Tomas Bradanovic

30 diciembre, 2010

>Se necesita un culpable

Archivado en: evo morales, morales — tombrad @ 1:04 am

>Evo está aprendiendo economía de la manera difícil. Llevaba años con un precio interno del petróleo subsidiado alrededor de 20 dólares el barril, ayer vi a García Linera explicando que esa situación ya no podía sostenerse y anunció un alza sobre el 80%. Se estaban perdiendo cientos de millones de dólares al año -lo que es mucha plata en escala de Bolivia- por el contrabando que salía para Perú y Argentina. No había que ser un Einstein para pronosticar que esto sucedería.

Es el primer subsidio que se derrumba, seguro que vienen los otros, es cuestión de sumar 2+2: cuando anduve por Juliaca podía ver el amontonamiento de balones de gas licuado que llegan como una hemorragia de contrabando hacia el Perú, la medida de colocar los precios reales será extremadamente dolorosa para el gobierno porque romperá la ilusión de que si un presidente quiere a su pueblo, puede cuidarlo aplicando una economía contraria a la neo liberal.
Por supuesto que no puede, porque la economía socialista no existe, ni siquiera autarquías como Corea del Norte o Cuba se pueden mantener fuera del neo liberalismo. Llegado el momento la presión de los precios explota y obliga a los amigos del pueblo a hacer el ajuste. Y eso no es solo en Bolivia, también en Grecia, España, Portugal y ocurrirá en su momento en el propio USA. El equilibrio de las curvas de oferta y demanda en el precio de mercado solo se puede retardar, y mientras más se contenga por medio de subsidios más violento será el ajuste.
Ahora el compañero Evo probablemente tendrá que usar a García Linera como fusible: es blanco, la gente no lo quiere, es el culpable perfecto. Pero las presiones de precios tienen efecto dominó, sobre todo tratándose del precio de los combustibles que subirá los precios de transporte de personas, alimentos y mercancías. Sería bueno que Evo se busque a varios García Linera, porque con un solo culpable no le va a alcanzar.
Uno de los errores comunes de los gobiernos es ignorar que la fijación de precios no puede mantenerse en el largo plazo. Mientras más tiempo pasa, más violento es el ajuste. Recuerdo que en los años sesenta el gobierno chileno fijaba todos los precios de “artículos de primera necesidad” año a año en un enorme listado que incluía desde el kilo de pan y los fósforos hasta la cerveza. Muy conveniente para los productores y comerciantes, porque negociando los precios con el gobierno les evitaba la desagradable necesidad de competir. Claro que los consumidores salían perjudicados pero era muy conveniente para productores y comerciantes, por eso se escandalizaron tanto cuando se decretó la libertad de precios.
Claro que hay un ejemplo histórico de fijación de precios exitosa, ese fue en la Alemania de Hitler antes de la segunda guerra mundial. Galbraith en su libro “El Dinero” lo pone como ejemplo y muestra con buenos argumentos que buena parte de la recuperación alemana de esos años fue posible por el control de precios y salarios. Lo que no dice es que el costo de mantener esos controles fueron los campos de concentración y cárcel para cualquier “actividad contraria a los intereses del estado”. Habría que ver cuanto hubiesen podido sostenerse, Cuba intentó algo parecido durante décadas.
Y hablando de economía se acerca el año nuevo mientras yo estoy en economía de guerra. Como de costumbre no he preparado nada todavía, ni siquiera he arreglado el auto. Hoy en la tarde empiezo, arreglaré el auto y me voy a comprar las cosas, mi idea es la siguiente: mínimo trabajo, o sea un asado en familia, compraré medallones de lomo vetado y los aso a la leña, las tradicionales papas a la huancaína, algunos quesos para picar y postre helado San Francisco. Tengo mi Romeo y Julieta esperando para prenderlo y una tira de petardos. Listo.
Como últimamente me está doliendo el estómago no tomaré destilados sino pura cerveza, compraré harta cerveza negra y rubia, vino blanco para hacer clery con durazno y tinto para hacer borgoña en frutilla o chirimoya. Ah, también pienso cambiar la maldita champaña con helado de piña por un trago que recuerdo desde niño: la cazuela de champaña, hay varias versiones pero la que yo recuerdo es un puré con duraznos al jugo o de frutillas con azucar al que se le agrega la champaña, en los años sesenta ese era el non-plus-ultra de los tragos sofisticados en Chile.
Y así se nos va este año en que lo pasé más mal que bien. Pero tampoco muy mal solo mil pequeñas molestias. Veamos que nos viene para el 2011, como no tengo rutina ni trabajo fijo cada año nuevo es una aventura, tal vez me muera de hambre o quizá esta vez le pego el palo al gato, quien lo sabe, pero si al final nada es importante, pienso como Alan Watts que todo es un maldito juego mientras esperamos la muerte, nada más.

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