Tomas Bradanovic

11 julio, 2010

El beber me llama

Archivado en: paella — tombrad @ 12:34 pm


Me escribe mi amigo el arquituerto Marco Antonio Diaz:

Joven Tomás:
Como fervientes devotos del pulpo Paul hicimos una paella para la previa… unos pulpos al olivo hubiese sido una herejía!!
Adjunto fotos… la última es la porción que te estaba esperando.


Ah pero anoche yo tenía un compromiso anterior donde Oscarini, y ahí estuvimos arreglando los problemas mundiales y discutiendo sobre la importancia del agua en la navegación y del aire en las pelotas de fútbol, al calor de un ron Matusalen y una chorrillana a la iquiqueña. La naturaleza es sabia, yo no se ni freir un huevo pero tengo puros amigos buenos para la cocina, el Oscar cocina muy bien y Marco hace una paella que ya es famosa en Arica ¡con esos amigos si que no se pasa hambre!.
Miren este buen texto de Mario Vargas Llosa, es de su libro El Pez en al Agua:

Pero la verdadera razón del fracaso matrimonial no fueron los celos, ni el mal carácter de mi padre, sino la enfermedad nacional por antonomasia, aquella que infesta todos los estratos y familias del país y en todos deja un relente que envenena la vida de los peruanos: el resentimiento y los complejos sociales. Porque Ernesto J. Vargas, pese a su blanca piel, sus ojos claros y su apuesta figura, pertenecía o sintió siempre que pertenecía, lo que es lo mismo a una familia socialmente inferior a la de su mujer. Las aventuras, desventuras y diabluras de mi abuelo Marcelino habían ido empobreciendo y rebajando a la familia Vargas hasta el ambiguo margen donde los burgueses empiezan a confundirse con eso que los que están más arriba llaman el pueblo, y en el que los peruanos que se creen blancos empiezan a sentirse cholos, es decir, mestizos, es decir, pobres y despreciados. En la variopinta sociedad peruana, y acaso en todas las que tienen muchas razas y astronómicas desigualdades, blanco y cholo son términos que quieren decir más cosas que raza o etnia: ellos sitúan a la persona social y económicamente, y estos factores son muchas veces los determinantes de la clasificación. Ésta es flexible y cambiante, supeditada a las circunstancias y a los vaivenes de los destinos particulares. Siempre se es blanco o cholo de alguien, porque siempre se está mejor o peor situado que otros, o se es más o menos pobre o importante, o de rasgos más o menos occidentales o mestizos o indios o africanos o asiáticos que otros, y toda esta selvática nomenclatura que decide buena parte de los destinos individuales se mantiene gracias a una efervescente construcción de prejuicios y sentimientos desdén, desprecio, envidia, rencor, admiración, emulación que es, muchas veces, por debajo de las ideologías, valores y desvalores, la explicación profunda de los conflictos y frustraciones de la vida peruana. Es un grave error, cuando se habla de prejuicio racial y de prejuicio social, creer que éstos se ejercen sólo de arriba hacia abajo; paralelo al desprecio que manifiesta el blanco al cholo, al indio y al negro, existe el rencor del cholo al blanco y al indio y al negro, y de cada uno de estos tres últimos a todos los otros, sentimientos, pulsiones o pasiones, que se emboscan detrás de las rivalidades políticas, ideológicas, profesionales, culturales y personales, según un proceso al que ni siquiera se puede llamar hipócrita, ya que rara vez es lúcido y desembozado. La mayoría de las veces es inconsciente, nace de un yo recóndito y ciego a la razón, se mama con la leche materna y empieza a formalizarse desde los primeros vagidos y balbuceos del peruano.


Es un párrafo muy largo, extraño al estilo de Vargas Llosa y es uno de sus peores libros, en mi opinión al menos, pero explica de manera extraordinaria la enfermedad nacional por antonomasia que -en mayor o menor medida- sufrimos en toda América Latina, la costumbre de mirar en menos a los demás y de ser serviles con los que creemos superiores. Que hacer, esa si que es una verdadera enfermedad social.
Estoy de cabeza trabajando en mi tesis, así es que no escribo más por ahora, el deber me llama, y más tarde el beber me llama en la casa de Grg y Judy, para eso están los amigos ¿no?. Hasta mañana.

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