Tomas Bradanovic

8 abril, 2010

El encantador de perros

Archivado en: pedagogia — tombrad @ 10:29 pm

Ayer estuve haciendo clases, la cosa va bastante bien y creo que el sistema de puntos por participación está resultando. Empezamos a desarrollar el primer caso, donde ecribí mi experiencia el el vecino país aplicando el método de don Carlos Lagos -gran profesor- con unos pocos ajustes. Me alegra mucho que el grupo de zombies que recibí en la primera clase haya cambiado notablemente, casi todos opinan y se pelean por preguntar, al principio era para acumular puntos pero ahora se están metiendo en el sistema, es muy interesante. Además así las dos horas y media se pasan volando.

El dilema básico del profesor es como enfrentar la indiferencia, que es la actitud natural con que llegan ahora los alumnos a clase ¿por qué son indiferentes y se dedican a chatear o dejar la mente en blanco mientras pasan las horas de clase? Yo creo que es porque están convencidos que todo el maldito asunto es inútil y aburrido, solo van a cumplir con el requisito formal de la asistencia.
Me acuerdo que cuando yo estudiaba para técnico uno de mis sueños era dominar el cálculo, lo que veía inalcanzable porque siempre he tenido problemas de concentración y el álgebra -base de todo- me costaba mucho. Desde hace muchos años que no me he cruzado con ningún alumno intensamente interesado por aprender algo, como éramos nosotros cuando estudiábamos. Ah, ya estoy chocheando, ñaca, ñaca, en mis tiempos hijitos…
¿Como poner interés a cosas que son por naturaleza áridas, aburridas y complicadas? una forma es poniendo muchas notas. La educación es muy similar al entrenamiento de perros, es cuestión de ver un programa de “El Encantador de Perros” y cualquiera que haya hecho clases encontrará un montón de similitudes. Hay que conseguir -primero que nada- dominio y respeto y para eso hay dos caminos que son más o menos igual de eficientes: castigo o estímulo.
Varias veces he hecho esa analogía entre el entrenamiento de perros y la educación de personas, educación de los hijos, etc. y no tiene nada que ver con tratar a las personas como perros, en el sentido de maltratarlos o cosas por el estilo, sino que el entrenamiento de animales nos puede dar claves importantes para el adiestramiento de personas, partiendo de la base obvia que también somos animales. Creo que la educación casi siempre fracasa cuando se confía demasiado en el comportamiento racional y se ignoran las motivaciones instintivas que son más fuertes y profundas.
El castigo es la forma más fácil y rápida, ¿quien no ha tenido uno de esos profesores que intimidan y nos hacen estudiar de puro terror? una técnica común es el juego del malo/bueno que mantiene a los estudiantes aterrorizados hasta la última prueba y ahí les da la pasada a todos. Es efectivo pero también se camina por una delgada línea que puede llevar al borde del boycott, el conflicto o la oposición cerrada. A algunos les gusta dominar por miedo, pero yo creo que es mucho trabajo. Es como los que le enseñan al perro a palos, hasta que el quiltro queda sumiso o se rebela.
La otra forma usa el estímulo, cuando el perro hace lo que queremos se le da una galleta y palmaditas. El equivalente en educación a las galletas de perro son las notas, un sistema de estímulo por notas tiene que ser inmediato, las notas se deben poner al momento para reforzar o castigar conductas instantáneamente. Si le decimos a cualquier ser humano normal “estudia ahora porque después vendrá la prueba y te va a ir mal” eso no funciona, tal como el perro nunca aprenderá si le damos el premio o castigo un mes después de pedirle algo. Cuando pasa el tiempo se pierde esa conexión instintiva que hacemos entre causa y efecto: todos nos parecemos -en estado natural- mucho más a la cigarra chacotera que a la previsora hormiguita.
¿Miedo o estímulo? creo que las dos formas son eficientes, especialmente cuando apelan a lo más instintivo, la educación en base a la lógica, que trata de “convencer” a los alumnos generalmente es un fracaso o tiene resultados muy superficiales. La forma que se escoge tiene mucho que ver con la personalidad del profesor: algunos profesores son autoritarios y tienen un ego muy grande que necesita satisfacciones inmediatas, a ellos les resulta mejor el método del miedo, el malo/bueno. Otros son más empáticos y necesitan el feedback del reconocimiento, a esos les acomoda más el sistema de estímulos.
Otro campo donde se notan estos estilos en en los entrenadores deportivos, tipo Bielsa o “clavito” Godoy: enseñar algo, entrenar un equipo, educar un hijo o adiestrar un perro son procesos que tienen muchas analogías, todos suponen la modificación de la conducta. Creo que lo más importante es que el estilo se acomode la personalidad del profesor, yo he probado muchas formas distintos -solo por curiosidad- en los años que he hecho clases y creo que hacerlos participar y usar los estímulos es lo que más me acomoda. Lo importante es no aburrirse ni llegar a hacerlo de mala gana. No existe peor condena que trabajar en algo que a uno no le gusta, si no te gusta no lo hagas.
Y así va pasando la vida del vago, tratando de disfrutar lo bueno, olvidarme de lo malo y hacerme el tonto cuando llegan las cuentas por pagar. La próxima semana dan la bienvenida a los alumnos nuevos así es que la universidad estará cerrada hasta el lunes 19 ¡eso es vida! una semana completa sin hacer nada. Hasta mañana.

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