
Eso de que somos unos mendigos sentados sobre un cerro de oro es una imagen muy latinoamericana, la he escuchado cientos de veces conversando con amigos de Bolivia, Perú, Chile y como todos los lugares comunes este tiene un fondo de verdad, pero también puede llevar a ideas completamente equivocadas y a eternizar nuestros problemas en lugar de resolverlos, porque oculta la verdadera naturaleza del asunto.
Lo principal es entender en que consiste la riqueza porque cierta histórica estupidez nos ha negado sistemáticamente la comprensión de ese concepto que es tan básico. La riqueza no es algo objetivo e inmutable como cree la gente común, sino que es subjetiva y cambiante: Hubo una época en que la sal era más valiosa que el oro, también el guano de pájaro y el salitre fueron valiosas riquezas naturales alguna vez, como sabemos bien en Chile y Perú, en fin, ejemplos hay miles.
Ese es el error más común: confundir el potencial con riqueza efectiva. Una piedra en la cima del Morro tiene una enorme energía potencial si cae la tierra, 130 metros más abajo, pero su energía útil es cero mientras nadie suba al Morro y la empuje. Lo mismo pasa con las riquezas naturales, los minerales en su yacimiento no son valiosos, solo tienen potencial y mientras no venga alguien dispuesto a arriesgar mil millones de dólares o más, serán solo piedras inútiles, sin ningún valor como ocurre con muchos yacimientos en América Latina que no son explotados.
Así, la riqueza solo sirve cuando se hace efectiva, del mismo modo que una bala solo cumple su función cuando es disparada. Un caso clásico -y trágico- de incomprensión latinoamericana es lo que ocurre en Bolivia, uno de los países con enormes riquezas minerales, que dejó pasar a lo menos 5 años con precios de los comodities que tal vez nunca volverán a repetirse: como el agua entre los dedos. Mientras tanto entre discursos y arengas patrióticas sigue siendo el país más pobre de América del Sur. La imagen de un mendigo sentado sobre un cerro de oro no es exacta en este caso, la verdadera comparación es de un idiota que simplemente se niega a mejorar su situación con la teoría del perro del hortelano. Para colmo su propio harakiri no perjudica a sus enemigos, todo lo contrario, los lleva a buscar mejores oportunidades en otra parte.
Veamos, muchos dicen ¡al diablo con las mineras! ¿quien las necesita?, tomemos el caso de Chile por ejemplo donde la gran minería da 80.000 puestos de trabajo entre directos e indirectos y 400.000 puestos de trabajo inducidos. Esto es una realidad muy palpable para los que vivimos en el norte, solo en mi cuadra hay tres personas que trabajan en las mineras. No ha existido ningún gobierno en la historia capaz de generar esa cantidad de puestos de trabajo, la mayoría pagados sobre nivel de mercado. O sea que tenemos unas 480.000 personas que viven de la minería y probablemente estarían cesantes o subempleados de no existir los grandes proyectos.
Cada año la gran minería gasta casi 6 mil millones de dólares en operación, toda esa es plata que entra a la economía nacional: sueldos, proveedores, servicios, etc. Es plata que se reparte directamente entre chilenos de a pie y empresas proveedoras, mayormente chilenas. Todos esos necesitan la minería, viven de ella. Yo nunca he recibido un peso relacionado con la minería, pero no sería tan tonto de suponer que mi interés vale más que el de casi medio millón de personas, no voy a actuar como el perro del hortelano.
Entonces dicen “las grandes empresas vienen, se llevan todo y solo dejan el hoyo, quedando con enormes ganancias”, eso no es mentira, pero si una verdad a medias que no cuenta la historia completa: las empresas vienen y apuestan cientos de millones de dólares en exploraciones, la mayoría de esa plata se pierde pero cuando encuentran algo interesante lo inscriben e invierten a veces miles de millones de dólares para comenzar a recibir ganancias recién en varios años más. Después explotan y -con suerte- tienen grandes ganancias además de generar trabajo estable generalmente bien pagado.
Todo es grande en el negocio minero: grandes inversiones, grandes riesgos y grandes ganancias. La gente que en su vida ha manejado plata piensa que el capitalista es una especie de benefactor que está obligado a hacer el bien de los demás olvidando el propio, por cierto debe moderar sus ganancias para repartirlas equitativamente y si pierde solo él debe afrontar las pérdidas. Eso es una ilusión, nadie apuesta una enorme cantidad de plata si no tiene cierta seguridad que recibirá ganancias mucho más enormes. Por eso en Bolivia, Argentina y Venezuela esperan sentados a que lleguen inversiones mientras se llenan de telarañas. Cuba o China en cambio ya aprendieron, serán comunistas pero no giles, ofrecen jugosos retornos y un sistema muy corrupto, el sueño de cualquier inversionista.
¿Significa esto que hay que abrirse sin condiciones a toda la inversión minera? no siempre, obviamente la minería tiene costos ambientales siendo una de las actividades más contaminantes que existen, siempre hay que hacer un balance de costo beneficio, incluso si este sale bien (la minería en el desierto por ejemplo casi siempre es conveniente) igual se debe tratar de amortiguar los costos sin que el negocio deje de ser atractivo. El problema en esto es la corrupción, nuestros gobiernos por lo general son lo más fácil de corromper pero ese ya es otro cuento.
En fin, no quería desviarme a una alabanza a los inversionistas -aunque demás se la merecen- solo quería aclarar el error que existe al considerar el potencial como riqueza. El potencial NO es riqueza: yo soy potencialmente un genio y un millonario pero mientras no lo concrete sigo siendo un don nadie. Y así pasa con todo, y con todos. Ni los países ni las personas deberían sentirse orgullosos o jactarse de su potencial, al contrario, si es algo que aprecian deberían sentir verguenza de no haber sido capaces de desarrollarlo.