
Cuando hicimos el curso de dirección estratégica, unas semanas atrás, entre los casos que teníamos que exponer estaba el de Madonna que a mi me llamó la atención. Se trataba de analizar la carrera de Madonna y ver los límites a que puede llegar un negocio basado en la constante innovación ¿puede sostenerse un negocio que se debe reinventar todos los años?, hay pocos casos así que hayan tenido éxito. Hay artistas como los Beatles en la música o Picasso en la pintura que hicieron de su carrera una continua búsqueda, pero el caso de Madonna es distinto porque se trata de una cantante sin ningún talento especial como artista, es una cantante y actriz mediocre que vende más que nada su imagen personal.
3 julio, 2009
El caso Madonna
Lo conversábamos con mi tocayo, que es psicoloco, al calor de unas cervezas por supuesto, acerca del éxito que ha tenido vendiéndose como “gente como uno”, alguien sin mucho talento pero con tenacidad, tan ingeniosa que cada año están todos esperando con que cosa nueva va a aparecer. Es como los productos Apple que venden una ilusión de marca innovadora. Si a algún fanático de Madonna o Apple le preguntan por qué les gusta, después de muchas racionalizaciones concluirán porqué sí, porque se identifican.
Bueno, para un genio como Picasso puede ser muy divertido cambiar de estilo completamente cada vez que se aburre con uno, pero para alguien corriente y sin talento especial como Madonna la cosa no debe ser nada de fácil y el costo en calidad de vida debe ser enorme. Es increíble que se haya mantenido tantos años sin colapsar.
El que colapsó muy temprano fué Michael Jackson, leí con atención la entrevista que le dió a Oprah Winfrey donde dice que jamás se miraba al espejo. Siendo un perfeccionista como el mismo dijo, debe haber tenido un tremendo conflicto con su apariencia, como esas mujeres que reaccionan con anorexia. Se habla siempre sobre el valor de la disciplina y el hacer las cosas bien, bueno, Madonna y Jackson son dos ejemplos, a uno le fue mal y la otra, sorprendentemente todavía mantiene la cabeza sobre el agua.
Son dos ejemplos del negocio de la innovación, que es muy riesgoso y yo creo que siempre tiene sus límites. Nada se puede sostener para siempre innovando, menos con ciclos de vida cortos porque se produce un enorme desgaste.
“Cuando lo hace un presidente, no es ilegal” veo en Arica City la recomendación de la película Frost vs Nixon sobre la serie de entrevistas que le hizo David Frost a Nixon sobre Watergate donde tricky dicky trata de explicar, con muy malos resultados, la razón de estado, que consiste en que todos los presidentes actúan a veces por encima de la ley, bien directamente o terceros en su nombre cuando se trata de defender la seguridad del estado o lo que ellos entiendan por eso.
Una pequeña corrección al artículo,, David Frost no era un periodista de espectáculos ni mucho menos comparable a Sergio Lagos, “Sir” David, de hecho es un gran intelectual, escritor y famoso entrevistador, se podría decir que Cristian Warnken es una versión local -de bajo presupuesto- de Frost. En fin, no me gustó la película, maniquea y superficial como casi todo lo de Hollywood.
Acabo de salir de una conferencia que dió en la escuela un cura jesuíta y abogado sobre ética y derecho del trabajo, lamentable, me mordí la lengua para no hablar, creo que es un buen ejercicio refrenarse cuando alguien está urdiendo razonamientos burdos y tramposos. Prefiero a los curas antiguos, esos de sotanas, fanáticos y con mal carácter, un tipo así al menos se merece mi respeto, no así un embustero buena onda. Me acordé del nunca bien ponderado “cura Jolo”. En fin, al diablo con eso, en la tarde no voy a trabajar solo por prevención. Hasta mañana.