Tomas Bradanovic

3 enero, 2010

A dar una vuelta

Archivado en: arica, playa — tombrad @ 11:03 pm

El verano pasado andaba trabajando, o en la pitilla, no recuerdo bien, pero la cosa es que no fui ni un solo fin de semana a la playa. Salir a dar una vuelta no es algo exclusivamente ariqueño porque cuando yo vivía en Chiloé también era una costumbre común, sin embargo solo existe en algunas ciudades que son lo suficientemente chicas como para que valga la pena o sea posible hacerlo.

En Arica uno sale a dar una vuelta, es decir a pasear sin ningún propósito especial, al centro, a las playas o a la Isla del Alacrán, en Iquique por ejemplo esa tradición ya no existe, la gente sale siempre con algún propósito: a comprar o al cine o a tomar un trago, nadie sale a dar una vuelta en Iquique, tampoco hay adonde ir. Para que hablar de Santiago u otras ciudades grandes.
Hay costumbres que de a poco he ido dejando, pero nunca es tarde para recobrarlas, durante más de 15 años todas las noches de sábado nos íbamos con la Pilar y un six pack de cerveza (las famosas seis por luca) a la Isla del Alacran y nos quedábamos hasta altas horas de la noche arreglando el mundo, o escuchando música, o callados como ostras según como estuviera el humor, luego los Carabineros empezaron a hostigar y correr a la gente, mi camioneta se cayó del Morro y como andaba sin plata dejamos de ir hace mucho tiempo, es una costumbre que todavía extraño.
También durante unos años me dio por la natación y nadaba casi todos los días del verano, era visita frecuente en la Piscina Olímpica, ahora hace mucho tiempo que no voy. Finalmente había dejado abandonadas mis obligaciones como mirón oficial de la playa El Laucho, donde me paseaba cada fin de semana admirando los efectos del pollo con hormonas en las adolescentes locales, como buen viejo verde. Creo que este año retomaré a lo menos esa sana costumbre, no puede ser tan completa la decadencia.
Lo agradable es que me encontré enseguida con dos amigos, el infaltable Mono se estaba secando en la terraza y cuando miraba aburrido en la baranda me hace señas mi querida amiga Cindy, que está tan bonita como siempre, en fin que rico encontrarse con gente que uno conoce hace tanto tiempo, si al final es como si hubiésemos crecido juntos, aprovechamos de conversar largamente y ponernos al día en los últimos pelambres, se me arregló la tarde. Unas pocas fotos pueden verlas AQUI aunque se me olvidó ajustar bien la cámara del Tomás Jr y salieron todas sobreexpuestas.
Ah que maravilla es salir a dar una vuelta sin ningún propósito, pasar la tarde tirado en la playa o encontrarse con los amigos en el Paseo 21 de Mayo, eso si que es calidad de vida, no tengo ni una duda que en ningún país desarrollado una persona normal pueda darse el lujo de una vendedora de agencia de viajes que conozco, que va al trabajo con el traje de baño debajo de su vestido, al salir a la 1:30 toma un colectivo a la playa, almuerza, se saca el vestido, se da unos chapuzones, duerme una siesta en la arena y a las 3:30 PM vuelve al trabajo, fresca como una lechuga. En cualquier parte del mundo eso solo lo hacen los millonarios, acá está al alcance de cualquiera.
En fin, hasta para afeitarme tengo flojera, ando con la barba rala que parezco asaltante, me veo igualito que el “Cuajinay”, antes del viernes me afeito, sin falta. Hasta mañana.

13 enero, 2008

Viejas rutinas

Archivado en: gaviotas, playa, verano — tombrad @ 11:40 pm

Y poco a poco voy volviendo a mis viejas rutinas. Hoy fuí a la playa El Laucho donde pude comprobar que la temporada ya está funcionando . Esta vez estaban todos los regulares de la comunidad playera: los Escauriaza, el loco Fuentes, Norman Reyes y familia, la hija de Gunther Surkhe (o como se escriba), el mono, el cangrejo, en fin, estaban todos.

En el Laucho uno se encuentra con mucha gente que no ve en el resto del año, como en la plaza de pueblo chico aprovecho de ponerme al día en los chismes que pasaron durante el invierno a los amigos de verano con los que me encuentro solo en la playa, en la baranda o sentado en el Tuto Beach -si me invitan- me entero de algunas de sus aventuras y desventuras.

Después me fuí a la Isla a terminar de releer Trilogía Sucia de La Habana, es un libro tan divertido y describe tan bien muchas cosas parecidas a las que me pasaron el 2007 que lo leo de a poquito, saboreando cada capítulo y aguantando mi natural glotonería por la lectura rápida. Con los libros igual que con la comida soy muy glotón, si engordaran a estas alturas yo sería como bola.

Pero no pude leer mucho rato porque tres gaviotas se colocaron a menos de un metro del auto y me distraían con lo que estaban haciendo. Que pajarracos más ociosos, nunca los había tenido tan cerca y tampoco les había prestado atención, pero esta vez me tuvieron como una hora medio hipnotizado con sus piruetas. Resulta que no hacían nada útil: no estaban buscando alimento, ni peleando ni nada pero me pareció que jugaban; se elevaban uno o dos metros, hacían alguna pirueta y volvían donde mismo. Volaban un poco para atrás, o se dejaban caer de costado y poco antes de pegar con el suelo enderezaban un ala y bajaban suavecito. Ni me había imaginado que unos pajarracos tan sin gracia podían pasarlo tan bien, porque no me cabe duda que se estaban divirtiendo. Después llegaron más autos y los pájaros se fueron con su show a otro lado. Lo que me quedó claro después de verlas es que el libro Juan Salvador Gaviota es un completo embuste, pensar que Richad Bach ganó una fortuna escribiendo esa porquería, pero en fin, así es la cosa.

Bueno, bueno, no puedo decir que esté tranquilo y sin problemas, siempre hay una o varias piedras en el zapato, pero podría estar peor, poder ir a la playa y a la isla de nuevo me arregla bastante el panorama que ya se estaba poniendo un poco brígido. Que diablos, si los únicos que no tienen problemas son los que están muertos. Chao nomás, hasta mañana.

Viejas rutinas

Archivado en: gaviotas, playa, verano — tombrad @ 11:40 pm

Y poco a poco voy volviendo a mis viejas rutinas. Hoy fuí a la playa El Laucho donde pude comprobar que la temporada ya está funcionando . Esta vez estaban todos los regulares de la comunidad playera: los Escauriaza, el loco Fuentes, Norman Reyes y familia, la hija de Gunther Surkhe (o como se escriba), el mono, el cangrejo, en fin, estaban todos.

En el Laucho uno se encuentra con mucha gente que no ve en el resto del año, como en la plaza de pueblo chico aprovecho de ponerme al día en los chismes que pasaron durante el invierno a los amigos de verano con los que me encuentro solo en la playa, en la baranda o sentado en el Tuto Beach -si me invitan- me entero de algunas de sus aventuras y desventuras.

Después me fuí a la Isla a terminar de releer Trilogía Sucia de La Habana, es un libro tan divertido y describe tan bien muchas cosas parecidas a las que me pasaron el 2007 que lo leo de a poquito, saboreando cada capítulo y aguantando mi natural glotonería por la lectura rápida. Con los libros igual que con la comida soy muy glotón, si engordaran a estas alturas yo sería como bola.

Pero no pude leer mucho rato porque tres gaviotas se colocaron a menos de un metro del auto y me distraían con lo que estaban haciendo. Que pajarracos más ociosos, nunca los había tenido tan cerca y tampoco les había prestado atención, pero esta vez me tuvieron como una hora medio hipnotizado con sus piruetas. Resulta que no hacían nada útil: no estaban buscando alimento, ni peleando ni nada pero me pareció que jugaban; se elevaban uno o dos metros, hacían alguna pirueta y volvían donde mismo. Volaban un poco para atrás, o se dejaban caer de costado y poco antes de pegar con el suelo enderezaban un ala y bajaban suavecito. Ni me había imaginado que unos pajarracos tan sin gracia podían pasarlo tan bien, porque no me cabe duda que se estaban divirtiendo. Después llegaron más autos y los pájaros se fueron con su show a otro lado. Lo que me quedó claro después de verlas es que el libro Juan Salvador Gaviota es un completo embuste, pensar que Richad Bach ganó una fortuna escribiendo esa porquería, pero en fin, así es la cosa.

Bueno, bueno, no puedo decir que esté tranquilo y sin problemas, siempre hay una o varias piedras en el zapato, pero podría estar peor, poder ir a la playa y a la isla de nuevo me arregla bastante el panorama que ya se estaba poniendo un poco brígido. Que diablos, si los únicos que no tienen problemas son los que están muertos. Chao nomás, hasta mañana.

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