10 de Diciembre de 1831
Señor don Antonio Garfias
Mi don Antonio:
Dígale Ud. a los cojudos que creen que conmigo sólo puede haber Gobierno, y orden, que yo estoy muy lejos de pensar así y que si un día me agarré los fundillos y tomé un plazo para dar tranquilidad al país, fue sólo para que los jodidos y las putas de Santiago me dejaran trabajar en paz. Huevones y putas son los que joden al gobierno y son ellos los ponen piedras al buen gobierno de éste. Nadie quiere vivir sin el apoyo del elefante blanco del Gobierno y cuando los huevones y las putas no son satisfechos en sus caprichos, los pipiolos son unos dignos caballeros al lado de estos cojudos. Las familias de rango de la capital, todas jodidas, beatas y malas, obran con su peso enorme para la buena marcha de la administración. Dígales que si en mala hora se me antoja volver al Gobierno, colgaré de un coco a los huevones y a las putas les sacaré la chucha ¡Hasta cuándo… estos mierdas! Y Ud., mi don Antonio, no vuelva a escribirme cartas de empeño, si no desea una frisca que no olvidará fácilmente.
No desea escribirle más su amigo.
D. Portales
Otra empieza así:
Santiago, Marzo 29 de 1830
Estimado Newman:
En una de mis cartas dije a Ud. que en la paralización absoluta de mis negocios, pagando intereses, haciendo gastos indispensables por todas partes, etc., sólo una estricta economía puede salvarme de la ruina que me amenaza. Hoy repito a Ud. esto mismo y con más razón, porque las ocurrencias políticas alejan cada día de la República la tranquilidad necesaria para contraerse al negocio.
Ya tenía mulas, cabalgaduras y todo pronto para salir esta semana a Valparaíso y de allí a Copiapó por tierra, después de haber dejado a Ud. las instrucciones necesarias para obrar en mi ausencia; sé que en presentándome en este punto, la negociación de Garín, que hasta ahora me hace temer tanto, se habría enderezado, y acaso hechose buena. Mas esta mañana ha llegado un propio que comunica la noticia de que Uriarte ha sublevado a la guarnición de aquella plaza y a los prisioneros de la Juana Pastora, y conociendo la apatía de nuestro Gobierno para tomar las medidas necesarias, creo que tomará cuerpo aquella sublevación, y he perdido la esperanza de ir a atender al negocio de Garín, en que tengo invertida la mayor parte de mi fortuna, y que repito la creo en peligro. (…)
Mandé una carta a D. Javier Urmeneta, y supuesto que no ha contestado, escríbale otra y otra hasta que conteste. Me agradaría mucho que vendiese, o enajenase Ud. el ajedrez, porque es juego que quita mucho tiempo.
Diga Ud. al S. Cavareda que hoy han salido conducidos por Loyola 50 fusiles, y un cañón con 1,000tiros a bala, los que se servirá hacer remitir a Quillota por su conducto a D. Pedro Mena, quien los entregará al gobernador de aquella ciudad.
Busque Ud. una oportunidad de mucha confianza para mandarme mi silla y avío de campo dentro de los baúles y que me traiga mi caballo con mucho cuidado, y esto que sea pronto.
No tiene más tiempo su afecto.
D. P .
Mientras por la tele pasaban el show de los ministros yo leía con un ojo el entretenido epistolario de don Diego Portales Palazuelos ¡ese si que era ministro! bueno para las fiestas y el trago, famoso mujeriego, comerciante arruinado varias veces y que sin embargo trabajaba gratis, tomando varios ministerios movido por su amor fanático por Chile. Seguramente nunca se va a escribir un libro con su historia porque saldría escandaloso y medio inmoral, pero cuando se trataba de los intereses del país Portales se convertía en monje.
Pero toda moneda tiene dos caras, miren esta otra carta de un opositor a Manuel Montt, escrita después del asesinato de Portales:
Valparaíso, Junio 12 de 1837
Sr. D. Manuel Montt
Muy apreciado amigo:
(…)
Chile sería veinte mil veces más feliz que si estuviera poblado de hombres eruditos, santos y cuanto Ud. quiera, pero serviles y degradados; y a esta objeción abominable marchábamos con pasos agigantados en vida del Ministro Portales. Él era, no se puede negar, un hombre extraordinario de gran talento, y la patria fue su ídolo, a quien con una heroicidad que honra al país, sacrificó su fortuna, su reposo y todo cuanto valía, con admirable constancia; pero, amigo, se iba ya corrompiendo poco a poco, a mi ver, sin advertirlo él mismo. Colocado a principios de la revolución del veintinueve en una posición violenta, se vio en la necesidad, por el bien de la República, de tomar medidas fuertes y se le había hecho la mano a dar esos golpes de autoridad por quítame allá esas pajas. Lo que más contribuía a que el mal se fuera haciendo incurable, era la multitud de adoradores que le rodeaban. No se encontraba un hombre, entre los de gabinete, (a excepción de Ud., hablo francamente) (…)
Mande Ud. a su amigo
J. A. Álvarez.
Esas cartas deberían ser leídas cien veces por los políticos de hoy, claro que no con la egolatría propia de Ricardo Lagos que se creía un segundo Portales, olvidando que el original no tomó nada para sí ni menos para su familia y sacrificó todo por el bien de su país. Las lecturas de un ególatra pueden resultar muy peligrosas, hay una edición de “El Principe” de Maquiavelo comentada por Napoleón, los comentarios no pueden ser más miserables.
En fin, me pareció un poco exagerado todo el espectáculo de presentación de los ministros, esa costumbre de convertirlos en mini-celebridades viene de los años de la concertación cuando todos se elevaban la cambucha haciéndose pasar por pequeños Einstein. Mejor déjenlos tranquilos nomás.
Dos nombramientos me gustaron mucho: Juan Andrés Fontaine en Economía, un anuncio que debe haber caído como patada en las partes privadas a muchos envanecidos economistas de la beca Pinochet, que lo vetaron durante tantos años. Un auténtico Chicago Boy que la tiene clarita, de esos se necesitan muchos más, lástima que no esté en Hacienda que era su lugar natural.
El otro fue José AntonioGalilea, técnico agrícola de Inacap, ministro de agricultura, que bien que hayan puesto a un técnico exitoso, es una excelente señal que el gobierno no está tomado por el credencialismo, un mal tan común y dañino en Chile.
Con el nombramiento de Ricardo Rainieri como ministro de energía me quedé sin pituto en la Universidad Católica, a través de el estábamos haciendo la movida para ir a tomar cursos del doctorado allá en el segundo semestre. Bah, mucho mejor me quedo en Arica ¿que diablos tengo que ir a hacer en Santiasco?
De los 22 ministros como 17 son de la Universidad Católica, es -creo yo- un buen cambio que rompe con la hegemonía de la Chile en el gobierno durante los últimos años, me parece que la PUC es más moderna, flexible y adaptable que la Universidad de Chile, estatal, fosilizada por los formalismos, en fin, veremos que pasa..
