
Cuando yo era chico (uhhh) hubo en Santiago un gran terremoto, el mayor que yo recuerde, que botó completamente la antigua casa donde vivíamos en el barrio Recoleta. No fuimos los únicos, miles de familias de Santiago quedaron damnificadas porque gran parte de los barrios tradicionales estaban hechos de casas de adobe con muros gruesos y techos muy altos, verdaderas trampas mortales en un país sísmico como es Chile.
En esos tiempos era presidente Eduardo Frei Montalva y para salir del apuro se implementó la Operación Sitio, que consistió en emparejar con maquinaria pesada muchas chacras que rodeaban Santiago y tizar sitios de unos 80 metros cuadrados con una media agua, dos piezas de madera y una letrina con pozo séptico. En cada esquina instalaron una llave con agua potable y allí tuvimos que arreglarnos por un par de años hasta que la Corporación de la Vivienda construyó las casas pareadas de asbesto que todavía existen en la actual Población Santiago, al borde del Zanjón de la Aguada, uno de los canales donde se descargaban las aguas servidas de la ciudad.
Sospecho que debo mi buena salud -a los 53 años jamás me he enfermado- en gran parte a las pobres condiciones sanitarias en que me crié, que me hicieron desarrollar defensas a los patógenos desde niño. Al lado de nuestra población habían grandes extensiones donde se regaban lechugas y papas con agua sacada directamente del zanjón y cerca de nuestro barrio estaba el lugar donde llegaba toda la basura de Santiago, ya ni recuerdo como se llamaba pero a veces pasábamos a jugar por esos lados.
Poca gente recuerda como eran las condiciones de vida de los pobres en Chile hasta fines de los años setenta. En el Cerro Blanco, al borde del cementerio general, la gente vivía en cuevas igual que los cavernícolas, esos ni siquiera tenían una llave con agua potable por cuadra, las poblaciones callampa -así se llamaban entonces- eran todas de esa clase, sin ningún tipo de urbanización ni condiciones sanitarias mínimas. Así era cuando gobernaban los que ahora se recuerda como amigos del pueblo: los radicales, Frei Montalba, Allende.
A mediados de los ochenta, cuando se comenzaron a erradicar las tomas y a construir viviendas sociales en barrios urbanizados, hubo un gran escándalo por el riego de hortalizas con aguas servidas, que seguramente eran la causa de muchas enfermedades y la legendaria venganza de Moctezuma (diarrea) que adquirían los gringos apenas llegaban a Chile, al final se empezó a erradicar y prohibir el uso de estas aguas para el riego.
Muchos años después, en los noventas, cuando yo trabajaba en proyectos de inversion para el sector justicia me tocó conocer un problema de la Cárcel de Acha, acá en Arica, cuya planta de tratamiento de aguas servidas despedía un olor apestoso muy difícil de soportar. Pero también noté algo más, la cancha de fútbol y los árboles regados con esas aguas eran tan verdes que dolía la vista mirarlos, nunca había visto en Arica plantas y prados tan lindos.
Para el viajero que va a Tacna lo primero que le impresiona es la cantidad y calidad de las plazas y jardines que se ven a simple vista mucho más coloridos y sanos que los de Arica, la producción agrícola de Tacna también es muy superior en cantidad y calidad a la de los valles ariqueños y sospecho que la explicación es que ellos desde hace muchas décadas usan el agua servida para riego. Claro que le hacen un tratamiento -somero según tengo entendido- la acumulan en piscinas abiertas lejos de la ciudad donde son revueltas y decantadas para que los patógenos se degraden naturalmente.
En fin, todos estas cosas se me vinieron a la mente después de ver en el Discovery como está volviendo la idea de reutilizar las aguas servidas pero sin el costoso sistema de purificación que las vuelve potables, sino más bien dándole una manito de gato para dejar que la madre natura se encargue de volver nuestros líquidos, sólidos y gases de desecho en materia reutilizable, a bajo costo y con poco gasto de energía.
Hay que distinguir entre lo que es desagradable y lo que es dañino, podemos soportar algo de lo primero pero lo otro estamos obligados a eliminarlo. Por ejemplo si se riegan lechugas o papas con agua que contenga fecas (vulgo: caca) es posible que se contaminen con tifus, cólera y muchos otros patógenos perjudiciales, dejar confiados que se desarrollen las defensas naturales no parece buena idea en el siglo XXI. Sin embargo perfectamente se pueden regar frutales y plantas aéreas como el maíz con aguas servidas, con un riesgo mínimo de problemas de salud.
Siempre me ha espantado la cantidad de agua potable que se derrocha en los baños, donde para limpiar unos 300 cc de pis se ocupan como 10 litros de agua potable, apta para beber o lavarse. En Arica vivimos en uno de los lugares más secos del mundo y lo lógico sería que las Universidades tuvieran equipos de gente trabajando en hacer práctico el uso y tratamiento de las aguas servidas para riego, en lugar de estar regando con agua potable de primerísima calidad de nuestro acuífero.
Pero no, como vivimos en el país de los sinverguenzas con autoridad, las aguas servidas se regalaron graciosamente junto con la concesión de Aguas del Altiplano, a quienes obviamente no les interesa invertir en tecnología para agua de riego así es que la muelen y la tiran al mar todos los días. Peor aún, el proyecto estrella de nuestra presidenta es una planta desalinizadora, de esas que funcionan en Kuwait y Arabia Saudita ¿en que cabeza cabe tal estupidez? pero al fin y al cabo no sea tan estúpido porque la empresa española que está con nombre y apellido asignada para el proyecto es la misma que tiene asegurado durante años el suministro de agua del sector norte, también por obra de un gracioso decreto. Money talks, o como diría el Papa “la coima es más fuerte”