Cuando tuve nengocio, a fines de los ochentas, me quebré un buen tiempo la cabeza buscando el nombre, finalmente elegí “Importadora Montecarlo” por los Métodos de Montecarlo de ingeniería eléctrica, que usan una combinación de azar y cálculo. No fué un nombre afortunado porque a los pocos años terminé en bancarrota y con una inmensa deuda, el nombre nunca pegó, le decían la tienda del Tomás o el casero malo, según mis clientas del Perú cuando les peleaba los precios: “casero, tu eres un avaro, malo, malo, no tienes piedad con tus pobres clientas”.
El nombre es importante porque define a una marca y con el tiempo, -sitodo va bien- queda pegado en la memoria de todos, así es como recuerdo alguna de las principales marcas de Arica.
Manhattan, por ejemplo, fue una de las más importantes que todos los ariqueños con más de 30 años en la ciudad recordamos “si no conoce el Manhattan, no conoce Arica”, fué la boite más importante de la ciudad por décadas, eclipsando a su eterna competidora el Blue Star de la tía Juanita Medel. La boite Manhattan fue un hito importante y un orgullo para la ciudad.
Sigamos con las marcas antigual, El Rosedal fue famoso local de bailes en los años 50-60 y funcionó hasta hace poco, tengo entendido que su dueño aún vive, una vez me escribió su hijo y me habría encantado tener más noticias de él, yo no lo conocí pero tmuchos ariqueños antiguos recuerdan al Rosedal con cariño y nostalgia, fue otra marca de respeto en la ciudad.
Más adelante en el tiempo encontramos a la famosísima botillería Cali, la catedral de los borrachos en los años 70-80 atendida por los Rocco, todavía a veces me cruzo con alguno de ellos o con un primo, estaba en Baquedano casi esquina Maipú, donde hoy funciona la sandwichería Hyppy si no me equivoco, son antos los buenos recuerdos de esa botillería donde se vendían los famosos combinados preparados en dos botellas de a litro: una de pisco y una cocacola hacian una mezcla tan maravillosa como el más perfecto martini. Otras botillerías de marca que vinieron después fueron Don Chumingo de Renato del Real, que todavía funciona en Maipú con Prat y Chuminguito, del chilote Cárcamo en Ohiggins con San Martín, grandes marcas todas esas.
Otra marca de gran importancia durante una década o más fue el Cuchi-Cuhi en playa Brava que llenaba la calle cada fin de semana también en los ochentas, muchos ariqueños célebres fueron concesionarios del Cuchi, recuerdo al loco Erazo (fallecido trágicamente) y al guatón Camán entre los más conocidos. El Cuchi fue una gran marca y punto de reunión de todo Arica, finalmente lo tomó Andrés Pavicic, le hizo una gran remodelación y el lugar se fué al diablo, empezó a decaer más y más hasta ahora que está convertida en la disco gay de la ciudad.
Hay marcas que tuvieron enorme importancia en la ciudad pero que ya nadie recuerda: el Gran César, que fué precursor de los “todo a mil” que llegaron muchos años después”, el Casanova, punto de reunión de los jóvenes en los sesentas (en 21 de Mayo con Baquedano), el Tourist Ranch, famoso no solo por la comida sino por unas cabañas que tenía convenientemente ubicadas en la parte trasera, la fuente de soda Colón, de los Brito, al lado de la !ra Compañía de Bomberos, la boite Africa 2000 que reinó en los ochentas, la pastelería La Tranquera de los Loredo, en fin, muchas marcas que tuvieron éxito y hoy no existen.
Un buen nombre puede traer suerte a un negocio o lugar y hoy vemos negocios qu han durado muchos años con el mismo nombre: la botillería el Gran Pirula de los Moscoso, los restaurant Don Floro y Pica del Muertito, las empanadas La Temucana, el Rompe Olas, el Cuchi Cuchi de los Pobres, los Puchos Lacios. En fin, lo que puede hacer un buen nombre bien lo sabía Oscar Wilde, pensar que con un buen nombre todos me darían crédito y las chicas caerían como moscas a mis pies, que diablos, Tomásito es lo que hay nomás.