Tomas Bradanovic

11 noviembre, 2007

Necesito un gasfiter

Archivado en: gasfiteria, gourmet, nyc, pasteles — tombrad @ 9:52 pm

Todo el maldito problema empezó hace unos dos meses atrás cuando la llave del baño empezó a gotear y cada día había que apretarla más fuerte para que cerrara. Además nuestra tía favorita, que tiene como 150 años y la mano derecha con una fractura que no le sanó nunca, tenía los problemas que ustedes imaginarán para dejar la llave bien cerrada.

Entonces apareció la Pilar con una llave de esas que no se dan vuelta, pero había que colocarla. “Sacar una llave y colocar otra, que cosa más fácil” pensé y me fuí de inmediato a buscar mi completo set de herramientas pensando que lo haría en un par de minutos. Pero se me olvidó que yo tengo dos manos izquierdas con puros dedos gordos y al rato, después de traspirar y garabatear de lo lindo, dejé todo botado y me fuí a dormir. “Ya lo sabía” refunfuñó mi querida suegra mientras recogía las herramientas y todo lo que dejé desparramado en el suelo.

Mi solución provisoria para siempre, fue cortar la llave de paso y si alguien se quería lavar las manos o la cara perfectamente podía usar la ducha. Y así pasó un par de semanas, hasta que los reclamos del populacho y mi propia incomodidad me llevaron en una tarde de aburrimiento a intentarlo de nuevo.

En el segundo intento tuve resultados mixtos, el agua fría quedó bien pero el agua caliente goteando, la solución a la chilena fue poner un vaso debajo de la gotera, pero estar vaciando el vaso era casi tan molesto como arreglar el maldito asunto así es que me fuí a un tercer intento. “La tercera es la vencida” pensé.

Pero no fue asi porque al final rompí uno de los flexibles cuando no pude controlar mi fuerza extraordinaria, así es que opté por colocar un tapón en el agua caliente, ¿quien necesita la maldita agua caliente? pensé. Todo se veía muy bien, hasta que lo probé: el agua fría perfecta pero al abrir para el lado del agua caliente botaba un chorro impresionante por el flexible abierto. Quedé mojado entero y me acordé de una película de los tres chiflados, de seguir así iba a inundar la casa, así es que opté por una solución salomónica: cerrar de nuevo la llave de paso.

Ahora para lavarse las manos hay que abrir el mueble, abrir la llave de paso, cerrar el mueble, dar el agua para el lado correcto (para el otro lado queda la escoba), abrir el mueble y volver a cerrar la llave de paso, para que no vaya alguien -por equivocación- a abrir para el lado incorrecto. En fin, ¡necesito un gasfiter!

Pasando a otro tema más agradable, recién estuve donde la Mila en mi trabajo de beta-tester de sus creaciones, su negocio de pastelería gourmet va viento en popa y la calidad de los pasteles es extraordinaria: ella misma fabrica la mantequilla de maní, el queso crema la crema chantilli, ¡todo es fresco y natural!. Si son de Arica no pierdan la oportunidad de probar esos pasteles, se encargan de un día para otro y la descripción la pueden ver en La Manzana Neoyorkina, sin duda es lo mejor que se puede obtener en Arica, me consta que no hay nada que se le acerque en cuanto a estándares de calidad y sabor. Si a alguien le interesa distribuirlos o encargar contácte a su mail o conmigo, encantado les haré el contacto. De Nueva York a Arica, solo lo mejor.

En fin, son las 12:02 y hoy me voy a dormir temprano, no todos los días son Santa Lucía, hasta mañana mis amigos.

Necesito un gasfiter

Archivado en: gasfiteria, gourmet, nyc, pasteles — tombrad @ 9:52 pm

Todo el maldito problema empezó hace unos dos meses atrás cuando la llave del baño empezó a gotear y cada día había que apretarla más fuerte para que cerrara. Además nuestra tía favorita, que tiene como 150 años y la mano derecha con una fractura que no le sanó nunca, tenía los problemas que ustedes imaginarán para dejar la llave bien cerrada.

Entonces apareció la Pilar con una llave de esas que no se dan vuelta, pero había que colocarla. “Sacar una llave y colocar otra, que cosa más fácil” pensé y me fuí de inmediato a buscar mi completo set de herramientas pensando que lo haría en un par de minutos. Pero se me olvidó que yo tengo dos manos izquierdas con puros dedos gordos y al rato, después de traspirar y garabatear de lo lindo, dejé todo botado y me fuí a dormir. “Ya lo sabía” refunfuñó mi querida suegra mientras recogía las herramientas y todo lo que dejé desparramado en el suelo.

Mi solución provisoria para siempre, fue cortar la llave de paso y si alguien se quería lavar las manos o la cara perfectamente podía usar la ducha. Y así pasó un par de semanas, hasta que los reclamos del populacho y mi propia incomodidad me llevaron en una tarde de aburrimiento a intentarlo de nuevo.

En el segundo intento tuve resultados mixtos, el agua fría quedó bien pero el agua caliente goteando, la solución a la chilena fue poner un vaso debajo de la gotera, pero estar vaciando el vaso era casi tan molesto como arreglar el maldito asunto así es que me fuí a un tercer intento. “La tercera es la vencida” pensé.

Pero no fue asi porque al final rompí uno de los flexibles cuando no pude controlar mi fuerza extraordinaria, así es que opté por colocar un tapón en el agua caliente, ¿quien necesita la maldita agua caliente? pensé. Todo se veía muy bien, hasta que lo probé: el agua fría perfecta pero al abrir para el lado del agua caliente botaba un chorro impresionante por el flexible abierto. Quedé mojado entero y me acordé de una película de los tres chiflados, de seguir así iba a inundar la casa, así es que opté por una solución salomónica: cerrar de nuevo la llave de paso.

Ahora para lavarse las manos hay que abrir el mueble, abrir la llave de paso, cerrar el mueble, dar el agua para el lado correcto (para el otro lado queda la escoba), abrir el mueble y volver a cerrar la llave de paso, para que no vaya alguien -por equivocación- a abrir para el lado incorrecto. En fin, ¡necesito un gasfiter!

Pasando a otro tema más agradable, recién estuve donde la Mila en mi trabajo de beta-tester de sus creaciones, su negocio de pastelería gourmet va viento en popa y la calidad de los pasteles es extraordinaria: ella misma fabrica la mantequilla de maní, el queso crema la crema chantilli, ¡todo es fresco y natural!. Si son de Arica no pierdan la oportunidad de probar esos pasteles, se encargan de un día para otro y la descripción la pueden ver en La Manzana Neoyorkina, sin duda es lo mejor que se puede obtener en Arica, me consta que no hay nada que se le acerque en cuanto a estándares de calidad y sabor. Si a alguien le interesa distribuirlos o encargar contácte a su mail o conmigo, encantado les haré el contacto. De Nueva York a Arica, solo lo mejor.

En fin, son las 12:02 y hoy me voy a dormir temprano, no todos los días son Santa Lucía, hasta mañana mis amigos.

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