
En algunos aspectos, la gente de Arica es conmovedoramente ingenua. Esto, lejos de enojarme, a mi me encanta porque es una parte divertida de nuestra naturaleza. Somos tan desconfiados y a la vez tan fáciles de engañar. Una muestra de ingenuidad se pudo ver hace poquito con los anuncios de un paro y la gestión del Ministro Viera-Gallo, uno de los más débiles y desocupados Secretarios Generales de Gobierno que yo recuerde.
Resulta que los ariqueños, cansados de tantos años de depresión económica y cesantía, empezaron a pensar que algo había que hacer, y como no nos caracterizamos por lo ocurrentes, otra vez llegamos al viejo cuento de volver a los años la Junta de Adelanto y el Barrio Industrial. De allí había un paso a esa historia que durante los militares se decidió que no había que invertir nada en Arica porque podía ser tomada por los peruanos, otro cuento chino que la mayoría de los ariqueños acepta como verdad revelada. La escalada de absurdos siguió con que lo que falta en Arica es una Política de Estado, lease subsidios, eliminación especial de impuestos, etc. porque aquí no puede existir ninguna actividad económica que sea autosustentable.
Llevo 34 años en esta maravillosa ciudad y de tiempo en tiempo vuelvo a escuchar los mismos cuentos, mitos urbanos basados en distorsiones y diagnósticos equivocados creados por agricultores e industriales acostumbrados a mantener negocios quebrados con la plata dulce del Gobierno. Bueno, la conclusión fue que había que hacer una paralización total de la ciudad, esto tuvo eco en un editorial y otro artículo de El Mercurio, lo que bastó para que el Gobierno se alarmara, pero no tanto, mandando primero al Ministro Bitar y luego a Viera Gallo a ver que pasaba con esos revoltosos nortinos.
Bitar no tuvo el carisma, tampoco se atrevió a decir nada fuera de lo normal y se fue en medio de pifias. Viera-Gallo en cambio después de cantar el himno de Arica dijo que “mayor era su lealtad” con la ciudad, punto para el Ministro que con una frase tan insulsa y cliché tocó el corazoncito de los notables que dirigían el paro. También firmó un acuerdo para hacer diez mesas público-privadas, de esas que nadie entiende para que sirven si no tienen la menor atribución resolutiva y sus conclusiones ya todos las conocen proque han salido en el diario durante décadas.
Han pasado años desde que escribí la Autopsia del Ariqueño Neto y las cosas que pasan en la ciudad me siguen dando la razón, todo sigue igualito, miren nomás:
El ariqueño neto es extremadamente crédulo y fantasioso, cree a pie juntillas en los milagros y aún los más herejes esconden por algún lado una estampita de la Virgen de Las Peñas. No existe ariqueño neto que no se haya destrozado los pies caminando los 30 kilómetros de ida y vuelta al santuario.
Otra muestra de su credulidad es la facilidad con que lo engañan ofreciéndole negocios fabulosos, que no necesitan esfuerzo, sin riesgo alguno y que solo requieren “un poquito así” de capital. Como buenos cuenteros, son presa fácil de sus similares.
También cree en las profecías y las señales de los tiempos y por eso resulta tan fácil de engañar cuando llega un politicucho de afuera como Flores u Orpis. Lo recibe con la misma esperanza con que los aztecas recibieron a los conquistadores, creyendo que eran los dioses anunciados. Así es como resulta engañados una y otra vez.
Ya mencionamos como se encomienda a la Virgen de Las Peñas, se golpea el pecho y le promete a la virgencita que no volverá a ponerle los cuernos a su mujer cada vez que anda en problemas. El ariqueño neto vive en medio de mandas y reza todos los días aunque sea blasfemo y hereje, cuando no pertenece a una de esas extrañas cofradías de bailes religiosos.
Pero esta fe en que los milagros si existen también tiene una manifestación más mundana. El ariqueño neto cree a pie juntillas que todos los problemas de la ciudad, los problemas del mundo y sus propios problemas personales se solucionarán con una LEY MILAGROSA que hará que Arica vuelva a ser el Shangri-La con el que sueña cada día.
En Arica no cuesta nada ganar una elección política para cualquiera que conozca los resortes que mueven al ariqueño neto: basta subir a pie al Morro, con unas cuantas viejas y viejos “de la época de la Junta de Adelanto”, luego cantar el Himno de Arica y finalmente prometer a voz en cuello la LEY MILAGROSA que “sacará a la ciudad del estado de postracion y miseria (bla, bla, bla, etc.). Es pan comido, a piece of cake.
En fin, una vez más nos pasaron por el aro, desde la Capital del Reino nos mandaron un par de emisarios con una bolsa de espejos y abalorios, se firmó un “acuerdo” para hacer mesas público-privadas, donde se da un plazo perentorio a la Presidenta: 60 días para “entregar una respuesta” ¿reponder que? si en el documento no hay ninguna petición clara. En resumen, se la pusieron facilita al Gobierno, en cualquier caso no tenían mucho que negociar y el paro amenazaba con desinflarse. Recuerdo bien otro paro que hubo más o menos en los años 90 y todos los negocios de la ciudad cerraron, menos el chino del almacén Lichan Zou que ese día vendió como loco: creo que fue el único beneficiado con esa genial idea.
Por lo demás el paro es una forma muy ariqueña de protestar: como somos muy flojos que mejor protesta que no trabajar durante todo un día, si lo hicieran indefinido tamto mejor. Así son las curiosidades de nuestra entrañable ciudad de Arica.