Se demora en llegar la primavera, pero de a poco llegará. Ya tenemos algunos aprontes dieciocheros y todos andan preparando lo que harán ese larguísimo fin de semana, Viera dijo que el 19 haría un parcelazo y comprometió un chancho, esta vez yo voy becado porque todavía ando pato, pero ya no por mucho tiempo más, me estoy haciendo unas lucas de manera fácil y entretenida, tal como me gusta, y el próximo mes ya estaré fumando puros de nuevo.
Lo primero que voy a hacer en cuanto tenga morlacos, será renovar mi licencia de conducir, que está vencida desde el mes de enero, los carabineros me han pillado un par de veces pero han aplicado el criterio y han actuado compasivamente con este pobre indigente, así es que eso está alto entre mis prioridades pendientes, que son muchas.
De a poquito las cosas se van componiendo, tal como pasa siempre y estoy entrando en un nuevo ciclo con algo completamente distinto a lo que hice antes, mis ciclos son de 6-7 años y siempre se cumplen, entre uno y otro siempre tengo al menos un año de miseria, está escrito en mi libro del karma parece: seis años buenos y uno malo, no es mala la proporción. Me llamó la atención el comentario de Karen Von sobre Bárbara Mundt, yo soy un gran admirador de su papá Tito Mundt, que creo que se mató haciendo una broma desde la azotea de un edificio, no tenía idea que se había caído al frasco. Ya pues Karen, cuéntala completa para saber la historia.
A propósito de borrachos recuerdo que tomé mi primer trago en Arica a los 14 años, con bastante susto y lo encontré pésimo. El año siguiente me mandaron para Chiloé con el propósito de enmendarme y como parte del proceso de ambientación me convertí técnicamente en un alcoholico: durante cuatro años seguidos no hubo un solo fin de semana que no me emborrachara hasta quedar borrado, para peor, entre semana también le poníamos. Me salvé por un pelo gracias a la genética que me ha mantenido lejos de las adicciones. La mayor borrachera de mi vida fue cuando egresé de la enseñanza media, una fiesta en el Cuerpo de Bomberos de Ancud para ser más exactos, la consigna era quedar botado así es que tomé en una mano una botella de ron Silver y en la otra una de Coca-Cola, el combinado me lo preparaba en el estómago, ojalá mi compadre Mechuque esté leyendo esto, sé que a veces se asoma por este templo del ocio, seguramente recordará esa memorable ocasión en diciembre de 1973 de la que fue testigo presencial.
Amanecí vomitado y aturdido en mi camarote de la pensión de don Julio Norambuena, para colmo a los pies de la cama estaba mi mamá que, como nunca, había pasado por Ancud y aprovechó de ir a verme. No me comentó ni una palabra del asunto, conversamos un rato como si nada y después se fué, yo sabía que tenía muy amplio criterio pero no pensaba que fuera para tanto, la verdad es que nunca me lo mencionó. El asunto podría verse como irresponsabilidad o indiferencia, pero la verdad es que me tenía una confianza enorme y yo siempre traté de estar a la altura, de algún modo ella sabía que no me iba a alcoholizar y que me las podía arreglar solo.
Cuando veo a los padres aprensivos desesperados por sus hijos me acuerdo que a mi nunca me dijeron lo que tenía que hacer, se suponía que me las arreglaría para hacer lo correcto, era mi asunto. Los padres sobreprotectores no saben lo mal que le hacen a los hijos, por un cariño mal entendido tratan de evitarles el sufrimiento y darles felicidad mimándolos, eso no se hace, es comprar el cariño de los niños con premios y regalos, la incapacidad de ver a los hijos tal como son, con todos sus defectos, es también otra cosa muy dañina, nada más típico que los padres que se vanaglorian que sus hijos son más inteligentes que ellos, esa es una completa tontera. En fin, mientras más lo pienso creo que tuve mucha suerte.
Pero ya se está haciendo tarde, creo que es hora de dar una vuelta por la oficina, el deber me llama. Hasta mañana mis amigos.