
Roberto Mendez, presidente de la consultora Adimark y de varias grandes empresas lo comentaba en la Revista del Sábado de El Mercurio:
¿Cuándo se nos vino encima este pesimismo? ¿Qué lo causa? Creo que, por estos días, es la gran pregunta que, como país, no logramos resolver. Porque evidentemente se trata de algo exagerado, un estado de ánimo que no corresponde a la realidad objetiva y que nos está haciendo daño.
Mientras que el pesimismo sobre el futuro es algo que notamos todos los que vivimos en Chile, no es muy claro para mi que la realidad objetiva (si es que existe tal cosa) no justifique este estado de ánimo. Supervisando proyectos me he podido dar cuenta que todo puede explicarse, los seres humanos tenemos una capacidad enorme para encontrar explicaciones lógicas y articuladas para cualquier cosa y por eso desconfío mucho de eso que Mendez llama “la realidad objetiva”, creo que el olfato popular es mucho más confiable.
Mendez dice -con razón- que la actual situación económica no es ni la sombra de la gran crisis de 1982 o la que tuvimos en 1988 y atribuye el pesimismo a problemas -supuestamente- menores como la inflación y el fracaso del Transantiago, que habrían desatado una especie de pánico psicológico. Aunque no son para nada problemas menores, llevábamos unos 30 años sin el fantasma de la inflación y no recuerdo en mi vida un desastre de inversión pública como el del Transantiago, esas no son la verdadera causa del pesimismo, aunque tal vez su detonante.
Es la sensación de la oportunidad que se perdió, de que quedamos atrapados en un sistema de políticos corruptos e incapaces y no saldremos del agujero cualquiera que sea el que llegue al gobierno. Es una sucesión de esperanzas perdidas y desilusiones que empezó con la ilusión más grande, cuando los que votamos por sacar al Genral Pinochet del poder pensábamos que con la democracia vendría el gran salto adelante, no solo en términos económicos sino que además cultural y libertario.
La economía se mueve lento, pasa bastante tiempo antes que las decisiones políticas muestren sus efectos prácticos y cuando llegó Aylwin al poder a principios de los 90 comenzaron a materializarse las enormes inversiones mineras que venían negociandose desde hace años atrás. Foxley fué el primer Ministro de Hacienda en democracia e inventó el slogan “invertir en la gente” para contrarrestar el concepto de “deuda social” que el mismo alentó durante los militares y se les podía venir encima. En la práctica, invertir en la gente se tradujo en subir los sueldos de todos los empleados públicos así como el salario mínimo legal. Como estaba llegando inversión extranjera a chorros no se vió mayor efecto en el corto plazo lo que produjo el mejor escenario para los asalariados: más sueldo sin inflación.
Junto con eso empezaron los escándalos de corrupción, el primero que recuerdo fue un desmalezado de la refinería ENAP que costó más de un millón de dólares, luego otro escándalo grande de CODELCO donde estuvo involucrada la familia del entonces presidente Aylwin, ese fue el comienzo de una sucesión casi continua. El gasto público cada vez mayor, siempre en tasas superiores al crecimiento, creciendo a la par con cada huelga de algún grupo de presión.
Después vinieron las grandes reformas, multibillonarias en dólares, cada una terminó en fracaso: la Reforma Procesal Penal creó la actual puerta giratoria, que hace que los delincuentes entren y salgan de la cárcel cada vez en mayor número en el peor de los escenarios, las cárceles repletas y al mismo tiempo los delincuentes en la calle porque se convirtieron en hoteles de paso. La reforma a la educación de Frei Ruiz-Tagle con la trístemente célebre idea de la Jornada Escolar Completa, rematada luego por Lagos con el Estatuto Docente que consagró la inamovilidad y mediocridad de los profesores.
Cuando Lagos fue presidente la corupción y el nepotismo rompieron todods los records: colocó a su hijo como “alto comisionado” y a su yerno de Gerente General de CORFO donde al poco tiempo hubo un enorme desfalco. Nunca un presidente de Chile había colocado a su hijo en un alto cargo público, Lagos lo hizo y nadie dijo nada. El sistema de concesiones terminó con ministros y decanos desfilando por los tribunales con uno que hasta terminó en la cárcel y en ese mismo período se gestó el desastre del Transantiago, el proyecto público más desastroso de nuestra historia.
Bachellet no lo ha hecho mejor, aunque recibió una pesada carga de LAgos, en lugar de arreglar los problemas los empeoró con su propia reforma -cada presidente parece ansioso de dejar su propio desastre- en este caso la previsional, que consiste nada menos que en pagarle pensiones a los que nunca han ahorrado un peso, si juntamos eso con que con los problemas económicos por primera vez las AFP están dando resultados a pérdida, no es difícil imaginarse la estampida de personas que buscarán la forma de no ahorrar para la previsión, convencidos que el papá estado les dará milagrosamente platita salida del aire.
Esto no sería tan grave si pudieramos pensar que es un problema de los partidos que hoy gobiernan, y que poniendo a la oposición en el poder todos estos problemas desaparecerán. Eso creíamos muchos hasta mediados de los noventas, hasta que se empezó a ver como lo estaba haciendo la oposición en las alcaldías y -adivinen qué- resulta que son tan ladrones e incapaces como los del gobierno. En pocas palabras no tenemos salida, cuando llegue Piñera al poder, cosa bastante probable, seguirán siendo iguales de incapaces y corruptos, solo que con otra camiseta.
Y así y todo Mendez se sorprende porque los chilenos estemos pesimistas, ¡habría que ser muy estúpido para ser optimistas con la calidad de políticos que tenemos! en fin, basta de despotricar por hoy, esta entrada se la dedico con todo cariño a los malditos ociosos que se están metiendo a mi computador desde la IP de ODEPA, esos que ustedes saben quien, púdranse picantes, ni para hackear sirven http://www.bcentral.cl/estudios/documentos-trabajo/pdf/dtbc306.pdf. Ya nomás se van a quedar cesantes y sabrán lo que es ser muertos de hambre, de nuevo. Enojadísimo y pesimista, se despide de ustedes, su seguro servidor.