Tendemos a creer que el problema de la educación es solamente nuestro, pero parece que en todo el mundo pasa más o menos lo mismo. Niños y adolescentes engreídos, con una opinión exageradamente buena acerca de si mismos. Padres tontos que capitularon en la tarea de educar a los hijos y les encuentran todo bueno. Profesores que también capitularon hace rato y se limitan a cumplir con las formalidades de su trabajo y cobrar su sueldo.
Todos fallan y se dice hipócritamente que los niños nacen cada día más inteligentes, y que el trabajo de los profesores es extraordinario, noble e ingrato. Pero en el fondo sabemos que no es así y el trabajo de los profesores es despreciable lo mismo que el comportamiento de sus petulantes alumnos.
Es un perfecto círculo vicioso donde todos fallan: padres, profesores y alumnos actúan de madera mediocre, buscando el menor esfuerzo, lo que no sería tan malo en otros campos pero en educación, como en los deportes o muchas otras cosas de la vida sin sacrificio no hay premio.
Ahora les dió por promover los juegos y la educación divertida, eso no es verdadera educación, no voy a despotricar contra los juegos pero no pasan de ser un pasatiempo que normalmente es tan ocioso e inútil como cualquier otro. Para qu la educación tenga algún valor económico tiene que desarrollar habilidades escasas y difíciles de adquirir, es la escasez lo que da valor y por eso los médicos o los ingenieros nucleares son bien pagados, porque la formación exige muchos sacrificios y son pocos los capaces de completarla.
Los sueños de una educación universitaria de clase mundial para todos, como alguna vez postuló Bill Gates son una idea estúpida, el mundo necesita muchos millones de operarios, albañiles, panaderos y vendedores para funcionar, el mundo no puede funcionar sin una gran diferencia entre ricos y pobres porque eso corresponde a la distribución natural de las habilidades y del carácter. Lo que explica la crisis de la educación es que todos sueñan con ser médicos o ingenieros nucleares pero sin esforzarse, quieren el premio sin pagar los costos, es fácil regalar títulos a mucha gente, pero esos títulos, igual que los billetes emitidos por un país bananero, perderán rápidamente su valor.
Es algo que parte desde las escuelas de pedagogía en las universidades, que son la fuente principal de activistas políticos y delincuentes. Allí se forman en la “universidad combativa” exigiendo toda clase de derechos pero sin estar dispuestos a cumplir con sus mínimos deberes: partiendo por ser buenos profesionalmente. En lo que si son buenos es en tirar piedras y salir a hacer destrozos. Se acostumbran desde temprano a meterse en las dirigencias estudiantiles y reclutarse en partidos políticos que los convierten en estudiantes eternos. Finalmente después de una década o más estos maestros del camino fácil son los que salen a hacer clases, supuestamente a formar a los alumnos.
Ese es el primer problema, la mayoría de los que salen de las facultades de pedagogía vienen de esta escuela del camino fácil, no tienen autoridad ante sus petulantes alumnos y son socialmente mal vistos, la imagen de profesor primario o secundario, digan lo que digan en los discursos, no goza de apreciación social y entonces los tenemos convertidos en ganapanes llenos de resentimiento, que es lo único que pueden transmitir eficazmente a sus alumnos.
Como los maestros no gozan de aprecio social, los padres y apoderados los miran con desconfianza y bastante desprecio, a menudo tienen una imágen ególatra de sus propios hijos como pequeños Einstein y rara vez apoyan a los profesores que tratan de imponer un poco de respeto disciplina. Los maestros toman entonces el camino fácil y se tratan de congraciar con los alumnos, el profe buena onda, que abdica de su deber formativo y sigue el camino fácil de hacerse los mínimos problemas.
Con los alumnos satisfechos el profesor y el colegio se evitan muchos problemas, conflictos estudiantiles y líos con los apoderados, así es que existen muchos incentivos perversos para alentar a estos profes buena onda, que hacen clases “entretenidas” y se dedican a sacar su trabajo y el de los alumnos con el mínimo esfuerzo. Todo anda aparentemente a las mil maravillas y todos están contentos hasta que llegan las pruebas como el SIMCE y muestran que cada año las habilidades y conocimientos de los alumnos son más pobres.
Entonces empieza, todos los años. el gran escándalo sobre la calidad de la educación. Los profesores, vacunas que se formaron tirando piedras al amparo de los partidos políticos tienen su propia agenda. Quieren ganar más plata porque nunca consideran suficiente lo que reciben, también quieren ser inamovibles y que nadie los evalúe, cosas que en gran medida consiguieron con el estatuto docente. Entonces se dedican a infiltrar a los alumnos su propia agenda y los meten en protestas contra la LOCE, contra el lucro en la educación y a favor de que los profesores vuelvan a ser funcionarios intocables del Ministerio de Educación.
Los niños son tontos, eso de que los niños son más iteligentes que los adultos es una idea estúpida: no tienen experiencia, ni conocimiento de cosas básicas de la vida y su capacidad de discernimiento todavía está en pañales. Simplemente hablan bonito, con frases muy bien articuladas, pero repiten como loros la última cosa que impresionó a su rudimentaria capacidad para razonar, son como una grabadora y el problema es que muchos adultos son todavía más estúpidos y no se dan cuenta de algo tan evidente, y así siguen convencidos que sus hijos son unos pequeños Einstein. Tal vez en esta suposición que exagera la inteligencia y las capacidades de los niños está la raíz de todo el problema. Los niños solo tienen potencial, pero nadie garantiza si ese potencial se va a desarrollar o no, suponerlos superdotados a priori es una manera segura de que no desarrollen ese potencial.
Tenemos así el circulo vicioso perfecto, todos buscando torpemente maximizar sus beneficios sin hacer ningún sacrificio: padres, hijos y profesores cierran el círculo perfecto de los vacunas. Ese es -a mi modo de ver- el problema básico de la educación y es lo mismo en Chile que en toda América Latina, en USA y el resto del mundo, no existe la idea que para conseguir algo hay que sacrificar algo y por eso la educación es una efciiente fábrica de mediocres y resentidos.
Claro que hay excepciones, siempre hay unos pocos padres con ideas claras y expectativas realistas, también hay alumnos que entienden la necesidad de sacrificarse y trabajan duro y unos pocos profesores que no claudican por el camino fácil y se pelan el lomo tratando de hacer su trabajo a conciencia, pero son casos excepcionales, la norma es lo que describí al principio y creo que allí es donde está la madre del cordero.