Tomas Bradanovic

24 abril, 2011

>Los monopolios son malos ¿o no?

Archivado en: monopolios — tombrad @ 12:16 pm

>En la primera clase del módulo de economía, nuestro excelente profesor Luis Díaz partió leyendo la Biblia. Era la historia del maná que les caía del cielo a los judíos , dibujó las curvas de la oferta y la demanda en competencia, nos dijo que sacáramos una hoja, dibujáramos las curvas en situación de monopolio y explicáramos por que “era malo”, Las curvas eran más o menos como las que muestra la figura y el triangulo achurado demostraba la “maldad” o ineficiencia social del monopolio.

Pero algo no me cuadraba, recién habíamos terminado el módulo de estrategia donde aprendimos que en competencia se trata de eliminar a los competidores o desplazarlos para que -en el caso ideal- tomemos una posición de monopolio ¿en que quedamos entonces? ¿es bueno o malo el monopolio?.
Al profesor le hizo gracia la pregunta, me dijo algo así como “depende, el monopolio es malo cuando es de otros y bueno cuando es nuestro”, le insistí “¿entonces es socialmente malo?”, “claro”, me dijo “solo mira la curva”. Miré la curva pero no quedé muy convencido.
Porque de algún modo el argumento de la “maldad social” del monopolio me recordaba el argumento que se había usado en Chile durante tantos años para tener controles de precios. Tenía la intuición -solo por analogía- que había un tremendo error de concepto al usar una explicación de “eficiencia”. Pero como en todo lo que leía encontraba siempre la misma explicación, especialmente de economistas más respetables, me tuve que tragar el hueso nomás.
Pero siempre recordaba que en los sesentas se suponía también que existía un “precio eficiente” para cada mercancía que podía ser calculado y fijado por el estado, tal como hoy se habla que existe un precio eficiente en competencia perfecta. El punto es que no hay estado en el mundo que pueda conocer ese precio y al fijarlo el estado siempre termina distorsionando el sistema. Me preguntaba si no pasaría lo mismo con las leyes y fiscales anti monopolio.
Cuando en Chile se eliminaron los controles de precio, en los setentas, todo el mundo se aterrorizó pensando que los vendedores se pondrían de acuerdo para ajustar todos sus precios al alza y cobrar lo que se les ocurriera. Esto porque no entendían que sin regulación, lo más conveniente es ajustar los precios a la baja de manera progresiva como en realidad ocurrió, Sin ningún control los precios son más bajos.
Todo este tiempo pensé que debía haber algo malo en mi idea y no podía ser que todos los economistas de prestigio estuviesen equivocados. Tampoco podía entender como los monopolios pueden ser buenos y malos a la vez. Fíjense que se define al monopolio como “abuso de posición dominante”, o sea no se considera malo tener una posición dominante sino “abusar” de ella. ¿Y en que consistiría este abuso? en impedir que los demás competidores lo saquen ¿pero no es es ese el propósito de la competencia?.
Creo que el asunto se me aclaró bastante gracias a tres artículos muy buenos. El primero fue sobre los mercados eficientes de Eugene Fama, sobre la que escribí hace un tiempo. El otro fue un paper de Sanford, Grossman y Joseph Stiglitz llamado “Sobre la imposibilidad de los mercados informacionalmente eficientes”, que hasta cierto punto contradecía a Fama.
En esos artículos se presentaba el problema de como se fijan los precios en los mercados y se decía que se trata principalmente de tomar decisiones en incertidumbre: mientras más dispersa esté la información más “eficiente” sería el precio (es decir más conveniente en términos sociales), sin embargo era imposible evitar “grumos” de información privilegiada, concertación de precios o formación de monopolios temporales, que eran los que le dan movimiento al sistema.
El tercer artículo que me aclaró todo el panorama lo escribió Ignacio de Leon y se llama ¿Políticas antimonopolio o políticas anticompetencia? Creo que es una pieza extraordinaria porque coloca en duda muchas ideas que parecen fundamentales en la economía moderna, como la competencia perfecta, el monopolio perfecto y la economía de equilibrio.
Plantea el artículo que la presunción de que existe un estado omnisciente capaz de conocer el momento de intervenir, castigando a los monopolios, para obtener un optimo social es una muy mala idea, porque nadie tiene la información suficiente para conocer ese optimo, así es que la intervención es arbitraria y deteriora la competencia.
O sea, si queremos competencia real, debemos permitir que existan los monopolios, concentración, economías de escala y la concertación de precios. Todas esas cosas que son tachadas de “inmorales” y “abusivas” por parte de los que se sienten perjudicados por el abuso de posición dominante. La posición dominante es para usarla y abusarla.
Sin controles ni leyes antimonopolio pasará exactamente lo mismo que sin controles de precios: aumentará la competencia en lugar de disminuir porque no existe mejor negocio que descolgarse y ajustar los precios a la baja en una situación de precios concertados. La eficiencia de los mercados y la competencia perfecta es como la castidad de las jóvenes, una situación ideal que en la vida real solo se cumple a medias y a la fuerza.
Entonces ¿son socialmente malos los monopolios? Claro que no, y que me perdone mi profesor pero está equivocado. Los monopolios, la concertación y la información privilegiada son lo mejor, son los combustibles que hacen mover la máquina y la real motivación de la competencia.
De lo que habría que preocuparse es de otra cosa: que no existan barreras de entrada ni de salida que son las razones por las que los monopolios se eternizan, siempre deben existir monopolios pero un monopolio que permanece demasiado tiempo no se explica por el abuso de posición dominante, sino por leyes y la intervención del estado que los protege con barreras de entrada. Que mejor ejemplo que los bancos o las universidades en Chile.

14 julio, 2010

El Sabio

Archivado en: incentivos, monopolios, tao — tombrad @ 10:58 am


Brilla el sol, se abrieron las nubes y por lo menos tendré un rato de buen humor antes que se vuelva a nublar y me vengan los monos. Mientras hay sol todo el mundo me cae bien, cuando el cielo se pone gris ratón empiezo a hablar de los tontos, giles, tarados, burros, solo miren mis antradas de los dos días anteriores, son un buen informe meteorológico de Arica.

Estoy leyendo un libro con artículos del economista ruso Evsei Liberman, escritos en los años 60, sobre la conveniencia de introducir incentivos en la planificación económica, se llama Plan y Beneficio en la Economía Soviética y sugiere, entre muchos rodeos, que los resultados podrían ser mejores si las empresas se beneficiaran con primas cuando mejoran su desempeño. Hoy parece una discusión ridícula pero es interesante que no hace tantos años en algunos países se discutía tímidamente algo que hoy parece tan evidente.
Los incentivos son nuestro combustible, siempre estamos buscando lo que más nos conviene y todos nos movemos en base a cuestiones bien primitivas: miedo, resentimiento y ambición determinan casi todo lo que hacemos o no hacemos. También está la comodidad, el mínimo esfuerzo parece ser una de las leyes fundamentales de la naturaleza porque se ve en todas partes, hasta la manzana que supuestamente golpeó a Newton en la cabeza seguía ese principio según la física moderna. Entregar los incentivos y las señales correctas es una buena manera de influir en el comportamiento de los demás.
Dos interesantes notas de José Piñera en Twitter, la primera se refiere a una columna del blog CB sobre la concentración económica en Chile, la segunda es una breve nota que dice textualmente:

El Estado debe escuchar a todos pero no debe negociar políticas públicas con los grupos de interés. Desde 1990 hay creciente corporativismo.

Ambas cosas están relacionadas y señalan un importante talón de Aquiles en nuestro sistema y es que desde la llegada de la democracia, en 1990, los políticos entendieron que no podían desmantelar la arquitectura básica de lujo, pero si podían sacarle provecho a la manera China, mezclando el dejar hacer con corrupción para obtener grandes conglomerados y beneficios particulares.
El monopolio es el objetivo de toda empresa comercial y es muy bueno que así sea, porque ese es el incentivo para ofrecer los mejores productos y alcanzar una posición dominante, de no existir la posibilidad de monopolio Bill Gates no hubiese desarrollado las ideas de compatibilidad hacia atrás del MS DOS o el Windows y todavía seguiríamos amarrados a cientos de aplicaciones distintas, propietarias, incapaces de comunicarse entre si. La posibilidad de monopolio fue el incentivo que disparó la computación personal.
Por otra parte el monopolio siempre debe ser precario y estar sujeto a la entrada de nuevos retadores, eso es lo que no ha pasado en Chile desde 1990, los monopolios han cerrado la puerta y levantado formidables barreras de entrada ayudados por el estado. Por eso tenemos prácticamente una sola línea aérea, unas pocas cadenas de retail y supermercados de tamaño gigante. En los bancos es donde esta distorsión se nota más clara, muchos años atrás yo tuve cuenta en el Banco Ohiggins, que en los 90 era un banco de nicho dirigido principalmente a empresas. Luego llegó el Banco Santander al país y empezó a engullirse a los demás bancos privados, al principio todo bien, pero hoy su calidad de servicio es peor que la del Banco del Estado ¿que mejor muestra que un monopolio permanente es malo?
Es el factor coimas, presiones, que levanta y mantiene barreras de entrada anti competencia. Cuando proponen vender remedios en cualquier local comercial, saltan los químicos farmaceuticos y la asociación de farmacias, con un repentino interés en la salud pública ¡se terminará el mundo el día que la gente pueda comprar remedios donde no haya un químico farmacéutico!.
Pero ya dije que hoy no iba a despotricar, todavía hay sol y veo parte de la playa Chinchorro desde mi ventana. Abajo, en el garage está Tom Wilke trabajando en una cabaña desarmable que va a instalar en el Valle de Lluta, trabajó algunos años fabricando catamaranes así es que le está quedando muy bien. Tom tiene su Ph.D. en psicología, ha escrito libros y papers sin embargo vive feliz sin hacer nada ¿su vida tiene sentido? Claro que tiene sentido, ese si que es El Sabio.

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