Tomas Bradanovic

8 septiembre, 2007

Una furtiva lágrima

Archivado en: pavarotti — tombrad @ 1:00 am

Y se murió Pavarotti, el verdadero, no un gásfiter afónico al que el Pepe Drago le había puesto así porque apenas podía hablar, se murió Luciano Pavarotti el tenor más famoso del mundo desde Caruso, es decir desde hace muchos años.

Conversando hace años con un amigo que le gustaba el fútbol me decía como han cambiado las cosas con la cultura de las celebridades y la plata que generan ahora los medios de comunicación. Pelé durante toda su vida deportiva acumuló unos pocos millones de dólares, lo mismo que hacía Maradona en menos de un año, es posible que Pavarotti ganara en un mes lo que ganó Caruso en toda su vida.

El espectáculo es hoy un negocio mucho más rentable y eso ha cambiado a los que antes eran estrellas, ahora son celebridades, hay un salto cuántico entre ambas categorías. La principal diferencia es que las celebridades no son solamente eximios en su arte sino más bien comodities de la industria del espectáculo, el trabajo de un gran cantante no es solo cantar sino dar un paquete completo de entretenimiento, es lo que explica la cultura de las celebridades o la farándula, como le dicen en Chile. De hecho mucha gente sin ningún talento especial está haciendo plata al convertir a su persona en un espectáculo, y los que tienen talento también están obligados a hacer lo mismo.

Aún sin toda la cultura de las celebridades, Pavarotti tenía méritos sobrados para la fama, era un cantante completo porque además de ser uno de los mejor dotados de la historia -su instrumento (la voz) equivalía a un violín Stradivarius- había logrado un dominio de la técnica comparable a esos artistas del Circo Chino, no era solo un cantante técnicamente perfecto, era el más perfecto. Después que Caruso, Beniamino Gigli y los grandes tenores antiguos agotaron el estilo quejumbroso, el gusto del público se desplazó hacia el canto puro y clarito, Pavarotti tenía un timbre como metálico que daba una sensación muy clara, además de una potencia impresionante, llegó en el momento justo para el gusto del público y demás se le podría considerar el tenor perfecto para su época, tal como fué Caruso en el siglo IXX.

Pero nadie es 100% perfecto, un cantante de ópera necesita reunir demasiados requisitos y el punto débil de Pavarotti es que no era muy expresivo en el escenario, se lucía mucho más en los conciertos cantando parado que actuando en una ópera. Sin embargo hay una en que -yo creo- le venía muy bien el personaje que era Nemorino, en L´elissir damore, Pavarotti parecía súper cómodo interpretando a un chico campesino, muy ingenuo y buena gente porque seguramente era la idea que tenía de si mismo. A mi me encanta la interpretación que hacía de “una furtiva lágrima” en esa ópera o cuando se lo cuenteaba Dulcamara ofreciéndole el elixir.

El polo opuesto de Pavarotti fue la otra gran diva de la ópera María Callas, que tenía tal fuerza arriba del escenario que seguramente podía estremecer a la gente aunque cantara afónica, a diferencia de Pavarotti sencillo, campechano y medido, la Callas era diva, temperamental y se jugaba el pellejo en cada interpretación. Es interesante como los dos más grandes artistas en su campo pudieron ser tan grandes y tan diferentes. En fin, ahora los dos están muertos y seguramente pasarán muchos años antes que aparezca alguien a esa altura. O tal vez como pasa en las olimpiadas, donde el hambre de espectáculo hace que cada vez se batan records considerados imposibles, aparezca otro con un timbre y una técnica todavía mejor que Pavarotti, quien sabe, porque con plata se compran huevos.

Me demoré muchos años en apreciar la ópera y disfrutar escuchando a una persona cantar con toda la voz, durante un montón de tiempo lo consideré un espectáculo ridículo, pero así pasa con muchas de las cosas buenas, imagínense que la primera vez que probé la cerveza no me gustó… Eso si que se llama ser bruto.

>Una furtiva lágrima

Archivado en: pavarotti — tombrad @ 1:00 am

>Y se murió Pavarotti, el verdadero, no un gásfiter afónico al que el Pepe Drago le había puesto así porque apenas podía hablar, se murió Luciano Pavarotti el tenor más famoso del mundo desde Caruso, es decir desde hace muchos años.

Conversando hace años con un amigo que le gustaba el fútbol me decía como han cambiado las cosas con la cultura de las celebridades y la plata que generan ahora los medios de comunicación. Pelé durante toda su vida deportiva acumuló unos pocos millones de dólares, lo mismo que hacía Maradona en menos de un año, es posible que Pavarotti ganara en un mes lo que ganó Caruso en toda su vida.

El espectáculo es hoy un negocio mucho más rentable y eso ha cambiado a los que antes eran estrellas, ahora son celebridades, hay un salto cuántico entre ambas categorías. La principal diferencia es que las celebridades no son solamente eximios en su arte sino más bien comodities de la industria del espectáculo, el trabajo de un gran cantante no es solo cantar sino dar un paquete completo de entretenimiento, es lo que explica la cultura de las celebridades o la farándula, como le dicen en Chile. De hecho mucha gente sin ningún talento especial está haciendo plata al convertir a su persona en un espectáculo, y los que tienen talento también están obligados a hacer lo mismo.

Aún sin toda la cultura de las celebridades, Pavarotti tenía méritos sobrados para la fama, era un cantante completo porque además de ser uno de los mejor dotados de la historia -su instrumento (la voz) equivalía a un violín Stradivarius- había logrado un dominio de la técnica comparable a esos artistas del Circo Chino, no era solo un cantante técnicamente perfecto, era el más perfecto. Después que Caruso, Beniamino Gigli y los grandes tenores antiguos agotaron el estilo quejumbroso, el gusto del público se desplazó hacia el canto puro y clarito, Pavarotti tenía un timbre como metálico que daba una sensación muy clara, además de una potencia impresionante, llegó en el momento justo para el gusto del público y demás se le podría considerar el tenor perfecto para su época, tal como fué Caruso en el siglo IXX.

Pero nadie es 100% perfecto, un cantante de ópera necesita reunir demasiados requisitos y el punto débil de Pavarotti es que no era muy expresivo en el escenario, se lucía mucho más en los conciertos cantando parado que actuando en una ópera. Sin embargo hay una en que -yo creo- le venía muy bien el personaje que era Nemorino, en L´elissir damore, Pavarotti parecía súper cómodo interpretando a un chico campesino, muy ingenuo y buena gente porque seguramente era la idea que tenía de si mismo. A mi me encanta la interpretación que hacía de “una furtiva lágrima” en esa ópera o cuando se lo cuenteaba Dulcamara ofreciéndole el elixir.

El polo opuesto de Pavarotti fue la otra gran diva de la ópera María Callas, que tenía tal fuerza arriba del escenario que seguramente podía estremecer a la gente aunque cantara afónica, a diferencia de Pavarotti sencillo, campechano y medido, la Callas era diva, temperamental y se jugaba el pellejo en cada interpretación. Es interesante como los dos más grandes artistas en su campo pudieron ser tan grandes y tan diferentes. En fin, ahora los dos están muertos y seguramente pasarán muchos años antes que aparezca alguien a esa altura. O tal vez como pasa en las olimpiadas, donde el hambre de espectáculo hace que cada vez se batan records considerados imposibles, aparezca otro con un timbre y una técnica todavía mejor que Pavarotti, quien sabe, porque con plata se compran huevos.

Me demoré muchos años en apreciar la ópera y disfrutar escuchando a una persona cantar con toda la voz, durante un montón de tiempo lo consideré un espectáculo ridículo, pero así pasa con muchas de las cosas buenas, imagínense que la primera vez que probé la cerveza no me gustó… Eso si que se llama ser bruto.

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