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Tiempo atrás, cuando escribí la entrada Matemáticas no es Ciencia, me quedé pensando que siguiendo la misma idea en algún momento debería escribir algo así como Economía no es Negocios y bueno, como se dijo se hizo. Sin más preámbulos aquí voy:
3 febrero, 2011
>Economía no es negocios
19 octubre, 2010
>Negro el ocho
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Anoche me junté con Rodrigo Nuñez, recién había inaugurado la exposición colectiva y dos de los expositores nos invitaron a tomar un vino con picoteo al Terra Amata. Se trataba de Alfred Exss y Junger Werkmeister, la cosa es que pasamos un buen rato escuchando al entretenido Alfred, que tiene más historias que Quintin. También estaba una periodista de La Estrella que trabaja en Arica desde hace un par de meses y me contaba que se vino a establecer acá para hacer un documental sobre los aimaras, un proyecto documental bien interesante. Todo muy bien.
El Centro de Ex Alumnos y Egresados agrupa a estos profesionales y desde el año 2006 viene organizando un encuentro cada año en la Universidad de Tarapacá adonde llegan los profesionales formados en esta ciudad desde distintos lugares del país.
Tengo la alegría de pertenecer a ese grupo y este año, entre el 27 y 30 de octubre, nos juntaremos ex compañeros de varias generaciones, con profesores y los futuros colegas que aún están estudiando, para recordar a nuestra Escuela y la Universidad, a quienes representamos ante el mundo productivo.
Es nuestro desempeño profesional el que determina la reputación de la escuela, el que abre o cierra el camino de las generaciones que vendrán más adelante.
La importancia de estos encuentros es enriquecernos con el intercambio de experiencias y mostrar a la comunidad los aportes de nuestra profesión.
La Universidad de Tarapacá tiene un enorme potencial generando integración, prosperidad y conocimiento, no sólo en Chile, sino en todos los países vecinos. Somos los egresados, quienes con orgullo y cariño ayudaremos a materializar ese potencial. Ese es el sentido de nuestro encuentro, desarrollar lo que hoy está en potencia, para que nuestra universidad alcance su destino natural que es estar entre las mejores universidades de la región Sud Andina.
13 junio, 2007
La hecatombe
Hoy, hace exactamente 16 años tuve la peor catástrofe económica de mi vida. Había peleado con mi primo y llevaba desde diciembre “con el agua cortada” (sin crédito ni mercaderías), mientras se acumulaban las cuentas en mi escritorio: enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio.
Tenía 3 vendedoras y una jefa de tienda y en junio ya no tenía como pagarles el sueldo ni para despedirlas, ni hablar de los finiquitos y todo eso.
El teléfono cortado con una cuenta enorme, luz y agua sin pagar, no tenía para echarle gasolina al auto, la tarjeta de crédito copada y mi cuenta corriente del Banco Ohiggins en cero absoluto.
La guinda de la torta: ¡era papá! el Tomás Jr. peludo como un mono, había nacido hace poco. Por fuera me mantenía alegre y despreocupado como siempre, incluso trataba de no pensar mucho en los problemas porque sabía que se iban a solucionar de alguna manera, pero un día estaba en la casa de la Pilar hablando por teléfono y me fuí derecho al suelo ¡me desvanecí como una jovencita victoriana! Que verguenza.
Cuando me empezaba a ganar la desesperación me ponía a contar mis activos: “Estoy sano, no me duele nada, no tengo cheques protestados ni órden de embargo, tengo amigos, estoy haciendo todo lo correcto, algo tiene que salir“. Pero pasaban y pasaban los meses y no salía nada.
Los que han leído “El Coronel no Tiene Quien le Escriba” se pueden hacer una idea de lo que es vivir esperando que las cosas se arreglen mientras el alimento se va terminando, al final no queda nada, solo un gallo que ni muerto lo tiraba a la cazuela. El gallo en mi caso era la cuenta corriente, y para evitar tentaciones fuí al banco y la cerré.
Y llegó el terrible momento de cerrar el negocio, la reunión con las niñas fue el trago mas amargo, mal que mal dependían de mi, pero se portaron de una manera maravillosa. En pie de guerra me ofrecieron salir a vender los saldos en el auto, para pagar las deudas más urgentes, el resto ya se vería. Así yo dejaba el auto estacionado y las dejaba vendiendo, como a mi me daba verguenza vender en la calle, me iba a pasear y volvía solo a recoger la plata. Marisol, Lily, Cecilia, Isabel, como dice el -cursi- vals de Iquique, hasta el día de hoy las llevo siempre en el corazón.
En fin, ahora me parece divertido aunque en el otoño del 1991 no me hacía maldita gracia, tal como el dicho no me mató y me hizo fuerte. Ahora que ando de nuevo en espera de las buenas noticias me acuerdo de esa época y pienso que en comparación, estas son como unas ricas vacaciones.
>La hecatombe
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Hoy, hace exactamente 16 años tuve la peor catástrofe económica de mi vida. Había peleado con mi primo y llevaba desde diciembre “con el agua cortada” (sin crédito ni mercaderías), mientras se acumulaban las cuentas en mi escritorio: enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio.
Tenía 3 vendedoras y una jefa de tienda y en junio ya no tenía como pagarles el sueldo ni para despedirlas, ni hablar de los finiquitos y todo eso.
El teléfono cortado con una cuenta enorme, luz y agua sin pagar, no tenía para echarle gasolina al auto, la tarjeta de crédito copada y mi cuenta corriente del Banco Ohiggins en cero absoluto.
La guinda de la torta: ¡era papá! el Tomás Jr. peludo como un mono, había nacido hace poco. Por fuera me mantenía alegre y despreocupado como siempre, incluso trataba de no pensar mucho en los problemas porque sabía que se iban a solucionar de alguna manera, pero un día estaba en la casa de la Pilar hablando por teléfono y me fuí derecho al suelo ¡me desvanecí como una jovencita victoriana! Que verguenza.
Cuando me empezaba a ganar la desesperación me ponía a contar mis activos: “Estoy sano, no me duele nada, no tengo cheques protestados ni órden de embargo, tengo amigos, estoy haciendo todo lo correcto, algo tiene que salir“. Pero pasaban y pasaban los meses y no salía nada.
Los que han leído “El Coronel no Tiene Quien le Escriba” se pueden hacer una idea de lo que es vivir esperando que las cosas se arreglen mientras el alimento se va terminando, al final no queda nada, solo un gallo que ni muerto lo tiraba a la cazuela. El gallo en mi caso era la cuenta corriente, y para evitar tentaciones fuí al banco y la cerré.
Y llegó el terrible momento de cerrar el negocio, la reunión con las niñas fue el trago mas amargo, mal que mal dependían de mi, pero se portaron de una manera maravillosa. En pie de guerra me ofrecieron salir a vender los saldos en el auto, para pagar las deudas más urgentes, el resto ya se vería. Así yo dejaba el auto estacionado y las dejaba vendiendo, como a mi me daba verguenza vender en la calle, me iba a pasear y volvía solo a recoger la plata. Marisol, Lily, Cecilia, Isabel, como dice el -cursi- vals de Iquique, hasta el día de hoy las llevo siempre en el corazón.
En fin, ahora me parece divertido aunque en el otoño del 1991 no me hacía maldita gracia, tal como el dicho no me mató y me hizo fuerte. Ahora que ando de nuevo en espera de las buenas noticias me acuerdo de esa época y pienso que en comparación, estas son como unas ricas vacaciones.
11 junio, 2007
¿Se puede trabajar con mentirosos?
Me sigue dando vueltas en la cabeza la discusión que tuvimos en el grupo de gringos, acerca de el uso del engaño como una práctica no aceptable de negocios.
Yo creo conocer un poco la manera de pensar que tiene la gente que viene de USA, con todas las precauciones del caso, porque en el mundo no se encuentran dos personas que piensen igual, pero si hay ciertas cosas que se podrían considerar como “ampliamente aceptadas” y que ya no me extrañan tanto como antes.
Una de esas cosas es el rechazo a la palabra no cumplida, la mentira o chamullo o el engaño puro, duro y malintencionado. Estos serían tres grados de lo mismo que es una especie de falta de respeto con la verdad o tomarse a la ligera el asunto. Mientras para nosotros el chamullento o el pillo son tipos más o menos simpáticos para ellos son apenas un poquito menos que delincuentes.
Y yo entiendo esto muy bien porque es exactamente lo mismo que me tocó vivir cuando empecé a hacer negocios en Japón, Perú y Bolivia, que son países donde las prácticas normales de negocio parecen aceptar todavía más que nosotros el uso del engaño.
Pero hagamos primero la diferencia. El incumplimiento de la palabra es el primer escalón de la infamia, uno muchas veces no puede cumplir con su palabra, o hacerlo tiene un costo inaceptablemente alto, que no existía en el momento de tomar el compromiso. Yo mismo llevo trabajando un año en esa situación, donde no han podido cumplir con la palabra y con lo que me ofrecieron, por problemas fuera de control ¿que se puede hacer en esos casos? Solo lo que estoy haciendo ahora: mirar para el cielo y rascarme la cabeza. No hay nada que hacer.
El segundo nivel de infamia sería el chamullo: cuando alguien por darse importancia o quedar bien inventa una mentira, ofreciendo cosas que no puede cumplir. Eso es un poco peor porque ya no se trata de problemas externos y fuera de control sino de algo deliberado.
Por último tenemos el nivel más infame que es el cuento, la estafa, un engaño deliberado para sacar provecho personal perjudicando a otro. En muchas partes es una práctica de negocios aceptada- Yo recuerdo que cuando trabajábamos con Casio nos exigían enormes sacrificios por mantenernos como representantes exclusivos en Chile, pero llegaba cualquiera con suficiente plata y le vendían con una triangulación apenas encubierta “It´s business, we cannot control It” me decían cuando reclamábamos.
¿Se puede trabajar con mentirosos?. Los dos primeros niveles son inevitables, en mi propio caso se trata de gente de USA, honorable pero la situación está fuera de su control, hacen lo que pueden y solo me queda esperar. La pregunta del millón es si se puede trabajar con cuenteros y estafadores.
Claro que se puede, es algo que aprendí trabajando con los japoneses de la Casio primero, que fueron como la universidad, y después con peruanos y bolivianos que fueron algo así como el master y el doctorado.
Lo principal es no hacer cuestión moral del asunto, la moral es un asunto muy personal y si esperamos que todos los demás se guien por nuestras ideas morales es que somos muy estúpidos. Sin embargo esa es siempre nuestra primera reacción: escandalizarnos.
Si controlamos eso y entendemos que son “solo negocios”, entonces empezaremos a pensar de la manera correcta. Algo fundamental de comprender es que todo compromiso tiene su límite y nadie en el mundo va a mantener su palabra a cualquier costo. Siempre hay un umbral de validez de la palabra y ese cambia segun la cultura y según la persona, calcular correctamente adonde está el umbral de “sacrificio inaceptable” es una de las principales habilidades que hay que adquirir.
Otra es la desconfianza en las palabras, entre las palabras y los hechos hay un mundo de diferencia y los seres humanos son capaces de hacer maravillas con el lenguaje, no así con los hechos. La historia es mucho mejor predictor que lo que las personas dicen, a las lindas palabras se las lleva el viento.
Pero esto ya se está estirando demasiado así es que lo dejaré hasta aquí nomás, tampoco voy a latearlos con el libro de cocina completo, con dos recetas basta y sobra. En conclusión SI se puede trabajar con mentirosos y con mucho provecho además, solo hay que encontrar el ajuste. Y como dice el corrido, ya con esta me despido. Hasta mañana mis amigos.
>¿Se puede trabajar con mentirosos?
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Me sigue dando vueltas en la cabeza la discusión que tuvimos en el grupo de gringos, acerca de el uso del engaño como una práctica no aceptable de negocios.
Yo creo conocer un poco la manera de pensar que tiene la gente que viene de USA, con todas las precauciones del caso, porque en el mundo no se encuentran dos personas que piensen igual, pero si hay ciertas cosas que se podrían considerar como “ampliamente aceptadas” y que ya no me extrañan tanto como antes.
Una de esas cosas es el rechazo a la palabra no cumplida, la mentira o chamullo o el engaño puro, duro y malintencionado. Estos serían tres grados de lo mismo que es una especie de falta de respeto con la verdad o tomarse a la ligera el asunto. Mientras para nosotros el chamullento o el pillo son tipos más o menos simpáticos para ellos son apenas un poquito menos que delincuentes.
Y yo entiendo esto muy bien porque es exactamente lo mismo que me tocó vivir cuando empecé a hacer negocios en Japón, Perú y Bolivia, que son países donde las prácticas normales de negocio parecen aceptar todavía más que nosotros el uso del engaño.
Pero hagamos primero la diferencia. El incumplimiento de la palabra es el primer escalón de la infamia, uno muchas veces no puede cumplir con su palabra, o hacerlo tiene un costo inaceptablemente alto, que no existía en el momento de tomar el compromiso. Yo mismo llevo trabajando un año en esa situación, donde no han podido cumplir con la palabra y con lo que me ofrecieron, por problemas fuera de control ¿que se puede hacer en esos casos? Solo lo que estoy haciendo ahora: mirar para el cielo y rascarme la cabeza. No hay nada que hacer.
El segundo nivel de infamia sería el chamullo: cuando alguien por darse importancia o quedar bien inventa una mentira, ofreciendo cosas que no puede cumplir. Eso es un poco peor porque ya no se trata de problemas externos y fuera de control sino de algo deliberado.
Por último tenemos el nivel más infame que es el cuento, la estafa, un engaño deliberado para sacar provecho personal perjudicando a otro. En muchas partes es una práctica de negocios aceptada- Yo recuerdo que cuando trabajábamos con Casio nos exigían enormes sacrificios por mantenernos como representantes exclusivos en Chile, pero llegaba cualquiera con suficiente plata y le vendían con una triangulación apenas encubierta “It´s business, we cannot control It” me decían cuando reclamábamos.
¿Se puede trabajar con mentirosos?. Los dos primeros niveles son inevitables, en mi propio caso se trata de gente de USA, honorable pero la situación está fuera de su control, hacen lo que pueden y solo me queda esperar. La pregunta del millón es si se puede trabajar con cuenteros y estafadores.
Claro que se puede, es algo que aprendí trabajando con los japoneses de la Casio primero, que fueron como la universidad, y después con peruanos y bolivianos que fueron algo así como el master y el doctorado.
Lo principal es no hacer cuestión moral del asunto, la moral es un asunto muy personal y si esperamos que todos los demás se guien por nuestras ideas morales es que somos muy estúpidos. Sin embargo esa es siempre nuestra primera reacción: escandalizarnos.
Si controlamos eso y entendemos que son “solo negocios”, entonces empezaremos a pensar de la manera correcta. Algo fundamental de comprender es que todo compromiso tiene su límite y nadie en el mundo va a mantener su palabra a cualquier costo. Siempre hay un umbral de validez de la palabra y ese cambia segun la cultura y según la persona, calcular correctamente adonde está el umbral de “sacrificio inaceptable” es una de las principales habilidades que hay que adquirir.
Otra es la desconfianza en las palabras, entre las palabras y los hechos hay un mundo de diferencia y los seres humanos son capaces de hacer maravillas con el lenguaje, no así con los hechos. La historia es mucho mejor predictor que lo que las personas dicen, a las lindas palabras se las lleva el viento.
Pero esto ya se está estirando demasiado así es que lo dejaré hasta aquí nomás, tampoco voy a latearlos con el libro de cocina completo, con dos recetas basta y sobra. En conclusión SI se puede trabajar con mentirosos y con mucho provecho además, solo hay que encontrar el ajuste. Y como dice el corrido, ya con esta me despido. Hasta mañana mis amigos.