Tomas Bradanovic

11 marzo, 2008

Crepúsculo y recuerdos

Archivado en: neruda. poema 10 — tombrad @ 9:14 pm



“¿Tuviste un mal día? pudo ser peor, siempre puede ser peor“. Esta me la mandó Freddy, un ariqueño que vive en USA, habitual de este Templo del Ocio desde hace años, muy adecuada para estos tiempos de vacas flacas. Generalmente los mail con adjuntos se quedan atrapados en el filtro de spam pero este se pasó no se como, una señal divina tal vez. Saludos Freddy allá en la soleada California.

Hoy en la tarde me invitaron un café capuccino y me acordaba de mi antiguo jefe don Zvi Posner, muerto hace varios años, que una vez me comentó que le encantaba el buen café y cuando quiero darse un lujo, iba al local de enfrente a tomarse un espresso. Extrañado, sabiendo los millones de dólares de su cuenta le dije “pero que le cuesta comprarse una cafetera, importar los mejores cafés del mundo y pagar a un mozo para que le sirva”. Siempre me acuerdo lo que me contestó: “no pues, porque si tomara todos los días se convertiría en un hábito y perdería uno de los placeres que tengo”.

No conversábamos mucho, pero aprendía por cosas que decía casi al pasar, la experiencia de haber quedado sin familia cuando niño y varios años en un campo de concentración -asunto que rara vez mencionaba- le daban una forma bien interesante de ver las cosas. Así me di cuenta de la importancia de los lujos pequeños y escasos, porque si no pierden valor. Mi lujo es fumarme un cigarro puro de vez en cuando, a veces pasan meses y hasta un año antes que me sienta lo suficientemente solvente como para comprarme uno y por eso lo disfruto tanto. Si fumara todos los días no tendría ninguna gracia.

Volvimos a la carga
con el control de inventario del Rapa Nui, el asunto es endiabladamente difícil tanto por cosas técnicas como de organización. Los tragos tienen recetas que consumen los insumos en distinta proporción, los computadores son especialmente torpes cuando los procesos se ponen complicados. La gracia de los programas es que sean simples y repetitivos porque eso es lo que el computador hace mejor. De la organización mejor ni hablar, esta llena de restricciones casi insolubles.

Me acordé de uno de los primeros programas que hice para la Gobernación Marítima de Iquique, cuando me asignaron a un teniente joven para que me explicara como era el problema del manejo de los barcos que llegan y salen del puerto. En el fondo el teniente -que conocía el problema- iba a hacer el diseño lógico y yo lo iba a codificar. Pasaron varios meses y el asunto se complicó hasta lo incalculable, ya nadie entendía nada y me di cuenta que el asunto nunca iba a funcionar, porque el teniente conocía el problema pero no tenía idea como funcionaban los computadores.

Esa fue mi primera y más valiosa lección, nunca entregar el diseño de un programa a nadie, eso lo hago yo o no hago nada. Como anécdota, muchos años después me encontré con el teniente, que había dejado la Armada y se tituló de ingeniero civil informático en la Universidad Federico Santa María, por lo menos se entusiasmó y sacó algún provecho de todo el enredo.

Vuelvo a Zvi Posner, que fue una de las personas extraordinarias que conocí. Cultivaba maniaticamente el bajo perfil, le gustaba que nadie lo conociera y le pidieran la tarjeta de identificación para entrar al Recinto Amurallado de la ZOFRI siendo uno de los empresarios más importantes de esos años. Cuando trabajaba en la empresa me empezó a ir bien, me invitaron a Japón y me hice muy amigo de los gerentes de área. Yo estaba muy orgulloso de mi trabajo después de eso.

La cosa es que me sentía como un Einstein de los negocios cuando los japs me elevaban la cambucha. Una vez que me jactaba de lo bien que manejaba a los japoneses don Zvi me dijo, Tomás, tu eres muy habil, a ver si ahora aprendes a ser un poco inteligente, la cosa me cayó muy mal en el momento y pensé que era por envidia o algo así, pero empecé a poner ojo en las cosas que hacía. Tiempo después, cuando se me había olvidado la cosa me dijo “parece que aprovechaste el comentario”, seco. Era como esos de Mi Personaje Inolvidable que aparecían en el Reader´s Digest.

En fin, pensar que lo pelábamos tanto y era más vivo que todos nosotros juntos, con los años, me fuí dando cuenta. Asi pasa siempre. Y como ven, no tenia nada muy interesante que escribir hoy, solo el recuerdo que me trajo una taza de café. El cielo está rojo, de un color muy raro mientras termino de escribir estas tonteras. Crepúsculo y recuerdos, Neruda en sus primeros años estaba obsesionado con los crepúsculos, cuando viejo le dió por las raíces, el Poema 10 es de los primeros:

Poema 10

Hemos perdido aun este crepúsculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.

He visto desde mi ventana
la fiesta del poniente en los cerros lejanos.

A veces como una moneda
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.

Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces.

Entonces, dónde estabas?
Entre qué gentes?
Diciendo qué palabras?
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?

Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo,
y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.

Siempre, siempre te alejas en las tardes
hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.

Hasta mañana, amigos

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