A ver a ver, que cosa escribo hoy, como ando más ocioso que nunca no saco nada con contarles lo que no estoy haciendo, ya sé, voy a contarles la historia del Papagayo.
A finales de los locos ochentas, cuando en Arica se vivió la fiebre del oro del contrabando hacia el Perú, que como ya les he contado, hizo y deshizo fortunas, eran años de plata dulce para la mayoría de los comerciantes y aventureros pero también fue un período de vacas muy flacas para los profesionales. Creo que nunca vi tantos profesionales cesantes como en esos años.
Se estaba terminando el Gobierno Militar, lo que produjo grandes purgas en la Universidad de Tarapacá, de un día para otro todos mis amigos, desde el decano para abajo, pasaron de acomodados académicos a desempleados, botaron hasta al Chapulín, el auxiliar de la facultad, pero este resultó ser el más vivo de todos, porque al otro día apareció con un tarro lavando los autos en la puerta de la universidad y todos los profesores que quedaron le daban trabajo, creo que ganó más plata que nunca en su vida.
Otro amigo, conocido profesor de finanzas, no se le ocurrió mejor idea que pasar de la táctica a la práctica y se instaló con una carnicería- Pero todos los amigos -sin plata y fanáticos de los asados- le íbamos a comprar al crédito y a los pocos meses no tenía ni un mísero bistec mientras la caja estaba repleta de “vales” incobrables. Creo que la experiencia le debe haber aprovechado mucho porque ahora es decano de una universidad en Santiago, un cotizado profesor de posgrados y conferencista en materias de riesgo económico.
Mi amigo Daniel había sido gerente de Sony Cantolla, que después de ser la empresa más grande de Chile tuvo una quiebra tan estrepitosa que el Diario Oficial tuvo que aparecer con un grueso anexo, porque no alcanzaban todos los acreedores en la edición normal. O sea, pasó de ser top ejecutivo, con avioneta y cuenta de gastos ilimitada a simple mortal, de la noche a la mañana.
Muchos damnificados de la quiebra de Cantolla se fueron a refugiar a la universidad que, para mala suerte, entró en la desesperación del plebiscito y comenzaron las purgas que dejaron a todos cesantes de nuevo. En fin, Arica era la capital nacional de los cesantes ilustrados, yo mismo venía arrancando de Computrónica una empresa más negra que mi alma y me preguntaba que podría hacer para ganarme el caviar nuestro de cada día.
Así fue como nació Viera, Bradanovic, Navarro Ltda., una asociación de naúfragos con el objetivo de parar la olla en tiempos difíciles. Del trabajo no quiero ni acordarme, excepto que efectivamente me ayudó a salir del apuro, pero la sociedad me dejó dos recuerdos memorables, uno fue la extraordinaria aventura con la Estela Raval Chilena, que ya conté hace tiempo, y la otra fue la más divertida de nuestras asesorías: el Cosmocentro.
Como les dije, era la fiebre del oro del contrabando y la especulación inmobiliaria era enorme, así es que creamos un proyecto para hacer un centro comercial. La cosa es que Mario, el presidente de la sociedad tenía un pequeño restaurant llamado “El Papagallo” que lo tomamos rápidamente como sede social, centro de eventos y oficina.
No recuerdo haber conocido personajes más extraordinarios que entonces: Mario era ingeniero civil químico pero creo que jamás había tomado una probeta, lo suyo era el comercio y además del restaurant tenía un negocio de toallas. Su hermano Augusto, el brujo, había estudiado sociología sin terminar y al final terminó, pero en la cocina, entre sartenes y cacerolas.
Ir al Papagayo era una continua fiesta, un circo que no paraba nunca. Por supuesto empezaron los jueves culturales, con canciones, sketch y al final hubo que levantar un escenario porque los espectáculos eran profesionales. Todo el mundo en Arica quería ser invitado a los culturales. En fin, gloriosos tiempos y mejores amigos, algún gracioso le dió plata al “cara de muela” para que cuando nos viera en el Papagayo se parara en la puerta a gritar “¡cuídate de los asesores guatón, son los mismos que quebraron a Cantolla!”.
Y claro, todo se terminó, antes de los noventas llegó Fujimori y con la apertura de la economía peruana se terminó el negocio del contrabando, explotó la burbuja y todos pobres de nuevo, bueno, no todos, porque yo empecé a trabajar con mi primo y me convertí en una especie de nuevo rico. Otro amigo comerciante se ganó en la Polla-Gol un poco más de un millón de dólares libres de impuestos, pero la ley del péndulo siguió su camino, la plata le duró menos de un año y yo también quedé pobre, luego volví a tener plata, después más o menos y ahora de nuevo pobre.
La moraleja de todo esto la dijo mi amigo el Tuna, sabio entre los sabios: “El dinero debe circular”, ¡que gran concepto!. En fin, me aburrí de divagar por hoy así es que con el slideshow de un viaje a Pica y Matilla, dos oasis en la mitad del desierto, me despido de ustedes, hasta mañana.