Tomas Bradanovic

3 octubre, 2007

Una cosa a la vez

Archivado en: mucho trabajo — tombrad @ 10:13 am

Entre el frío y mis obligaciones noctámbulas, se me hace difícil escribir de noche. Voy a cambiar de horario a las mañanas, aunque a esta hora ando más fome, que le vamos a hacer.

Ya terminé con el asunto del Ubuntu y lo tengo instalado en una máquina virtual sin demasiados problemas, para ser Linux, en mi otro blog Unix Blues coloqué mis desventuras y como arreglarlas en detalle por si alguien tiene la mala idea de intentar lo mismo. También estoy terminando la primera plantilla para el negocio con el abogado que les conté antes, me dió un poco de guerra pero creo que ya está dominada y casi lista para mandarla.

Tiene razón mi amigo; me dice que la ingeniería no sirve porque se trabaja mucho y cuando uno se equivoca carga las penas del infierno. La filosofía en cambio es mucho mejor porque todos pueden tener razón, ¡depende del punto de vista! lo malo es que no pagan por ser filósofo a menos que uno se meta en la política, y eso está fuera de la discusión. Uno de los más grandes filósofos de la historia, Rene Descartes pensó que lo mejor para la filosofía era hacerse soldado y se enroló peleando efectivamente en varias guerras de su tiempo. Entre batalla y batalla se le ocurrieron cosas tan importantes como el sistema de coordenadas o el Discurso del Método. A el se le ocurrio entre batalla y batalla, bien se me podría ocurrir algo a mi entre botella y botella ya que, como comentó anónimamente un amigo, el alcohol hace pensar más claramente.

Ya estoy divagando, son las 10:32 AM y todavía tengo sueño, eso debe ser, a estas horas la mente anda todavía embotada entre el últimos sueño y la dura realidad de mi escritorio que me dice “produce algo Tomás, produce”. Nada, me echo para atrás y pongo los pies arriba del escritorio, hago un recuento de todo lo que tengo pendiente por hacer, me asusto y trato de pensar en otra cosa, miro por la ventana y el sol se ha asomado tímidamente desde temprano hoy, un buen aviso.

¿Qué pasaría si mando todo al diablo? me imagino el desbarajuste que queda cuando una persona ocupada se muere: compromisos sin cumplir, trabajos a medias, tal vez podría inventar una muerte virtual y no hacer nada por un tiempo, hasta que vuelva a aburrirme y ahí empiezo de nuevo, sería lindo si me atreviera. Pero palabra es palabra así es que tengo que cumplir con cada una de las cosas: una cosa a la vez como dice mi amigo Chuck, que por cierto, hace tiempo que no lo veo.

Es peligroso cuando uno se acostumbra a no cumplir con lo que ofrece, es como cuando se empieza a robar y los pequeños robos te salen bien, entonces te acostumbras y vas intentando otros más grandes. Ofreces algo y después no lo haces, dices “lo siento” se enojan y después no pasa nada ¿qué cosa tan mala podría pasar? nada, aparte del mal rato del momento. Pero es como una droga, empiezas a prometer cosas que sabes que no vas a cumplir, lo que produce un placer similar al del cleptómano que sabe que está mintiendo, pero lo hace por la adrenalina.

No tomasito, no caigas en tentación, tengo una lista larga pero la voy a ir matando, una cosa a la vez, hasta que las haga todas, y entonces podré dedicarme a hacer lo que tanto me gusta: perder el tiempo. En fin, ya hice una de las cosas pendientes que era escribir esta entrada, ahora me pongo a ver la plantilla, una cosa a la vez, hasta luego, me voy a cumplir con mis obligaciones innobles. Nos vemos.

>Una cosa a la vez

Archivado en: mucho trabajo — tombrad @ 10:13 am

>Entre el frío y mis obligaciones noctámbulas, se me hace difícil escribir de noche. Voy a cambiar de horario a las mañanas, aunque a esta hora ando más fome, que le vamos a hacer.

Ya terminé con el asunto del Ubuntu y lo tengo instalado en una máquina virtual sin demasiados problemas, para ser Linux, en mi otro blog Unix Blues coloqué mis desventuras y como arreglarlas en detalle por si alguien tiene la mala idea de intentar lo mismo. También estoy terminando la primera plantilla para el negocio con el abogado que les conté antes, me dió un poco de guerra pero creo que ya está dominada y casi lista para mandarla.

Tiene razón mi amigo; me dice que la ingeniería no sirve porque se trabaja mucho y cuando uno se equivoca carga las penas del infierno. La filosofía en cambio es mucho mejor porque todos pueden tener razón, ¡depende del punto de vista! lo malo es que no pagan por ser filósofo a menos que uno se meta en la política, y eso está fuera de la discusión. Uno de los más grandes filósofos de la historia, Rene Descartes pensó que lo mejor para la filosofía era hacerse soldado y se enroló peleando efectivamente en varias guerras de su tiempo. Entre batalla y batalla se le ocurrieron cosas tan importantes como el sistema de coordenadas o el Discurso del Método. A el se le ocurrio entre batalla y batalla, bien se me podría ocurrir algo a mi entre botella y botella ya que, como comentó anónimamente un amigo, el alcohol hace pensar más claramente.

Ya estoy divagando, son las 10:32 AM y todavía tengo sueño, eso debe ser, a estas horas la mente anda todavía embotada entre el últimos sueño y la dura realidad de mi escritorio que me dice “produce algo Tomás, produce”. Nada, me echo para atrás y pongo los pies arriba del escritorio, hago un recuento de todo lo que tengo pendiente por hacer, me asusto y trato de pensar en otra cosa, miro por la ventana y el sol se ha asomado tímidamente desde temprano hoy, un buen aviso.

¿Qué pasaría si mando todo al diablo? me imagino el desbarajuste que queda cuando una persona ocupada se muere: compromisos sin cumplir, trabajos a medias, tal vez podría inventar una muerte virtual y no hacer nada por un tiempo, hasta que vuelva a aburrirme y ahí empiezo de nuevo, sería lindo si me atreviera. Pero palabra es palabra así es que tengo que cumplir con cada una de las cosas: una cosa a la vez como dice mi amigo Chuck, que por cierto, hace tiempo que no lo veo.

Es peligroso cuando uno se acostumbra a no cumplir con lo que ofrece, es como cuando se empieza a robar y los pequeños robos te salen bien, entonces te acostumbras y vas intentando otros más grandes. Ofreces algo y después no lo haces, dices “lo siento” se enojan y después no pasa nada ¿qué cosa tan mala podría pasar? nada, aparte del mal rato del momento. Pero es como una droga, empiezas a prometer cosas que sabes que no vas a cumplir, lo que produce un placer similar al del cleptómano que sabe que está mintiendo, pero lo hace por la adrenalina.

No tomasito, no caigas en tentación, tengo una lista larga pero la voy a ir matando, una cosa a la vez, hasta que las haga todas, y entonces podré dedicarme a hacer lo que tanto me gusta: perder el tiempo. En fin, ya hice una de las cosas pendientes que era escribir esta entrada, ahora me pongo a ver la plantilla, una cosa a la vez, hasta luego, me voy a cumplir con mis obligaciones innobles. Nos vemos.

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