Me escribe mi compadre Edgar desde Cusco y me manda unas fotos de la última vez que nos juntamos, esa vez fue en el A Todo Vapor de Tacna y me comí un lenguado con papas fritas y arroz, una Coca-Cola y una de Whisky debajo de la mesa, terminamos happy y medio maharishi, ojalá que me salga algún pituto en Cusco para juntarnos a tomar como corresponde. Unas pocas fotos pueden verlas aquí.
Anoche vi una película entretenida en la televisión, se trataba de un tipo que todo lo hacía mal, trabajaba en una revista de cine y envidiaba la vida de los famosos. Finalmente consiguió “el éxito” recibiendo soborno por sus críticas y, como era de esperar, esta “corrupción” le trajo plata pero no la felicidad de su alma. Finalmente rechaza todo y vuelve con la chica sencilla e inteligente, terminan bailando el tema de La Dolce Vita en el Central Park. El argumento es asquerosamente obvio, pero me entretuve y vi la película completa, cosa que casi nunca ocurre.
Estaba pensando por que no me gusta el cine ni la televisión, nada de lo audiovisual me entusiasma y me acabo de dar cuenta por que: tiene relación con mi dificultad para reconocer las caras. Pasa algo muy raro con mi memoria visual, no recuerdo ningún argumento, incluso se me olvidan los de las pocas películas que me han gustado. Si me preguntan de que se trata La Dolce Vita, La Familia o Nos Habíamos Amado Tanto, tres de mis películas favoritas, no podría decirlo, solo me acuerdo que me gustaron mucho pero no podría decir de que diablos se trataban. De la película que vi anoche todavía me acuerdo del argumento en general, pero los detalles todos se me borraron.
Tom Wilke, que es psicólogo de profesión y trabajó muchos años en experimentos de fisiología, me decía que eso se llama prosopagnosia y es una disfunción muy extraña porque solo afecta a la capacidad para reconocer los rostros humanos. Por ejemplo tengo una memoria fotográfica sobre cualquier cosa que haya leído, incluso cuando era niño lo reconozco en seguida, el problema no es simplemente de memoria visual sino que está relacionado con una especie de ceguera específica de caras.
Me decía Tom que se trata de una “enfermedad” más o menos común y que la mente se las arregla para reconocer a las personas por otras cosas diferentes de la cara como el contexto, ropa, pelo, etc. Muchos pasan gran parte de su vida sin siquiera darse cuenta de esta incapacidad. Si agregamos a la prosopagnosia mis dificultades de concentración tenemos la explicación de por qué me aburre tanto el cine y la tele, prefiero las ideas generales, rápidas intuitivas: gleich alles suzammen.
Reunión de viejos, mi compañero Oscarini me invitó a comer paella a la hora de almuerzo, aprovechando que el famoso flaco Low, ingeniero comercial de nuestra época, andaba de visita por Arica y así estuvimos los cincuentones Oscar, Medalla, Claudio, flaco Low y yo ¡entre todos hacíamos más de 250 años! El flaco vivió muchos años en Ancud así es que fue un alegrón recordarnos de mi segunda patria, la gloriosa Isla de Chiloé, nos acordamos de La Golosina, el Oasis y otras tantas escuelas de la calle por donde hice mis estudios avanzados en alcoholismo y vida. Partimos tempranito tomando whisky, vinito y cerveza pero como comí harto no me hizo ni cosquillas. En fin, que viejos están todos mis amigos. Además hacíamos la escala perfecta Low (2 mt y algo), Claudio (1.90 mt), Oscar (1.80 mt y algo), yo (1.70 mt) y el chico medalla (1.50 mt y algo) estába como para sacarnos una foto pero no se nos ocurrió.
Como ven tengo puros temas interesantes hoy: almuerzos de borrachines, prosopagnosia y otras cosas que probablemente a nadie le importen un pepino. Pero que diablos, aparte del almuerzo no he hecho nada hoy y todavía tengo que escribir mi columna de La Estrella de Arica para el próximo miércoles. En vista de ello mejor apago la luz y cierro la puerta de la disparatada pieza donde guardo las tonteras que aparecen en este blog y sin más, me voy a hacer otra cosa. Hasta mañana.