Un día más lleno de peripecias, algunas tristes y otras alegres pero que diablos, me olvidaré de las primeras y me concentraré en las segundas. Mientras veo la noche de Arica por la ventana, silenciosa y medio aplastada por el frio, me tomo un sorbito del buen cognac que me acaba de regalar un amigo.
Tiempo que no tomaba un cognac, que licor más civilizado, creo que es una de las pocas cosas que me gustan de Francia: como país no son lo suficientemente ordenados para ser sajones ni tan desordenados como para ser latinos. Es malo generalizar, pero cuando uno tiene alguna experiencia mala en un país se queda con el prejuicio para siempre.
¡Allez! me recuerdo que en 1983 Francia debe haber sido el único país europeo que pedía visa a los chilenos, cuando fuimos con mi primo a París -sin visa porque en la frontera nadie se toma la molestia de pedirte los papeles- me encontré con lindas construcciones y fea gente. No recuerdo haber visto ni una sola francesa apta para el consumo humano, que desilusión más grande.
Más encima cuando uno se trataba de comunicar en inglés se ofendían, algo debe haber pasado que me tocó conocer pura gente pesada. En el Arco del Triunfo con un tráfico endiablado -en Cochabamba manejan mejor que en Paris-me acerqué a unos flics (pacos) para sacarme una fotografía al lado de ellos ¡me corrieron indignados!. Luego fuimos a una boulangerie a comprar baguettes y paté que fue nuestro almuerzo y la vieja gorda que atendía se reía cuando no sabíamos que paté elegir.
Después de almuerzo nos fuimos a pasear cerca de la Universidad de París donde casualmente había una protesta, de nuevo les flics apaleaban con gran entusiasmo a quien se les ponía por delante, por si acaso también salimos arrancando. Todo mal ese día con la gente, excepto que cuando llegó la noche nos fuimos al Bois de Bolougne donde se juntan cientos de chicas de la noche, solo por curiosidad intelectual les hicimos algunas consultas técnicas con lo que aprendí una frase muy graciosa y grosera que no repetiría aquí ni muerto. En fin, esa fue la parte más divertida de nuestra visita a París.
Mi primo Camilo vivió varios años en mi casa y junto con Mario, que tiene un año más que yo, fueron mis hermanos durante mi niñez, todos los conocimientos importantes los aprendí de ellos, inclusive esos: cuando una vez comenté cuan sabia era la naturaleza para saber justo cuando la gente se casaba para que las mujeres quedaran embarazadas, no se me había pasado por la mente que el marido tuviera algo que ver en el asunto. Pasaron los años y dejamos de vernos, mucho después nos vinimos a encontrar en Alemania donde él vivía, inventamos una mentira y nos fuimos a dar una vuelta a París ou-la-la. Lo mejor de lo mejor fué estar juntos de nuevo, nunca más nos volvimos a ver y espero que alguna vez nos juntemos antes de estirar la pata, caso contrario tal vez nos encontremos en el asador mientras don sata nos picotea con unos tenedores.
En fin, iba a escribir de otra cosa y me fuí por el lado de los quesos, a veces me pasa. Pero ya es muy tarde y hace mucho frío para empezar de nuevo, todo por un vaso de cognac, Allez!.