bien comidos y bien borrachos, se quitan por un momento su primera máscara (tenemos muchas más) y entre groserías, insultos y burlas hablamos por lo menos un pelito menos hipócrita de lo que siempre acostumbramos, es algo que he comprobado personalmente, sin alcohol no hay posibilidad de hablar en serio. He dicho.

10 febrero, 2008

Historias raras de economía regional

Archivado en: cuentos, mentiras, mentiras. proyectos, subsidios — tombrad @ 8:44 pm

Diablos, son las 3:05 A.M. y acabo de terminar de escribir un asunto que me tenía ocupado, como todavía no tengo sueño y me queda un poco de cuerda, que mejor que ponerme a escribir mi entrada de hoy que había dejado de lado por culpa de otras responsabilidades.

El problema es que no tengo idea acerca de qué podría escribir, en la tarde coloqué el título de esta entrada “Historias raras de economía regional”, ustedes saben que las historias raras me encantan y en chamullolandia las tenemos por miles.

Pensaba colocar algo sobre la absurda historia de la armaduría de General Motors que todavía funciona en Arica, en un mundo donde los autos se arman con robots desde hace décadas en nuestra ciudad persiste como un fósil donde se compran las piezas, se embalan cuidadosamente y viajan la mitad del mundo para ser rearmadas a mano, en la que debe ser la industria menos eficiente y que ha recibido más subsidios en el mundo. Cada cierto tiempo anuncian que van a cerrar, entonces saltan los sindicatos y aparece el gobierno al rescate. Curiosidades de Arica, con plata de los impuestos se ha subvencionado a la pobre GM desde los años 60 ¡eso se llama ayudar a los pobres!.

También quería escribir del tipo que iba a convertir la ropa usada americana en impecables frazadas, por un misterioso proceso que jamás funcionó. O del otro que decía que era constructor y en su bodega tenía cantidades de lingotes de oro que contrabandeaba del Perú, custodiados por gorilas armados. Dicen que hoy es el rey de los casinos ilegales al otro lado de la frontera. Tantos pájaros raros y cuenteros, los otros con importantes padrinos políticos que iban a hacer un centro logístico enorme a la entrada de Lluta, se embucharon la bonificación y al final terminaron con en una vulgar estación de servicio. Cuentos, fantasías, historias, falsos proyectos.

Los ariqueños somos cuenteros, y tal vez por lo mismo somos muy crédulos y fáciles de embaucar. El espíritu fantasioso, esos sueños tontos de grandeza imaginando que por una ley milagrosa o con un buen proyecto el desierto se cubrirá de un verde cesped, o se cultivarán mil hectáreas de biodiesel como afirman muy serios unos distinguidos científicos. No me extrañaría que en su vida hayan plantado una papa, pero el proyecto ya está financiado y eso es lo que importa. Así somos acá.

Pasto fácil de la mentira y el cuento, yo mismo he trabajado en varios de esos proyectos descabellados que a veces solo buscan conseguir un subsidio y después largarse, o bien son fruto de el espíritu fantasioso de algún iluminati. Algún avivato le sopló al oído de algún asesor, que la solución para el problema del agua era desalinizar el mar, igual como en los emiratos árabes y el cuento llegó a los oídos de la mismísima presidenta sin que nadie se lo filtrara. Y ahí tenemos el proyecto estrella del gobierno: se va a desalinizar el agua del mar para regar los narco-tomates ¡Bravo, Bravo! ¡Bis, Bis!.

Bah, mejor me voy a dormir. Si cuento todas estas cosas en detalle capaz que tenga pesadillas. Lo dejo hasta ahí nomas y me meteré al sobre para soñar con los angelitos, y con alguna angelita ¿por que no? soñar… no cuesta nada.

Historias raras de economía regional

Archivado en: cuentos, mentiras, mentiras. proyectos, subsidios — tombrad @ 8:44 pm

Diablos, son las 3:05 A.M. y acabo de terminar de escribir un asunto que me tenía ocupado, como todavía no tengo sueño y me queda un poco de cuerda, que mejor que ponerme a escribir mi entrada de hoy que había dejado de lado por culpa de otras responsabilidades.

El problema es que no tengo idea acerca de qué podría escribir, en la tarde coloqué el título de esta entrada “Historias raras de economía regional”, ustedes saben que las historias raras me encantan y en chamullolandia las tenemos por miles.

Pensaba colocar algo sobre la absurda historia de la armaduría de General Motors que todavía funciona en Arica, en un mundo donde los autos se arman con robots desde hace décadas en nuestra ciudad persiste como un fósil donde se compran las piezas, se embalan cuidadosamente y viajan la mitad del mundo para ser rearmadas a mano, en la que debe ser la industria menos eficiente y que ha recibido más subsidios en el mundo. Cada cierto tiempo anuncian que van a cerrar, entonces saltan los sindicatos y aparece el gobierno al rescate. Curiosidades de Arica, con plata de los impuestos se ha subvencionado a la pobre GM desde los años 60 ¡eso se llama ayudar a los pobres!.

También quería escribir del tipo que iba a convertir la ropa usada americana en impecables frazadas, por un misterioso proceso que jamás funcionó. O del otro que decía que era constructor y en su bodega tenía cantidades de lingotes de oro que contrabandeaba del Perú, custodiados por gorilas armados. Dicen que hoy es el rey de los casinos ilegales al otro lado de la frontera. Tantos pájaros raros y cuenteros, los otros con importantes padrinos políticos que iban a hacer un centro logístico enorme a la entrada de Lluta, se embucharon la bonificación y al final terminaron con en una vulgar estación de servicio. Cuentos, fantasías, historias, falsos proyectos.

Los ariqueños somos cuenteros, y tal vez por lo mismo somos muy crédulos y fáciles de embaucar. El espíritu fantasioso, esos sueños tontos de grandeza imaginando que por una ley milagrosa o con un buen proyecto el desierto se cubrirá de un verde cesped, o se cultivarán mil hectáreas de biodiesel como afirman muy serios unos distinguidos científicos. No me extrañaría que en su vida hayan plantado una papa, pero el proyecto ya está financiado y eso es lo que importa. Así somos acá.

Pasto fácil de la mentira y el cuento, yo mismo he trabajado en varios de esos proyectos descabellados que a veces solo buscan conseguir un subsidio y después largarse, o bien son fruto de el espíritu fantasioso de algún iluminati. Algún avivato le sopló al oído de algún asesor, que la solución para el problema del agua era desalinizar el mar, igual como en los emiratos árabes y el cuento llegó a los oídos de la mismísima presidenta sin que nadie se lo filtrara. Y ahí tenemos el proyecto estrella del gobierno: se va a desalinizar el agua del mar para regar los narco-tomates ¡Bravo, Bravo! ¡Bis, Bis!.

Bah, mejor me voy a dormir. Si cuento todas estas cosas en detalle capaz que tenga pesadillas. Lo dejo hasta ahí nomas y me meteré al sobre para soñar con los angelitos, y con alguna angelita ¿por que no? soñar… no cuesta nada.

11 junio, 2007

¿Se puede trabajar con mentirosos?

Archivado en: mentiras, negociacion, negocios — tombrad @ 11:19 pm

Me sigue dando vueltas en la cabeza la discusión que tuvimos en el grupo de gringos, acerca de el uso del engaño como una práctica no aceptable de negocios.

Yo creo conocer un poco la manera de pensar que tiene la gente que viene de USA, con todas las precauciones del caso, porque en el mundo no se encuentran dos personas que piensen igual, pero si hay ciertas cosas que se podrían considerar como “ampliamente aceptadas” y que ya no me extrañan tanto como antes.

Una de esas cosas es el rechazo a la palabra no cumplida, la mentira o chamullo o el engaño puro, duro y malintencionado. Estos serían tres grados de lo mismo que es una especie de falta de respeto con la verdad o tomarse a la ligera el asunto. Mientras para nosotros el chamullento o el pillo son tipos más o menos simpáticos para ellos son apenas un poquito menos que delincuentes.

Y yo entiendo esto muy bien porque es exactamente lo mismo que me tocó vivir cuando empecé a hacer negocios en Japón, Perú y Bolivia, que son países donde las prácticas normales de negocio parecen aceptar todavía más que nosotros el uso del engaño.

Pero hagamos primero la diferencia. El incumplimiento de la palabra es el primer escalón de la infamia, uno muchas veces no puede cumplir con su palabra, o hacerlo tiene un costo inaceptablemente alto, que no existía en el momento de tomar el compromiso. Yo mismo llevo trabajando un año en esa situación, donde no han podido cumplir con la palabra y con lo que me ofrecieron, por problemas fuera de control ¿que se puede hacer en esos casos? Solo lo que estoy haciendo ahora: mirar para el cielo y rascarme la cabeza. No hay nada que hacer.

El segundo nivel de infamia sería el chamullo: cuando alguien por darse importancia o quedar bien inventa una mentira, ofreciendo cosas que no puede cumplir. Eso es un poco peor porque ya no se trata de problemas externos y fuera de control sino de algo deliberado.

Por último tenemos el nivel más infame que es el cuento, la estafa, un engaño deliberado para sacar provecho personal perjudicando a otro. En muchas partes es una práctica de negocios aceptada- Yo recuerdo que cuando trabajábamos con Casio nos exigían enormes sacrificios por mantenernos como representantes exclusivos en Chile, pero llegaba cualquiera con suficiente plata y le vendían con una triangulación apenas encubierta “It´s business, we cannot control It” me decían cuando reclamábamos.

¿Se puede trabajar con mentirosos?. Los dos primeros niveles son inevitables, en mi propio caso se trata de gente de USA, honorable pero la situación está fuera de su control, hacen lo que pueden y solo me queda esperar. La pregunta del millón es si se puede trabajar con cuenteros y estafadores.

Claro que se puede, es algo que aprendí trabajando con los japoneses de la Casio primero, que fueron como la universidad, y después con peruanos y bolivianos que fueron algo así como el master y el doctorado.

Lo principal es no hacer cuestión moral del asunto, la moral es un asunto muy personal y si esperamos que todos los demás se guien por nuestras ideas morales es que somos muy estúpidos. Sin embargo esa es siempre nuestra primera reacción: escandalizarnos.

Si controlamos eso y entendemos que son “solo negocios”, entonces empezaremos a pensar de la manera correcta. Algo fundamental de comprender es que todo compromiso tiene su límite y nadie en el mundo va a mantener su palabra a cualquier costo. Siempre hay un umbral de validez de la palabra y ese cambia segun la cultura y según la persona, calcular correctamente adonde está el umbral de “sacrificio inaceptable” es una de las principales habilidades que hay que adquirir.

Otra es la desconfianza en las palabras, entre las palabras y los hechos hay un mundo de diferencia y los seres humanos son capaces de hacer maravillas con el lenguaje, no así con los hechos. La historia es mucho mejor predictor que lo que las personas dicen, a las lindas palabras se las lleva el viento.

Pero esto ya se está estirando demasiado así es que lo dejaré hasta aquí nomás, tampoco voy a latearlos con el libro de cocina completo, con dos recetas basta y sobra. En conclusión SI se puede trabajar con mentirosos y con mucho provecho además, solo hay que encontrar el ajuste. Y como dice el corrido, ya con esta me despido. Hasta mañana mis amigos.

>¿Se puede trabajar con mentirosos?

Archivado en: mentiras, negociacion, negocios — tombrad @ 11:19 pm

>Me sigue dando vueltas en la cabeza la discusión que tuvimos en el grupo de gringos, acerca de el uso del engaño como una práctica no aceptable de negocios.

Yo creo conocer un poco la manera de pensar que tiene la gente que viene de USA, con todas las precauciones del caso, porque en el mundo no se encuentran dos personas que piensen igual, pero si hay ciertas cosas que se podrían considerar como “ampliamente aceptadas” y que ya no me extrañan tanto como antes.

Una de esas cosas es el rechazo a la palabra no cumplida, la mentira o chamullo o el engaño puro, duro y malintencionado. Estos serían tres grados de lo mismo que es una especie de falta de respeto con la verdad o tomarse a la ligera el asunto. Mientras para nosotros el chamullento o el pillo son tipos más o menos simpáticos para ellos son apenas un poquito menos que delincuentes.

Y yo entiendo esto muy bien porque es exactamente lo mismo que me tocó vivir cuando empecé a hacer negocios en Japón, Perú y Bolivia, que son países donde las prácticas normales de negocio parecen aceptar todavía más que nosotros el uso del engaño.

Pero hagamos primero la diferencia. El incumplimiento de la palabra es el primer escalón de la infamia, uno muchas veces no puede cumplir con su palabra, o hacerlo tiene un costo inaceptablemente alto, que no existía en el momento de tomar el compromiso. Yo mismo llevo trabajando un año en esa situación, donde no han podido cumplir con la palabra y con lo que me ofrecieron, por problemas fuera de control ¿que se puede hacer en esos casos? Solo lo que estoy haciendo ahora: mirar para el cielo y rascarme la cabeza. No hay nada que hacer.

El segundo nivel de infamia sería el chamullo: cuando alguien por darse importancia o quedar bien inventa una mentira, ofreciendo cosas que no puede cumplir. Eso es un poco peor porque ya no se trata de problemas externos y fuera de control sino de algo deliberado.

Por último tenemos el nivel más infame que es el cuento, la estafa, un engaño deliberado para sacar provecho personal perjudicando a otro. En muchas partes es una práctica de negocios aceptada- Yo recuerdo que cuando trabajábamos con Casio nos exigían enormes sacrificios por mantenernos como representantes exclusivos en Chile, pero llegaba cualquiera con suficiente plata y le vendían con una triangulación apenas encubierta “It´s business, we cannot control It” me decían cuando reclamábamos.

¿Se puede trabajar con mentirosos?. Los dos primeros niveles son inevitables, en mi propio caso se trata de gente de USA, honorable pero la situación está fuera de su control, hacen lo que pueden y solo me queda esperar. La pregunta del millón es si se puede trabajar con cuenteros y estafadores.

Claro que se puede, es algo que aprendí trabajando con los japoneses de la Casio primero, que fueron como la universidad, y después con peruanos y bolivianos que fueron algo así como el master y el doctorado.

Lo principal es no hacer cuestión moral del asunto, la moral es un asunto muy personal y si esperamos que todos los demás se guien por nuestras ideas morales es que somos muy estúpidos. Sin embargo esa es siempre nuestra primera reacción: escandalizarnos.

Si controlamos eso y entendemos que son “solo negocios”, entonces empezaremos a pensar de la manera correcta. Algo fundamental de comprender es que todo compromiso tiene su límite y nadie en el mundo va a mantener su palabra a cualquier costo. Siempre hay un umbral de validez de la palabra y ese cambia segun la cultura y según la persona, calcular correctamente adonde está el umbral de “sacrificio inaceptable” es una de las principales habilidades que hay que adquirir.

Otra es la desconfianza en las palabras, entre las palabras y los hechos hay un mundo de diferencia y los seres humanos son capaces de hacer maravillas con el lenguaje, no así con los hechos. La historia es mucho mejor predictor que lo que las personas dicen, a las lindas palabras se las lleva el viento.

Pero esto ya se está estirando demasiado así es que lo dejaré hasta aquí nomás, tampoco voy a latearlos con el libro de cocina completo, con dos recetas basta y sobra. En conclusión SI se puede trabajar con mentirosos y con mucho provecho además, solo hay que encontrar el ajuste. Y como dice el corrido, ya con esta me despido. Hasta mañana mis amigos.

9 junio, 2007

You, cheater!

Archivado en: etica, mentiras, usa — tombrad @ 10:17 pm

En un foro donde participan casi puros norteamericanos, se me ocurrió colocar el comentario de que los japoneses eran más deshonestos que nosotros los chilenos. Para mi mala suerte había un americano descendiente de japonés que -enojado su orgullo patriotico- me pidió inmediatas explicaciones.

Bueno, tuve que reconocer que todas las generalizaciones son malas y que esa era una opinión basada en mi experiencia sobre ciertas prácticas de negocio de los años que trabajé con Casio, que siempre me parecieron y todavía me parecen muy deshonestas.

En fin, le di las correspondientes excusas y le expliqué que además hice muy buenos amigos entre los japoneses (lo que es estrictamente cierto), con lo que quedó todo el asunto aparentemente arreglado.

Pero había algo más, un tema que quedó rebotando en el aire y comenzó a crecer como bola de nieve, el punto era que tal vez yo entendía que las prácticas de negocio deshonestas, basadas en el engaño y el incumplimiento podrían ser aceptables bajo ciertas circunstancias, y que eso definitivamente no era aceptable en USA.

Sin darme cuenta les toqué una cuerda sensible, que tiene que ver con el gran rechazo social que tiene la mentira en Estados Unidos, a tal punto que hablar de deshonestidad es casi un tabú, algo así como reconocerse aficionado al incesto o la antropofagia.

Pero no hay que engañarse, ese amplio rechazo social que tiene la mentira en USA no significa necesariamente que sean muy honestos, yo conocí muchas muestras al contrario. Por ejemplo ví policías corruptos en Miami, cosa impensable acá en Chile, un proveedor que nos engaño en gran escala cuando yo pensaba hacerme millonario sin trabajar y muchos casos por el estilo.

Que mejor ejemplo de esta contradicción que, en un país tan amante de la honestidad donde la palabra cheater es un insulto grave, sin embargo reeligieron a Bill Clinton, pocos meses después que afirmara a todo el país que jamás había tenido relaciones sexuales con la Srta. Levinsky.
En fin, ejemplos hay muchos porque si hay algo que yo he aprendido después de conocer a gente de distintas culturas, es que debajo de una fina capa cultural y una serie de costumbres más o menos pintorescas, somos todos escencialmente lo mismo. Cuando uno llega a conocer realmente a un japones, americano o chino, se da cuenta que es en el fondo igualito a cualquier chileno, con las virtudes y defectos particulares de las personas, que son comunes a todo el mundo.

Se dice que si uno deja botada una billetera en Noruega siempre se la devuelven, bueno, no es muy difícil ser honesto con el estómago lleno y no tiene nada de raro que el Tailandia o Zimbawe se la pelen, es bastante lógico. A veces se atribuyen virtudes morales a lo que es solo cuestión de necesidad, rechazo socil o cálculo de costo/beneficio. Incluso hasta un muerto de hambre en Zimbawe podría devolverla, la natiraleza humana es muy diversa en esas cosas.

Por eso las generalizaciones, como la que yo mismo hice acerca de los japoneses, hay que tomarlas con un granito -perdón, mejor con un puñado- de sal. Yo siempre escucho esas tonteras acerca de que la gente es “inculta” porque no se cuida al botar la basura como los cultos europeos. Eso es bullshit, simplemente ellos están mejor organizados y mejor equipados, en Nueva York o en París yo ví lugares atestados de basura igual que en el Cerro la Cruz.

Sin embargo es bueno tener por lo menos la retórica y el rechazo social que tienen nuestros puritanos amigos de USA hacia la mentira, porque al no tener nosotros ese mismo freno social, las cosas tienden a desbocarse a veces, y eso que en Chile existe más respeto por la palabra y sanción social hacia el engaño que en otros países de América Latina.

En fin, me parece que es una diferencia cultural notable en la que vale la pena pensar un poco: probablemente son igual de mentirosos que nosotros, pero al menos tienen toda una retórica y un mayor castigo social hacia el engaño, lo que los hace mucho más accountables, es algo que podríamos ir adoptando desde ya porque sería una gran ventaja comparativa en un entorno donde a nadie le interesa mucho ni siquiera cubrir las apariencias.

Aunque tal vez la retórica la tenemos: cuando pillan a alguien en un renuncio saltan miles de chilenos igual de ladrones a golpearse el pecho y rasgar las vestiduras. El problema es que es demasiado falsa, por eso cada vez que aparece un tipo hablandome de cuan honrado es yo reviso a ver si no me ha robado el reloj o la billetera.

>You, cheater!

Archivado en: etica, mentiras, usa — tombrad @ 10:17 pm

>En un foro donde participan casi puros norteamericanos, se me ocurrió colocar el comentario de que los japoneses eran más deshonestos que nosotros los chilenos. Para mi mala suerte había un americano descendiente de japonés que -enojado su orgullo patriotico- me pidió inmediatas explicaciones.

Bueno, tuve que reconocer que todas las generalizaciones son malas y que esa era una opinión basada en mi experiencia sobre ciertas prácticas de negocio de los años que trabajé con Casio, que siempre me parecieron y todavía me parecen muy deshonestas.

En fin, le di las correspondientes excusas y le expliqué que además hice muy buenos amigos entre los japoneses (lo que es estrictamente cierto), con lo que quedó todo el asunto aparentemente arreglado.

Pero había algo más, un tema que quedó rebotando en el aire y comenzó a crecer como bola de nieve, el punto era que tal vez yo entendía que las prácticas de negocio deshonestas, basadas en el engaño y el incumplimiento podrían ser aceptables bajo ciertas circunstancias, y que eso definitivamente no era aceptable en USA.

Sin darme cuenta les toqué una cuerda sensible, que tiene que ver con el gran rechazo social que tiene la mentira en Estados Unidos, a tal punto que hablar de deshonestidad es casi un tabú, algo así como reconocerse aficionado al incesto o la antropofagia.

Pero no hay que engañarse, ese amplio rechazo social que tiene la mentira en USA no significa necesariamente que sean muy honestos, yo conocí muchas muestras al contrario. Por ejemplo ví policías corruptos en Miami, cosa impensable acá en Chile, un proveedor que nos engaño en gran escala cuando yo pensaba hacerme millonario sin trabajar y muchos casos por el estilo.

Que mejor ejemplo de esta contradicción que, en un país tan amante de la honestidad donde la palabra cheater es un insulto grave, sin embargo reeligieron a Bill Clinton, pocos meses después que afirmara a todo el país que jamás había tenido relaciones sexuales con la Srta. Levinsky.
En fin, ejemplos hay muchos porque si hay algo que yo he aprendido después de conocer a gente de distintas culturas, es que debajo de una fina capa cultural y una serie de costumbres más o menos pintorescas, somos todos escencialmente lo mismo. Cuando uno llega a conocer realmente a un japones, americano o chino, se da cuenta que es en el fondo igualito a cualquier chileno, con las virtudes y defectos particulares de las personas, que son comunes a todo el mundo.

Se dice que si uno deja botada una billetera en Noruega siempre se la devuelven, bueno, no es muy difícil ser honesto con el estómago lleno y no tiene nada de raro que el Tailandia o Zimbawe se la pelen, es bastante lógico. A veces se atribuyen virtudes morales a lo que es solo cuestión de necesidad, rechazo socil o cálculo de costo/beneficio. Incluso hasta un muerto de hambre en Zimbawe podría devolverla, la natiraleza humana es muy diversa en esas cosas.

Por eso las generalizaciones, como la que yo mismo hice acerca de los japoneses, hay que tomarlas con un granito -perdón, mejor con un puñado- de sal. Yo siempre escucho esas tonteras acerca de que la gente es “inculta” porque no se cuida al botar la basura como los cultos europeos. Eso es bullshit, simplemente ellos están mejor organizados y mejor equipados, en Nueva York o en París yo ví lugares atestados de basura igual que en el Cerro la Cruz.

Sin embargo es bueno tener por lo menos la retórica y el rechazo social que tienen nuestros puritanos amigos de USA hacia la mentira, porque al no tener nosotros ese mismo freno social, las cosas tienden a desbocarse a veces, y eso que en Chile existe más respeto por la palabra y sanción social hacia el engaño que en otros países de América Latina.

En fin, me parece que es una diferencia cultural notable en la que vale la pena pensar un poco: probablemente son igual de mentirosos que nosotros, pero al menos tienen toda una retórica y un mayor castigo social hacia el engaño, lo que los hace mucho más accountables, es algo que podríamos ir adoptando desde ya porque sería una gran ventaja comparativa en un entorno donde a nadie le interesa mucho ni siquiera cubrir las apariencias.

Aunque tal vez la retórica la tenemos: cuando pillan a alguien en un renuncio saltan miles de chilenos igual de ladrones a golpearse el pecho y rasgar las vestiduras. El problema es que es demasiado falsa, por eso cada vez que aparece un tipo hablandome de cuan honrado es yo reviso a ver si no me ha robado el reloj o la billetera.

Tema WordPress Classic. Blog de WordPress.com.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.