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La señora muerte pasó ayer por la casa. Como a las 8 de la noche la Pilar me dice agitada que lleve un espejo porque al parecer mi tía favorita había muerto. Me pareció un poco arcaico el sistema pero llevé el espejo igual, lo puse frente a su boca y ya no respiraba. No muy convencido puse el oído en varias partes de su cuerpo y traté de sentir el pulso en la carótida, aunque me dio una sensación que se movía un poquito pero nada. Al fin había llegado para donde vamos todos.
24 marzo, 2011
>Mi tía favorita
30 abril, 2009
Uno menos
- Con profundo pesar comunicamos el sensible fallecimiento de quien en vida fuera nuestro perro El Beppy, cuyos restos están siendo velados en el patio de la casa ahora mismo. No habrá misa ni funerales. Beppy 2001-2009+
19 agosto, 2008
Uno menos

Leo hoy en el diario la muerte del abogado ariqueño Edmundo Vera, un accidente en su parcela en Azapa, donde cayó a un tranque de agua. Nos quedamos con un abogado menos en la ciudad. Yo le tenía inmensa simpatía a este profesional de la vieja escuela que adoraba la poesía y el teatro. Edmundo “Cine Amor” que en su juventud rompía corazones como actor de fotonovelas murió a los 79 años en medio de la indiferencia de la ciudad.
Fue uno de esos personajes maravillosos no reconocidos por nadie, tal vez porque andaba todo el día a medio filo, le gustaba el vestir extravagante y llenaba sus escritos legales con citas al Quijote de la Mancha, Edmundo si que se convirtió en sus últimos años en el caballero de la triste figura, un antiguo monumento en ruinas que nunca cayó en la tentación de mantenerse respetable.
Cada vez que nos encontrábamos teníamos largas y sabrosas conversaciones, la última fue cuando yo estaba en el Rapa Nui y el iba camino a su oficina, ya sin clientes pero que el mantenía con la esperanza que le llegara algo para parar la olla, a los 79 años seguía tratando de ganarse la vida como mejor podía, manteniendo el buen humor -lo último que le quedaba- a punta de alcohol. El fué quien me comentó una vez que los reyes de Francia, en su gran sabiduría adquirida en siglos de gobernar al mundo, desayunaban con una gran copa de champaña, para poder soportar la vida en este mondo miserabile, decía que nunca hay que andar completamente sobrio porque se nos puede envenenar el alma y eso si que lo cumplía al pié de la letra.
¡Qué tipo más simpático! de una cultura enorme se paseaba por la poesía y los filósofos como por su casa, a mi me recordaba a José Santos Gonzalez Vera o algunos de los poetas malditos que tuvo Chile en los años 20 los que seguramente debieron ser sus modelos. Recuerdo que una tarde llegó a la playa, cuando yo vivía en la casa rodante, borracho como cuba con un cassete de Las Alturas de Macchu Picchu a todo volúmen, abrió las puertas del auto y se puso a recitar junto a la voz gangosa de Pablo Neruda verso tras verso frente a la puesta de sol ¿como no me iba a caer bien un tipo así? Claro que la gente normal, los respetables lo despreciaban y lo hacían materia de burla. Pobres diablos.
Edmundo era de extrema izquierda y fue perseguido durante los militares, no obstante era muy amigo de mi primo Tomás Bonilla y su hermano Oscar que llegó a ser el primer Ministro del Interior en el Gobierno Militar, me hablaba muy bien de ellos y de sus familias a quienes conoció cuando ejerció en Iquique. Un buen hombre, un loco lindo, poeta maldito e ilustre borracho. Sobre todo un hombre muy solo, lo divisaba a veces de lejos, caminando apenas con su terno y estrafalario pañuelo al cuello en lugar de corbata, triste y solo, entonces yo pensaba en el precio que hay que pagar por ser original y no caer en el juego de la respetabilidad. Saluti Edmundo, que las viñas celestiales estén dando buen mosto, o por lo menos que te entierren cerca de una parra, gran hombre y poeta.
3 noviembre, 2007
Que mañana moriremos
Y pasó el día de todos los santos, hallowen o -lo que realmente se celebra en Chile- el día de los muertos. El 1 de noviembre los cementerios se llenan y los vendedores de flores hacen el negocio del año, mi amigo Victor Mancilla es el administrador de los cementerios en Arica y lo ví el otro día por la tele pidiendo que no usaran tanta agua porque podría crearse un foco de mosquitos -ni se me había ocurrido- la verdad es que Arica fue zona de malaria durante siglos.
Yo antes me tomaba la muerte muy en serio, me daba terror pensar que se iba a morir mi mamá, hasta que se murió y no pasó nada, todos vamos para allá mismo, no somos nada, tanta plata que tuvo y al final se fue pato al hoyo, etc. etc. la muerte es fuente inagotable de lugares comunes que repetimos filosóficamente en los velorios.
Es curioso que la muerte nos cause tanto terror, yo estuve conversando con el Pepe una semana antes que se muriera y justamente discutíamos porque el decía que ya se había salvado de la pelada, mientras que yo -medio en broma, medio en serio- le decía que no estuviera tan seguro, por culpa de esa discusión de borrachos, nosotros que nos llevávamos tan bien como amigos terminamos peleados. El Pepe había estado en la UCI un año antes y vio morirse varias personas al lado, pero en vez de acostumbrarse le tomó miedo. Que tanto, si debe ser como apagar la luz nomás: uno se muere y se terminan los problemas.
Hasta hace pocos años yo nunca había visto a un muerto, tenía mucha curiosidad pero me dan miedo los cajones. La cosa es que tenía un amigo que era médico en la posta de urgencia y una vez que le hice unos favores relacionados con la computación me dijo “tomasito cualquier cosa que se le ofrezca, un tratamiento o lo que sea, hable conmigo nomás” yo me quedé pensando y le dije “sabe doc? yo nunca he visto un fiambre, ¿puede mostrame alguno?”, el doctor me dijo enseguida “¡pero claro pues, venga mañana a la posta y le muestro unos cuantos, eso es lo que más tenemos!”.
Al otro día llegue a la posta pero al doctor se le había olvidado el asunto, así es que después de mucho conversar le digo “bueno doc.. ¿y?” , “¿y que?” me contesta, “¡el fiambre pues, acuérdese que me iba a mostrar uno!”. Pero no era mi día de suerte, fuimos al depósito y no había muerto nadie, el doctor muy enojado me dijo “¡por la flauta que mala suerte, pero mire, vamos a la UCI que está llena de viejos moribundos, usted me escoge uno y lo matamos altiro!”. Ese si que sabía hacer buenos chistes, después me acordaba y me reía solo.
A mi amigo el Corcho lo vi pocas horas antes de morirse, cuando me dijo su frase célebre “tomás tu erei buen amigo, así es que cuando me muera no te voy a venir a penar” -genio y figura hasta la sepultura- hasta ahora ha cumplido escrupulosamente con su palabra, nunca se me ha aparecido. Tantos amigos muertos, el negro Morales fue el primero, que tuvo una historia muy triste que prefiero ni acordarme. Mi papá está enterrado en algún lugar del cementerio de Azapa, mi mamá exigió que la quemaran y siempre hacemos bromas con el asunto de las cenizas.
Unos años atrás vi morir al papá del chico Medalla, estaba justo al lado en el momento en que murió y fué mucho menos impresionante de lo que me había imaginado, simplemente se apagó la máquina: un momento antes era don Alfredo, el amigo de todos, un momento después ya no era. Eso fue todo, como dijo el gran Manrique: después de la paletada nadie dijo nada.
Acá en los cementerios hacen grandes fiestas para el día de los muertos, con asado, cervezas, trago y todo eso. Yo no le veo mucho asunto a eso de andar acordándose de los que se murieron y arreglando las tumbas, pero en fin, cada uno con su gusto, por mientras comamos y bebamos, que mañana moriremos yo solo espero poder donar mi hígado a la ciencia, nada más.
>Que mañana moriremos
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Y pasó el día de todos los santos, hallowen o -lo que realmente se celebra en Chile- el día de los muertos. El 1 de noviembre los cementerios se llenan y los vendedores de flores hacen el negocio del año, mi amigo Victor Mancilla es el administrador de los cementerios en Arica y lo ví el otro día por la tele pidiendo que no usaran tanta agua porque podría crearse un foco de mosquitos -ni se me había ocurrido- la verdad es que Arica fue zona de malaria durante siglos.
Yo antes me tomaba la muerte muy en serio, me daba terror pensar que se iba a morir mi mamá, hasta que se murió y no pasó nada, todos vamos para allá mismo, no somos nada, tanta plata que tuvo y al final se fue pato al hoyo, etc. etc. la muerte es fuente inagotable de lugares comunes que repetimos filosóficamente en los velorios.
Es curioso que la muerte nos cause tanto terror, yo estuve conversando con el Pepe una semana antes que se muriera y justamente discutíamos porque el decía que ya se había salvado de la pelada, mientras que yo -medio en broma, medio en serio- le decía que no estuviera tan seguro, por culpa de esa discusión de borrachos, nosotros que nos llevávamos tan bien como amigos terminamos peleados. El Pepe había estado en la UCI un año antes y vio morirse varias personas al lado, pero en vez de acostumbrarse le tomó miedo. Que tanto, si debe ser como apagar la luz nomás: uno se muere y se terminan los problemas.
Hasta hace pocos años yo nunca había visto a un muerto, tenía mucha curiosidad pero me dan miedo los cajones. La cosa es que tenía un amigo que era médico en la posta de urgencia y una vez que le hice unos favores relacionados con la computación me dijo “tomasito cualquier cosa que se le ofrezca, un tratamiento o lo que sea, hable conmigo nomás” yo me quedé pensando y le dije “sabe doc? yo nunca he visto un fiambre, ¿puede mostrame alguno?”, el doctor me dijo enseguida “¡pero claro pues, venga mañana a la posta y le muestro unos cuantos, eso es lo que más tenemos!”.
Al otro día llegue a la posta pero al doctor se le había olvidado el asunto, así es que después de mucho conversar le digo “bueno doc.. ¿y?” , “¿y que?” me contesta, “¡el fiambre pues, acuérdese que me iba a mostrar uno!”. Pero no era mi día de suerte, fuimos al depósito y no había muerto nadie, el doctor muy enojado me dijo “¡por la flauta que mala suerte, pero mire, vamos a la UCI que está llena de viejos moribundos, usted me escoge uno y lo matamos altiro!”. Ese si que sabía hacer buenos chistes, después me acordaba y me reía solo.
A mi amigo el Corcho lo vi pocas horas antes de morirse, cuando me dijo su frase célebre “tomás tu erei buen amigo, así es que cuando me muera no te voy a venir a penar” -genio y figura hasta la sepultura- hasta ahora ha cumplido escrupulosamente con su palabra, nunca se me ha aparecido. Tantos amigos muertos, el negro Morales fue el primero, que tuvo una historia muy triste que prefiero ni acordarme. Mi papá está enterrado en algún lugar del cementerio de Azapa, mi mamá exigió que la quemaran y siempre hacemos bromas con el asunto de las cenizas.
Unos años atrás vi morir al papá del chico Medalla, estaba justo al lado en el momento en que murió y fué mucho menos impresionante de lo que me había imaginado, simplemente se apagó la máquina: un momento antes era don Alfredo, el amigo de todos, un momento después ya no era. Eso fue todo, como dijo el gran Manrique: después de la paletada nadie dijo nada.
Acá en los cementerios hacen grandes fiestas para el día de los muertos, con asado, cervezas, trago y todo eso. Yo no le veo mucho asunto a eso de andar acordándose de los que se murieron y arreglando las tumbas, pero en fin, cada uno con su gusto, por mientras comamos y bebamos, que mañana moriremos yo solo espero poder donar mi hígado a la ciencia, nada más.
