Tomas Bradanovic

14 mayo, 2008

Ariqueños de antes

Archivado en: juan guillen, pancho celedon — tombrad @ 1:59 pm

Anoche estaba de cumpleaños mi compadre Oscarini, me pasó a buscar al Rapa y nos fuimos para el casino que queda justo al frente. La suerte con las fichas no estuvo buena y nos fuimos a comer un picadillo al restaurant La Cava que a esas horas estaba vacío.

Lo que quería mencionar -antes que se me olvide- es la importancia de don Panchito Celedón en Arica. El eterno maitre del casino, amigo de todo el mundo ¿quien no le ha pedido un favor a don Pancho en algún momento?, nunca he conocido a nadie con mejor disposición, más caballeroso y servicial que el. Los muchachos del pensionado de la Universidad del Norte, años ha, hoy viejos cincuentones, lo recuerdan con mucho cariño, cuando llegaba a matarles el hambre con un pollo asado a conversar y compartir unas cervezas.

Don Pancho es un personaje poco reconocido de la ciudad, para mi representa el verdadero espíritu ariqueño de amistad y buena disposición, siempre atento para solucionar un problema o hacer algún servicio. Es bueno saber que todavía quedan ariqueños así, aunque parece que antes eran más, basta recordar a mi vecino Juanito Guillén Canales, o a Luis Valente Rossi. En fin, grande don Panchito, vaya mi saludo para él desde este Templo del Ocio.

Ahora todos los ariqueños conocidos parecen más ambiciosos, más preocupados del provecho personal, más desfachatados. Parece que se considera normal que todos traten de arreglarse con plata del fisco, que saquen provecho y coloquen descaradamente a su propia familia en puestos de poder. Hasta los demagogos que andan repartiendo ayudas sociales son más descarados y no se toman la molestia de ocultar su objetivo: tener la llave de la caja de fondos municipal o del Gobierno Regional.

Cuando existían los ariqueños más desinteresados se podía decir que -hasta cierto punto- el estado éramos todos nosotros. No es que no hubiesen sinverguenzas pero no eran tantos, nunca hubo tantos como ahora. Hoy eso de que el estado somos todos nosotros es una mentira, el estado es el que tiene una chequera fiscal y poder de firma, el estado es el que asigna contratos millonarios, esos son los verdaderos dueños del estado, los que tienen la llave de la caja de fondos, el resto es pura poesía.

Viendo lo que ha pasado con la remodelción de la calle Maipú, un desastre lleno de chambonadas donde nadie responde por las estupideces que hacen me acuerdo de esa canción que dice “Es mi país, es un país esponja, se chupa todo lo que pasó”. Acá un político bien afianzado puede hacer cualquier cosa y no le pasa nada, es como tener licencia para matar. Recuerdo que en 1990 muchos pensamos en Juan Guillén para Alcalde de Arica, pero los partidos políticos tenían otras cosas en mente, llevaron a Santiago Arata, gravemente enfermo que duró unos cuantos días en el cargo. Luego estuvieron Hernán Lagos, Iván Paredes y Carlos Valcarce, tres alcaldes en 17 años ¿no será como mucho? Sin contar que colocaron hasta el gato de su familia en algún puesto. Algo anda mal, la cosa ya no es como antes.

En fin, a mi que me importa, no es mi asunto. Que se pudran. Ha sido la sección despotricando del día de hoy, será mis amigos, hasta mañana.

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