Tomas Bradanovic

26 mayo, 2010

El baile de los que sobran

Archivado en: pateando, piedras — tombrad @ 8:48 am

Iba caminando al sol, como Kung-Fu hoy en la mañana, pensando en los muchos giros de fortuna que he tenido en el último tiempo. A veces parece que tuviera el resto de la vida asegurada, pero Dios se encarga de recordarme que le encanta jugar a los dados y por un pequeño detalle todos los planes se derrumban, entonces a empezar de nuevo desde cero como Mr. Micawber. Pero en fin, la seguridad es aburrida, mucho mejor la aventura. Ni quiero imaginar como sería mi vida si tuviera que ir a trabajar todos los días a cambio de un sueldo. Gracias a Dios he hecho todo lo necesario para que ese destino tan espantoso no me ocurra nunca.

Este lunes empiezo a hacer las clases de la nueva versión del Chile Joven (no se como se llama ahora), es un trabajo simple, entretenido y bien pagado, en una de esas rebrota mi alicaída conciencia social y me dedico por un tiempo a educar a la Juventud de la Patria. Creo que entre los 19 y 29 años es una de las etapas más difíciles para alguien que es pobre: la educación superior es muy cara y no asegura estabilidad económica, a esa edad se deja de ser el niño protegido y cada año que pasa empieza a ser mirado como una carga, es la edad en que a veces los padres se mueren -que fue lo que me pasó a mi- cuando en un momento me vi parado, así como dice la canción
Y otra vez en la calle
otra vez en la vía
con la garganta seca
la barriga vacía
Recuerdo mis veintes como una época muy complicada, claro que gracias a una jugarreta psicológica siempre me las he arreglo para borrar todos los malos recuerdos, pero de lo poco que me acuerdo, las ví muy negras esos años. Es cuando uno empieza a tomar las primeras decisiones, la mayoría a la ligera y así, a veces se arruina el resto de la vida ya sea por exceso de riesgo o por elegir la seguridad al costo de una rutina servil y chata.
Pasados los treinta ya casi no quedan decisiones que tomar, la vida nos encaminó por las elecciones que hicimos en los veintes y empezamos a ver las consecuencias, solo hay que dejarse llevar por la corriente. Entonces uno empieza a racionalizar y se imagina todas sus decisiones como parte de un plan cuidadosamente calculado, ahí es cuando cada uno arma la gran mentira de la historia de su vida.
Las nociones de éxito o fracaso son principalmente sociales, tengo amigos soñadores que les va mal una y otra vez, esos son considerados un fracaso por mis otros amigos cautos -o más bien cobardes- que se engañan a si mismos pensando que han conseguido el éxito cuando en realidad nunca han podido pasar de la mediocre aceptación de sus limitaciones, viven doblando la espalda pero en fin, todos necesitamos justificarnos e inventar una historia de mentira. ¿Que tiene de malo mentir en un mundo donde la verdad no existe?, larga vida a los chamullos entonces ¿tiene algo malo ser mentiroso? nada, solo me molesta cuando se ponen prepotentes o despectivos, ahí si que yo salto con todo.

Ah pero me desvié de lo que estaba escribiendo, entre los 19 y los 29 es la edad más complicada. Lo que se decide y como se actúa en esos años marca a la mayoría de las personas por el resto de su vida, a los 19 decidí estudiar técnico electrónico, a los 22 me metí a estudiar ingeniería con posibilidades infinitesimales de terminar, a los 25 ya sabía que no iba a trabajar jamás como electrónico ni como ingeniero, a los 27 decidí que el trabajo es lo peor que existe y que por el resto de mi vida tendría que ver el modo de vivir sin trabajar. En eso estoy ahora, ya ven como las decisiones que tomamos a los veintes nos dejan consecuencias para todos los años que vienen.

Por eso me gusta hacer clases a gente de esa edad, especialmente si son pobres y no ven posibilidades de entrar a la universidad ni se les ocurre que maldita cosa podrían hacer para no morirse de hambre en todos los años que vienen por delante. Es como mirarme al espejo o en la máquina del tiempo. Es la época en que o se ponen a patear piedras y a buscar a quien echarle la culpa de sus desgracias, o se fijan un propósito y tratan de seguirlo a toda costa.
Yo he tenido muchísima suerte, los tontos piensan que cuando les va bien es por su inteligencia o esfuerzo, mentira, es pura buena suerte, de la que yo he tenido en abundancia y no tengo idea cuanto me irá a durar. Pero ni me preocupo por eso, cuando se me termine la suerte recién entonces empezaré a preocuparme. Y tal vez ni entonces.

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