Tomas Bradanovic

4 mayo, 2007

Privado y promiscuo

Archivado en: navegacion anonima, privacidad — tombrad @ 12:06 am

El derecho a la privacidad es en gran medida una ilusión, como la mayoría de los derechos en todo caso. Claro que podemos tener una vida privada pero hay que trabajar para eso, nadie nos va a regalar la seguridad de mantener en privado lo que consideramos nuestros secretos, especialmente si los tenemos en el computador y -para que hablar- en Internet.

Cada vez que mandamos un mail es como una carta abierta que muchas personas pueden leer incluso por accidente. Cuando nos conectamos a Internet abrimos una puerta para que los ociosos nos revisen el computador, de hecho, acabo de pasar un antivirus que encontró decenas de troyanos instalados en mi notebook ¿y que? no veo nada importante que puedan encontrar, aparte de la usual pornografía!.

Hay dos herramientas muy buenas para proteger la privacidad: la primera es Truecrypt que crea volúmenes encriptados y en mucho mejor que el ya desacreditado PGP, la segunda es Torpak que permite la navegación anónima, enmascarando nuestra IP de manera que no seamos identificables al entrar a algún servidor, el método TOR hace la navegación más lenta así es que es para usarlo solo en casos especiales. Ambos programas son gratis, GNU y Open Source.

Hablando de privacidad me acuerdo de Maxwell Smart, el Super Agente 86 y su campana de silencio, creo que no necesito decir que yo soy promiscuo en cuanto a mi información personal, si alguien necesita hacer un dossier sobre lo que he publicado en Internet necesitaría comprar varias resmas de papel porque mi apellido da más de 50.000 resultados en google, en los grupos de news hay 47.600 post con bradanovic, en fin, esa es otra forma de esconder información relevante, inundando la web con trivialidades.

A propósito de la promiscuidad y falta de privacidad, también recuerdo de todos los años que viví en pensiones, donde todo el mundo se conocía completamente la vida de los demás, de esos años debe venir mi despreocupación por la privacidad. O tal vez de antes, cuando viví en Santiago y teníamos un cité al lado de nuestra vieja casa en la calle Juarez.

Un minúsculo patio de luz de la casa daba al corredor del cité así es que -en cierto modo- nosotros éramos parte de ese pequeño mundo. Nuestra vecina doña Eliana se había hecho adicta a las anfetaminas y a veces andaba desnuda por la casa mientras yo, de 10 u 11 años, encaramado en el muro, tomaba mis primeras lecciones de anatomía.

Don Orlando, el carnicero, era un tipo muy amable pero cuando se emborrachaba se convertía en un loco furioso que rompía todo y perseguía a su familia con los mismos cuchillos que usaba para despostar. Todos le teníamos mucho miedo.

Había una rubia de ojos claros que era la vampiresa del conventillo, mi mamá le puso Marilyn Monroe, pasaba todo el día cantando a voz en cuello y se rumoreaba que un vendedor viajero, joven y fornido, al que le pusimos Charles Atlas, era su amante. Cuando fue el terremoto, en 1967, este rumor se confirmó porque Charles Atlas salió arrancando en calzoncillos de la casa de la Marilyn. Lo más chistoso es que allí se descubrió no era fornido sinó muy flaquito, eran los trajes que usaba con grandes hombreras para aparentar.

No había privacidad en el cité, pero era muy divertido saberle en detalle la vida a cada uno de los que vivían allí, si al fin y al cabo ¿para que sirve tanta privacidad? lo mejor es tener pocas cosas que esconder y que solo sean las más importantes. Ahora mi barrio es mucho más aburrido, aparte de alguna conversación ocasional, nadie se mete con nadie.

En fin, estoy divagando de nuevo, deben ser las dos cervezas que me tomé con la Mila, Rudy y Chuck. Mejor me voy a dormir, antes que se me salga algún secreto de mi vida privada.

Privado y promiscuo

Archivado en: navegacion anonima, privacidad — tombrad @ 12:06 am

El derecho a la privacidad es en gran medida una ilusión, como la mayoría de los derechos en todo caso. Claro que podemos tener una vida privada pero hay que trabajar para eso, nadie nos va a regalar la seguridad de mantener en privado lo que consideramos nuestros secretos, especialmente si los tenemos en el computador y -para que hablar- en Internet.

Cada vez que mandamos un mail es como una carta abierta que muchas personas pueden leer incluso por accidente. Cuando nos conectamos a Internet abrimos una puerta para que los ociosos nos revisen el computador, de hecho, acabo de pasar un antivirus que encontró decenas de troyanos instalados en mi notebook ¿y que? no veo nada importante que puedan encontrar, aparte de la usual pornografía!.

Hay dos herramientas muy buenas para proteger la privacidad: la primera es Truecrypt que crea volúmenes encriptados y en mucho mejor que el ya desacreditado PGP, la segunda es Torpak que permite la navegación anónima, enmascarando nuestra IP de manera que no seamos identificables al entrar a algún servidor, el método TOR hace la navegación más lenta así es que es para usarlo solo en casos especiales. Ambos programas son gratis, GNU y Open Source.

Hablando de privacidad me acuerdo de Maxwell Smart, el Super Agente 86 y su campana de silencio, creo que no necesito decir que yo soy promiscuo en cuanto a mi información personal, si alguien necesita hacer un dossier sobre lo que he publicado en Internet necesitaría comprar varias resmas de papel porque mi apellido da más de 50.000 resultados en google, en los grupos de news hay 47.600 post con bradanovic, en fin, esa es otra forma de esconder información relevante, inundando la web con trivialidades.

A propósito de la promiscuidad y falta de privacidad, también recuerdo de todos los años que viví en pensiones, donde todo el mundo se conocía completamente la vida de los demás, de esos años debe venir mi despreocupación por la privacidad. O tal vez de antes, cuando viví en Santiago y teníamos un cité al lado de nuestra vieja casa en la calle Juarez.

Un minúsculo patio de luz de la casa daba al corredor del cité así es que -en cierto modo- nosotros éramos parte de ese pequeño mundo. Nuestra vecina doña Eliana se había hecho adicta a las anfetaminas y a veces andaba desnuda por la casa mientras yo, de 10 u 11 años, encaramado en el muro, tomaba mis primeras lecciones de anatomía.

Don Orlando, el carnicero, era un tipo muy amable pero cuando se emborrachaba se convertía en un loco furioso que rompía todo y perseguía a su familia con los mismos cuchillos que usaba para despostar. Todos le teníamos mucho miedo.

Había una rubia de ojos claros que era la vampiresa del conventillo, mi mamá le puso Marilyn Monroe, pasaba todo el día cantando a voz en cuello y se rumoreaba que un vendedor viajero, joven y fornido, al que le pusimos Charles Atlas, era su amante. Cuando fue el terremoto, en 1967, este rumor se confirmó porque Charles Atlas salió arrancando en calzoncillos de la casa de la Marilyn. Lo más chistoso es que allí se descubrió no era fornido sinó muy flaquito, eran los trajes que usaba con grandes hombreras para aparentar.

No había privacidad en el cité, pero era muy divertido saberle en detalle la vida a cada uno de los que vivían allí, si al fin y al cabo ¿para que sirve tanta privacidad? lo mejor es tener pocas cosas que esconder y que solo sean las más importantes. Ahora mi barrio es mucho más aburrido, aparte de alguna conversación ocasional, nadie se mete con nadie.

En fin, estoy divagando de nuevo, deben ser las dos cervezas que me tomé con la Mila, Rudy y Chuck. Mejor me voy a dormir, antes que se me salga algún secreto de mi vida privada.

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