Tomas Bradanovic

11 octubre, 2010

>Con la salud no se juega

Archivado en: azules, estrategia, oceanos — tombrad @ 8:56 pm

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Luego de un largo fin de semana -lunes feriado por el descubrimiento de América- ya estoy de vuelta en la lucha cotidiana, haciendo como que trabajo, para que hagan como que me pagan. Como dice mi tocayo Tom Wilke, todo es ilusión en este cochino mundo, así es que no hay de que preocuparse. La cosa es que estoy de nuevo sentado en el escritorio, acabo de ordenar la montaña de papeles que se me han ido acumulando este año y -como era previsible- no encontré el documento que buscaba. No me queda más que hacer que entrar a este Club del Ocio y escribir mi entrada diaria.
Leo sobre el síndrome de Belmont que consiste en “cambiar el hogar, la esposa y los problemas de un simpático suburbio por la oficina, la computadora y el aula, sin molestias o agobios resultantes de la controversia, la crítica e incluso las ideas turbadoras” (Galbraith) esto es, en lugar de trabajar en el mundo real, sujetos a los problemas y la competencia, dedicarse a hacer clases en la universidad enseñando cosas que no se entienden muy bien, o si se entienden son tan triviales que apenas vale la pena enseñarlas. La vie en rose, claro que es para unos pocos suertudos nomás.
Lo ideal no es ganar la competencia, sino correr solo evitando la competencia. Estaba revisando un compilado de artículos clásicos de la Harvard Business Review y me encontré con La Estrategia del Océano Azul de W. Cahn Kim y Reneé Mauborgne. Recién entonces me di cuenta que el grupo Océanos Azules que asesoraba a Frei en su última campaña, no tenía ese nombre porque el candidato fuera hincha de la U de Chile, sino por estos otros tipos. Me pareció una idea novedosa así es que colocaré una síntesis del asunto.
El artículo parte contando la historia del fundador del Cirque du Soleil que tuvo gran éxito en una industria que estaba en plena decadencia como son los circos. La causa de este éxito se explica en que -al revés de lo que normalmente se enseña- no compitió con nadie, sino que abrió un nuevo mercado donde no existía competencia. A esos nuevos mercados es lo que llaman océanos azules, en contraste con los océanos rojos con la sangre de los que se disputan su porción de mercado. ¿Por que se enseña tanto a pelar en mercados competitivos y tan poco a abrir mercados nuevos?, dicen los autores:
Parte de la explicación es que la estrategia corporativa está fuertemente influenciada por sus raíces en la estrategia militar. El propio lenguaje de la estrategia está imbuido de referencias militares: “ofensiva”, “penetrar mercados”, “primera línea”. Visto de esa forma la estrategia dice relación con la competencia en océanos rojos. Se trata de confrontar a un oponente y ahuyentarlo de un campo determinado.
Dicen también los autores que -pese a que el nombre es nuevo- los oceános azules es un concepto muy antiguo y todas las grandes innovaciones consisten en entrar en mercados que antes no existían (“un auto para todos” de Henry Ford, “un auto a la medida de cada uno” de General Motors, “un auto confiable de bajo consumo” de los japoneses o “la minivan” de Chreysler).
Esa es la idea, más o menos: crear un espacio de mercado no disputado, donde la competencia sea irrelevante, crear y capturar nueva demanda. La idea de océanos azules choca de frente con Porter en que busca diferenciación y bajo costo a la vez, algo que Porter dice que jamás se debe hacer. Es interesante leer algo que contradice tan violentamente al guru de la estrategia y que parece bastante razonable.
Y ya está empezando el rescate de los 33 mineros que será la culminación de un festín mediático que ha durado un par de meses. Todos están ganando en esto: no se ha muerto ni un solo minero, el gobierno ha adquirido la imagen de decidido y eficiente, los medios de prensa han exprimido hasta la última gota del reality show, en fin, tal vez deberían programar unos dos o tres derrumbes más para mantener ocupada la atención de la gente, hasta los políticos de izquierda quieren sacar una mascadita a la torta mediática posando como indignados defensores contra los empresarios chupasangre. Los únicos perjudicados fueron los mapuches que les arruinaron su huelga de hambre, pero ya habrá tiempo para eso.
Ha sido el accidente más fructífero del año, creando superhéroes a partir de cero, los mineros, aparte del terrible susto que se deben haber pegado las primeras semanas van a salir convertidos en mini celebridades. El Tomás Jr.me mandó ese video de los Simpsons del niño que se cayó al pozo, ni siquiera para los accidentes somos originales. Como bien dijo Stuart Mill hablando sobre la opinión pública “unos pocos discretos y muchísimos tontos”.
Mucho trabajo por hoy, es hora de irme a casita a almorzar, no voy a estar gastando mis pulmones por nada miren que con la salud no se juega. Hasta luego.

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