
En fin, la vida sigue a pesar de todo. El jueves de madrugada Brisa, la hija de Marcelo me contó que estaba deshauciado y tal vez le quedaban horas de vida, me arranqué rapidito porque esas situaciones prefiero pasarlas solo. Fuí al Tiger Market que está enfrente del local y me compré un café con un hotdog, que me tomé en la mesa de afuera, donde tantas noches nos habíamos sentado a conversar y proyectar el futuro.
Entonces me puse a pensar en lo que fue nuestra amistad mientras duró, Marcelo era un año mayor que yo aunque se veía algo más viejo. Sin embargo tenía el entusiasmo y el carácter de un niño, en el buen sentido de la palabra, yo le envidiaba la capacidad para entusiasmarse y llevar adelante lo que se proponía. Llevado de sus ideas y con un genio de los mil diablos, era igual de rápido para olvidarse de las ofensas.
Bueno, hoy abrimos el local y les dije unas palabras a las chicas y el personal: nada de caras largas; el show debe continuar y los llantos para la casa. Recuerdo que meses atrás Marcelo me había comentado sobre un funeral hindú al que había asistido hace poco y toda la gente iba relajada y bromeando, idea que le gustó mucho. Lo mismo ahora, es mejor ser alegre que ser triste. También le gustó mucho la idea de cremarse y -típico en el- empezó a averiguar el negocio para poner un crematorio en Arica. Estuvimos viendo terrenos en Lluta, averiguando estadísticas de muertes y cosas así.
Era un homo-economicus nato: gerente de importadoras en ZOFRI por varios años, agricultor, productor de limones, empresario de proyectos de riego, empresario del guano rojo, abrío el mercado de Argentina en Buenos Aires durante la época dorada de las importaciones, tuvo fábrica de helados, importador de telas, de ropa usada, de motores y repuestos. Su última aventura era el Rapa Nui, rubro al que llegó casi por casualidad. Así también intentamos muchos negocios: la bentonita, el cuarzo y el último que más entusiasmados nos tenía motivó mi aventura por el Amazonas Peruano. Solo digan un negocio y seguro que Marcelo lo había intentado. Sin embargo no le interesaba la plata, no recuerdo haberlo visto una sola vez obsesionado por la plata o las ganancias, hacía negocios por divertirse, por la apuesta y la aventura.
En fin, ese fue mi amigo como yo lo recuerdo, un ariqueño neto de la universidad de la ZOFRI, esa increible escuela por donde pasamos tantos nortinos. Chao tristezas, seguro que mi compadre volvió a nacer tal como esperaba en su pensamiento Krishna. Los amigos son la verdadera riqueza, la que más vale y nos dura para siempre. ¡Por los buenos momentos que pasamos, saluti amici!