Tomas Bradanovic

3 febrero, 2011

>Economía no es negocios

Archivado en: economia, negocios — tombrad @ 10:29 pm

>Tiempo atrás, cuando escribí la entrada Matemáticas no es Ciencia, me quedé pensando que siguiendo la misma idea en algún momento debería escribir algo así como Economía no es Negocios y bueno, como se dijo se hizo. Sin más preámbulos aquí voy:

Que los negocios no son lo mismo que la economía tiene una demostración práctica y bien evidente, basta buscar gente millonaria o muy exitosa en los negocios y entre ellos encontraremos muy pocos economistas (Sebastian Piñera es la excepción). Desde luego, ni un solo Premio Nobel de Economía está entre los Fortune 100. Más aún, encontrar millonarios o personas buenas para los negocios que apenas han ido a la escuela no es un caso raro sino bastante común. Esto muestra que en la vida real, el estudio de la economía no tiene mucho que ver con el arte de acumular riquezas.
La economía es más bien un estudio del comportamiento humano en relación a los bienes materiales, pero de ninguna manera entrega herramientas o recetas para ganar dinero. Se supone que por medio de la educación aprendemos a hacer mejor las cosas: si alguien se educa en medicina podrá operar con éxito y curar a las personas, un ingeniero civil podrá proyectar puentes y edificios mucho mejor que alguien sin esos estudios y así en muchos otros campos ¿por que entonces un economista no tiene mayor ventaja por sobre un alguien sin educación a la hora de hacer negocios?.
Yo tenía la respuesta más o menos burda y la he escrito varias veces acá mismo: que la economía debe ser incierta porque de otro modo el que tuviese alguna receta acumularía riqueza sin parar hasta apropiarse de toda la que existe en el mundo. Bueno, esa es la respuesta corta, pero encontré la respuesta larga leyendo sobre la Paradoja de San Petesburgo, que me quedó dando vuelta desde que la mencionó Ulschmidt en algún comentario años atrás.
La paradoja presenta un problema interesante porque muestra que al usar el dinero no solo tenemos en cuenta la cantidad que ganamos o perdemos sino varias otras cosas que son problemas fundamentales que estudia la economía, por ejemplo:
El riesgo: esta palabra se asocia a conceptos como incertidumbre, falta de información, variabilidad de los resultados de algo, las consecuencias de que algo ocurra o no, la prevención, etc. Existen tres actitudes básicas para enfrentar el riesgo: los tomadores de riesgo (que son los menos), los indiferentes y los adversos al riego. La mayoría de las personas tiene aversión al riesgo y buena parte de la economía es para ayudar a esas personas a manejar su aversión de manera provechosa (teoría de decisiones, programación líneal, cálculo de probabilidades y -en general- todo lo que se considera ayuda para tomar “decisiones racionales” en situaciones riesgosas).
La utilidad: que es la preferencia que le da una persona hacia la ocurrencia de algún suceso, el caso más típico es cuando alguien prefiere aumentar su riqueza antes que disminuirla. No siempre existe utilidad porque algunas veces nos da lo mismo si un suceso ocurre o no, en este caso existe indiferencia.
Los conceptos de riesgo y utilidad están muy relacionados, es normal que a mayor riesgo más utilidad, que los tomadores de riesgo sean pocos y que los que obtienen grandes utilidades tomen grandes riesgos. En este sentido los negocios no se diferencian demasiado de la ruleta o cualquier otro juego de casino. Riesgo y utilidad se unen también en la toma de decisiones, que es cuando uno escoge cual es su utilidad y cuanto riesgo está dispuesto a tomar. Todas las decisiones están rodeadas de incertidumbre.
El valor esperado: es un elemento que se usa normalmente para tomar decisiones con racionalidad económica, un valor esperado es el resultado más probable entre los muchos resultados posibles, el valor esperado también nos indica cuanto vale la pena seguir invirtiendo para evitar la pérdida total.

Existe una historia china de un tigre suelto entre la multitud y un valiente lo sujeta de la cola para permitir que los demás arranquen, la sabiduría consiste en saber cuando soltar la cola al tigre, permitiendo que los demás arranquen y justo antes que se vuelva contra el que lo está sujetando. En términos económicos esto equivale a saber cuando hacer la pérdida y dejar de colocar plata en un negocio, algo más o menos así es el concepto de valor esperado.
Si lo llevamos a matemáticas, podemos tener dos variables (dos bienes para elegir en distinta proporción) y en base a nuestras preferencias trazamos la curva de indiferencia con las distintas combinaciones que nos dan la misma utilidad (satisfacción). Alguien es adverso al riesgo cuando la segunda derivada de su función de utilidad es menor que cero y viceversa.
Pero antes de seguir enredando la cosa hagamos la pregunta del millón ¿sirven todos estos análisis para tomar decisiones que nos hagan más ricos? claro que no. ¿Y para que diablos entonces existe toda la maldita cosa?.
A diferencia de otras ciencias y oficios, saber economía no asegura que ganaremos más plata que alguien que no sepa nada, porque la micro economía es -principalmente- un estudio descriptivo para entender la naturaleza de los problemas económicos, no para resolverlos. Hasta el bruto más ignorante puede tener más éxito en los negocios que un economista, porque la economía puede ser muy buena haciendo autopsias pero mala para predecir. Los fenómenos económicos son demasiado complejos: infinitamente más complicados que cualquier otro de ingeniería o ciencias puras.
Y en macro economía -más normativa- pasa la misma cosa. Desde el mercantilismo de la Edad Media han pasado innumerables teorías y economistas asesorando a los gobiernos del mundo, sin embargo sus errores han -a lo menos- igualado a los aciertos. Probablemente nada hubiese cambiado demasiado si los macroeconomistas no hubiesen escrito una sola línea acerca de nada.
El Japón llegó a ser una economía poderosa en los ochentas usando las ideas mercantilistas de la Edad Media que se creían superadas hace siglos: exportar mucho e importar poco. No hay regla ni teoría económica que no se haya roto y los resultados han sido más o menos indiferentes, excepto la economía marxista que solo mostró fracasos. Es la única teoría que ha tenido algún resultado más o menos claro o consistente.
En fin, así como matemáticas no es ciencia, economía tampoco es negocios. Si lo que le interesa es ganar plata olvídese de toda la economía y aplique los principios de uno de los más famosos billonarios que existen: “Dios sabe que daría todo lo que tengo por tener un poco más”, ¡que mejor ejemplo de marginalismo!. O bien “El placer de tener dinero consiste en infundir temor a tus semejantes. No me he hecho rico para que me sonrían por la calle”. Ah si quieren pueden ver AQUI la entrevista completa a este famoso billonario, es muy instructiva. Hasta mañana.
PD A propósito, la explicación más simple que he leído sobre la teoría de elección del consumidor puede verse AQUI, si es que a alguien le importa.

19 octubre, 2010

>Negro el ocho

Archivado en: negocios, riesgo — tombrad @ 11:36 pm

>Anoche me junté con Rodrigo Nuñez, recién había inaugurado la exposición colectiva y dos de los expositores nos invitaron a tomar un vino con picoteo al Terra Amata. Se trataba de Alfred Exss y Junger Werkmeister, la cosa es que pasamos un buen rato escuchando al entretenido Alfred, que tiene más historias que Quintin. También estaba una periodista de La Estrella que trabaja en Arica desde hace un par de meses y me contaba que se vino a establecer acá para hacer un documental sobre los aimaras, un proyecto documental bien interesante. Todo muy bien.

Lo más notable pasó en el taxi cuando venía de vuelta para la casa. Siempre había pensado que casi nadie en Arica lee este Club del Ocio, así es que me sorprendí cuando el taxista me pregunta ¿para donde te llevo Tomás? Resulta que era uno de los regulares de este cuchitril, parte de mis amigos que no conozco. Cuando me lo dijo saqué más pechuga que un pato y por un momento me sentí un micro celebrity. Me dice que el también tiene su propia web donde sube música así es que apenas llegué a la casa me fui a verla, está muy buena. Nobleza obliga ¡saludos don Nano!.
Tengo en mi escritorio el libro El Dinero de J.K. Galbraith, junto con otros que me entretienen en mis abundantes ratos de ocio en la oficina ¿habrá alguien más improductivo que yo? lo dudo, apuesto que ganaría, fácil, un campeonato nacional. Bueno, cuando no tengo nada que hacer -ahora mismo por ejemplo- tomo alguno de esos libros para entretenerme, miren lo que encontré en el de Galbraith:
Entonces, con el transcurso del tiempo, la expansión dio paso a la especulación, término que hay que comprender con exactitud. Un sagaz observador de Boston dijo en 1840 que especulación era una cosa que, si tenía éxito, se llamaba empresa, y que solo era mala si fracasaba.
Que verdad más grande, la gente es condicionada por la propaganda puritana que exalta las virtudes del trabajo duro y hacer bien las cosas, si embargo poco o nada se consigue con solo trabajo duro. Y hacer bien las cosas en un entorno incierto tiene más que ver con la suerte y la disposición a tomar riesgos que con la reflexión razonada. Eso explica por que los economistas rara vez se hacen millonarios, su formación los hace adversos a los riesgos.
Los negocios se parecen mucho más a un juego de ruleta que a uno de ajedrez, la especulación está en el centro de todo sistema económico y a mayor riesgo más grande es el premio. Por eso la mayoría de los millonarios son tipos bastante locos y su reputación de inteligentes está mas respaldada por sus millones que por las decisiones que toman. Las decisiones en un mundo incierto son buenas o malas a posteriori, según sus resultados, alguien que toma riesgos y tiene suerte es un genio, mientras que el arriesgado con mala suerte es un loco o idiota.
¿Por que entonces el puritanismo del trabajo duro y hacer bien las cosas? porque es necesario que la gente común, que no toma decisiones, crea el cuento que la economía es como un ajedrez donde ganan los más hábiles, los peones necesitan tener cierta fe en la seguridad del sistema económico, porque de otro modo no trabajarían. No hay que olvidarse que todo el que tiene un trabajo asalariado es porque tomó una decisión a favor de la seguridad y estabilidad de sus ingresos. Si la gente se diera cuenta de la naturaleza volátil, impredecible de la economía, seguramente se negarían a trabajar y vivirían en un sistema de auto suficiencia.
Y se acerca nuestro encuentro de los ex alumnos de la Escuela de Ingeniería Eléctrica y Electrónica, yo estoy metido en la comisión organizadora como casi todos los años y aproveché mi columna de La Estrella para hacer un poco de promoción, esto fue lo que salió hoy miércoles:
En la ciudad de Arica se vienen formando ingenieros eléctricos y electrónicos desde el año 1966, primero en la Sede Arica de la Universidad del Norte y luego en la Universidad de Tarapacá, los que se desempeñan en diversas áreas del sector productivo, en Chile y el extranjero.

El Centro de Ex Alumnos y Egresados agrupa a estos profesionales y desde el año 2006 viene organizando un encuentro cada año en la Universidad de Tarapacá adonde llegan los profesionales formados en esta ciudad desde distintos lugares del país.

Tengo la alegría de pertenecer a ese grupo y este año, entre el 27 y 30 de octubre, nos juntaremos ex compañeros de varias generaciones, con profesores y los futuros colegas que aún están estudiando, para recordar a nuestra Escuela y la Universidad, a quienes representamos ante el mundo productivo.

Es nuestro desempeño profesional el que determina la reputación de la escuela, el que abre o cierra el camino de las generaciones que vendrán más adelante.

La importancia de estos encuentros es enriquecernos con el intercambio de experiencias y mostrar a la comunidad los aportes de nuestra profesión.

La Universidad de Tarapacá tiene un enorme potencial generando integración, prosperidad y conocimiento, no sólo en Chile, sino en todos los países vecinos. Somos los egresados, quienes con orgullo y cariño ayudaremos a materializar ese potencial. Ese es el sentido de nuestro encuentro, desarrollar lo que hoy está en potencia, para que nuestra universidad alcance su destino natural que es estar entre las mejores universidades de la región Sud Andina.
En fin, basta de propaganda por hoy, espero que todo salga bien según lo planificado, como dijo Ray Charles: ya veremos, vivimos en un mundo incierto.

13 junio, 2007

La hecatombe

Archivado en: bancarrota, hecatombe, negocios — tombrad @ 2:10 pm

Hoy, hace exactamente 16 años tuve la peor catástrofe económica de mi vida. Había peleado con mi primo y llevaba desde diciembre “con el agua cortada” (sin crédito ni mercaderías), mientras se acumulaban las cuentas en mi escritorio: enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio.

Tenía 3 vendedoras y una jefa de tienda y en junio ya no tenía como pagarles el sueldo ni para despedirlas, ni hablar de los finiquitos y todo eso.

El teléfono cortado con una cuenta enorme, luz y agua sin pagar, no tenía para echarle gasolina al auto, la tarjeta de crédito copada y mi cuenta corriente del Banco Ohiggins en cero absoluto.

La guinda de la torta: ¡era papá! el Tomás Jr. peludo como un mono, había nacido hace poco. Por fuera me mantenía alegre y despreocupado como siempre, incluso trataba de no pensar mucho en los problemas porque sabía que se iban a solucionar de alguna manera, pero un día estaba en la casa de la Pilar hablando por teléfono y me fuí derecho al suelo ¡me desvanecí como una jovencita victoriana! Que verguenza.

Cuando me empezaba a ganar la desesperación me ponía a contar mis activos: “Estoy sano, no me duele nada, no tengo cheques protestados ni órden de embargo, tengo amigos, estoy haciendo todo lo correcto, algo tiene que salir“. Pero pasaban y pasaban los meses y no salía nada.

Los que han leído “El Coronel no Tiene Quien le Escriba” se pueden hacer una idea de lo que es vivir esperando que las cosas se arreglen mientras el alimento se va terminando, al final no queda nada, solo un gallo que ni muerto lo tiraba a la cazuela. El gallo en mi caso era la cuenta corriente, y para evitar tentaciones fuí al banco y la cerré.

Y llegó el terrible momento de cerrar el negocio, la reunión con las niñas fue el trago mas amargo, mal que mal dependían de mi, pero se portaron de una manera maravillosa. En pie de guerra me ofrecieron salir a vender los saldos en el auto, para pagar las deudas más urgentes, el resto ya se vería. Así yo dejaba el auto estacionado y las dejaba vendiendo, como a mi me daba verguenza vender en la calle, me iba a pasear y volvía solo a recoger la plata. Marisol, Lily, Cecilia, Isabel, como dice el -cursi- vals de Iquique, hasta el día de hoy las llevo siempre en el corazón.

En fin, ahora me parece divertido aunque en el otoño del 1991 no me hacía maldita gracia, tal como el dicho no me mató y me hizo fuerte. Ahora que ando de nuevo en espera de las buenas noticias me acuerdo de esa época y pienso que en comparación, estas son como unas ricas vacaciones.

>La hecatombe

Archivado en: bancarrota, hecatombe, negocios — tombrad @ 2:10 pm

>Hoy, hace exactamente 16 años tuve la peor catástrofe económica de mi vida. Había peleado con mi primo y llevaba desde diciembre “con el agua cortada” (sin crédito ni mercaderías), mientras se acumulaban las cuentas en mi escritorio: enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio.

Tenía 3 vendedoras y una jefa de tienda y en junio ya no tenía como pagarles el sueldo ni para despedirlas, ni hablar de los finiquitos y todo eso.

El teléfono cortado con una cuenta enorme, luz y agua sin pagar, no tenía para echarle gasolina al auto, la tarjeta de crédito copada y mi cuenta corriente del Banco Ohiggins en cero absoluto.

La guinda de la torta: ¡era papá! el Tomás Jr. peludo como un mono, había nacido hace poco. Por fuera me mantenía alegre y despreocupado como siempre, incluso trataba de no pensar mucho en los problemas porque sabía que se iban a solucionar de alguna manera, pero un día estaba en la casa de la Pilar hablando por teléfono y me fuí derecho al suelo ¡me desvanecí como una jovencita victoriana! Que verguenza.

Cuando me empezaba a ganar la desesperación me ponía a contar mis activos: “Estoy sano, no me duele nada, no tengo cheques protestados ni órden de embargo, tengo amigos, estoy haciendo todo lo correcto, algo tiene que salir“. Pero pasaban y pasaban los meses y no salía nada.

Los que han leído “El Coronel no Tiene Quien le Escriba” se pueden hacer una idea de lo que es vivir esperando que las cosas se arreglen mientras el alimento se va terminando, al final no queda nada, solo un gallo que ni muerto lo tiraba a la cazuela. El gallo en mi caso era la cuenta corriente, y para evitar tentaciones fuí al banco y la cerré.

Y llegó el terrible momento de cerrar el negocio, la reunión con las niñas fue el trago mas amargo, mal que mal dependían de mi, pero se portaron de una manera maravillosa. En pie de guerra me ofrecieron salir a vender los saldos en el auto, para pagar las deudas más urgentes, el resto ya se vería. Así yo dejaba el auto estacionado y las dejaba vendiendo, como a mi me daba verguenza vender en la calle, me iba a pasear y volvía solo a recoger la plata. Marisol, Lily, Cecilia, Isabel, como dice el -cursi- vals de Iquique, hasta el día de hoy las llevo siempre en el corazón.

En fin, ahora me parece divertido aunque en el otoño del 1991 no me hacía maldita gracia, tal como el dicho no me mató y me hizo fuerte. Ahora que ando de nuevo en espera de las buenas noticias me acuerdo de esa época y pienso que en comparación, estas son como unas ricas vacaciones.

11 junio, 2007

¿Se puede trabajar con mentirosos?

Archivado en: mentiras, negociacion, negocios — tombrad @ 11:19 pm

Me sigue dando vueltas en la cabeza la discusión que tuvimos en el grupo de gringos, acerca de el uso del engaño como una práctica no aceptable de negocios.

Yo creo conocer un poco la manera de pensar que tiene la gente que viene de USA, con todas las precauciones del caso, porque en el mundo no se encuentran dos personas que piensen igual, pero si hay ciertas cosas que se podrían considerar como “ampliamente aceptadas” y que ya no me extrañan tanto como antes.

Una de esas cosas es el rechazo a la palabra no cumplida, la mentira o chamullo o el engaño puro, duro y malintencionado. Estos serían tres grados de lo mismo que es una especie de falta de respeto con la verdad o tomarse a la ligera el asunto. Mientras para nosotros el chamullento o el pillo son tipos más o menos simpáticos para ellos son apenas un poquito menos que delincuentes.

Y yo entiendo esto muy bien porque es exactamente lo mismo que me tocó vivir cuando empecé a hacer negocios en Japón, Perú y Bolivia, que son países donde las prácticas normales de negocio parecen aceptar todavía más que nosotros el uso del engaño.

Pero hagamos primero la diferencia. El incumplimiento de la palabra es el primer escalón de la infamia, uno muchas veces no puede cumplir con su palabra, o hacerlo tiene un costo inaceptablemente alto, que no existía en el momento de tomar el compromiso. Yo mismo llevo trabajando un año en esa situación, donde no han podido cumplir con la palabra y con lo que me ofrecieron, por problemas fuera de control ¿que se puede hacer en esos casos? Solo lo que estoy haciendo ahora: mirar para el cielo y rascarme la cabeza. No hay nada que hacer.

El segundo nivel de infamia sería el chamullo: cuando alguien por darse importancia o quedar bien inventa una mentira, ofreciendo cosas que no puede cumplir. Eso es un poco peor porque ya no se trata de problemas externos y fuera de control sino de algo deliberado.

Por último tenemos el nivel más infame que es el cuento, la estafa, un engaño deliberado para sacar provecho personal perjudicando a otro. En muchas partes es una práctica de negocios aceptada- Yo recuerdo que cuando trabajábamos con Casio nos exigían enormes sacrificios por mantenernos como representantes exclusivos en Chile, pero llegaba cualquiera con suficiente plata y le vendían con una triangulación apenas encubierta “It´s business, we cannot control It” me decían cuando reclamábamos.

¿Se puede trabajar con mentirosos?. Los dos primeros niveles son inevitables, en mi propio caso se trata de gente de USA, honorable pero la situación está fuera de su control, hacen lo que pueden y solo me queda esperar. La pregunta del millón es si se puede trabajar con cuenteros y estafadores.

Claro que se puede, es algo que aprendí trabajando con los japoneses de la Casio primero, que fueron como la universidad, y después con peruanos y bolivianos que fueron algo así como el master y el doctorado.

Lo principal es no hacer cuestión moral del asunto, la moral es un asunto muy personal y si esperamos que todos los demás se guien por nuestras ideas morales es que somos muy estúpidos. Sin embargo esa es siempre nuestra primera reacción: escandalizarnos.

Si controlamos eso y entendemos que son “solo negocios”, entonces empezaremos a pensar de la manera correcta. Algo fundamental de comprender es que todo compromiso tiene su límite y nadie en el mundo va a mantener su palabra a cualquier costo. Siempre hay un umbral de validez de la palabra y ese cambia segun la cultura y según la persona, calcular correctamente adonde está el umbral de “sacrificio inaceptable” es una de las principales habilidades que hay que adquirir.

Otra es la desconfianza en las palabras, entre las palabras y los hechos hay un mundo de diferencia y los seres humanos son capaces de hacer maravillas con el lenguaje, no así con los hechos. La historia es mucho mejor predictor que lo que las personas dicen, a las lindas palabras se las lleva el viento.

Pero esto ya se está estirando demasiado así es que lo dejaré hasta aquí nomás, tampoco voy a latearlos con el libro de cocina completo, con dos recetas basta y sobra. En conclusión SI se puede trabajar con mentirosos y con mucho provecho además, solo hay que encontrar el ajuste. Y como dice el corrido, ya con esta me despido. Hasta mañana mis amigos.

>¿Se puede trabajar con mentirosos?

Archivado en: mentiras, negociacion, negocios — tombrad @ 11:19 pm

>Me sigue dando vueltas en la cabeza la discusión que tuvimos en el grupo de gringos, acerca de el uso del engaño como una práctica no aceptable de negocios.

Yo creo conocer un poco la manera de pensar que tiene la gente que viene de USA, con todas las precauciones del caso, porque en el mundo no se encuentran dos personas que piensen igual, pero si hay ciertas cosas que se podrían considerar como “ampliamente aceptadas” y que ya no me extrañan tanto como antes.

Una de esas cosas es el rechazo a la palabra no cumplida, la mentira o chamullo o el engaño puro, duro y malintencionado. Estos serían tres grados de lo mismo que es una especie de falta de respeto con la verdad o tomarse a la ligera el asunto. Mientras para nosotros el chamullento o el pillo son tipos más o menos simpáticos para ellos son apenas un poquito menos que delincuentes.

Y yo entiendo esto muy bien porque es exactamente lo mismo que me tocó vivir cuando empecé a hacer negocios en Japón, Perú y Bolivia, que son países donde las prácticas normales de negocio parecen aceptar todavía más que nosotros el uso del engaño.

Pero hagamos primero la diferencia. El incumplimiento de la palabra es el primer escalón de la infamia, uno muchas veces no puede cumplir con su palabra, o hacerlo tiene un costo inaceptablemente alto, que no existía en el momento de tomar el compromiso. Yo mismo llevo trabajando un año en esa situación, donde no han podido cumplir con la palabra y con lo que me ofrecieron, por problemas fuera de control ¿que se puede hacer en esos casos? Solo lo que estoy haciendo ahora: mirar para el cielo y rascarme la cabeza. No hay nada que hacer.

El segundo nivel de infamia sería el chamullo: cuando alguien por darse importancia o quedar bien inventa una mentira, ofreciendo cosas que no puede cumplir. Eso es un poco peor porque ya no se trata de problemas externos y fuera de control sino de algo deliberado.

Por último tenemos el nivel más infame que es el cuento, la estafa, un engaño deliberado para sacar provecho personal perjudicando a otro. En muchas partes es una práctica de negocios aceptada- Yo recuerdo que cuando trabajábamos con Casio nos exigían enormes sacrificios por mantenernos como representantes exclusivos en Chile, pero llegaba cualquiera con suficiente plata y le vendían con una triangulación apenas encubierta “It´s business, we cannot control It” me decían cuando reclamábamos.

¿Se puede trabajar con mentirosos?. Los dos primeros niveles son inevitables, en mi propio caso se trata de gente de USA, honorable pero la situación está fuera de su control, hacen lo que pueden y solo me queda esperar. La pregunta del millón es si se puede trabajar con cuenteros y estafadores.

Claro que se puede, es algo que aprendí trabajando con los japoneses de la Casio primero, que fueron como la universidad, y después con peruanos y bolivianos que fueron algo así como el master y el doctorado.

Lo principal es no hacer cuestión moral del asunto, la moral es un asunto muy personal y si esperamos que todos los demás se guien por nuestras ideas morales es que somos muy estúpidos. Sin embargo esa es siempre nuestra primera reacción: escandalizarnos.

Si controlamos eso y entendemos que son “solo negocios”, entonces empezaremos a pensar de la manera correcta. Algo fundamental de comprender es que todo compromiso tiene su límite y nadie en el mundo va a mantener su palabra a cualquier costo. Siempre hay un umbral de validez de la palabra y ese cambia segun la cultura y según la persona, calcular correctamente adonde está el umbral de “sacrificio inaceptable” es una de las principales habilidades que hay que adquirir.

Otra es la desconfianza en las palabras, entre las palabras y los hechos hay un mundo de diferencia y los seres humanos son capaces de hacer maravillas con el lenguaje, no así con los hechos. La historia es mucho mejor predictor que lo que las personas dicen, a las lindas palabras se las lleva el viento.

Pero esto ya se está estirando demasiado así es que lo dejaré hasta aquí nomás, tampoco voy a latearlos con el libro de cocina completo, con dos recetas basta y sobra. En conclusión SI se puede trabajar con mentirosos y con mucho provecho además, solo hay que encontrar el ajuste. Y como dice el corrido, ya con esta me despido. Hasta mañana mis amigos.

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