Tomas Bradanovic

28 julio, 2007

La pesadilla del examen

Archivado en: examenes, pruebas, rapa-nui — tombrad @ 12:01 am

Mis hábitos de trabajo siempre han sido discontínuos y me cuesta mucho empezar a trabajar, tal como a la mayoría de las personas supongo. Pero una vez que parto no me para nadie, me agarro a la presa igual que un pitbull enojado.

Saqué un proyecto en un tiempo récord y lo más enredado -como siempre los presupuestos- lo saqué hoy en mi día de furia, pensé que me iba a dar más guerra pero no era tan brava la bestia como parecía.

Me imagino como sería en un trabajo normal donde estuviera obligado a hacer las cosas con o sin ganas, igual tendría que hacerlas pero rediablos que la pasaría mal, eso debe ser lo más desgastante de los trabajos regulares.

Me acordaba de esto a propósito de una amiga que no dire su nombre solo sus iniciales: Fabiola Pezoa, comentaba que tenía una prueba y pocas ganas de estudiar. Yo me acordé cuando estaba en la universidad y me pasaba lo mismo y me tenía que doblar el brazo y aplastar los dedos de la mano con un martillo pero igual estudiaba, en esos años aprendí que lo difícil es partir.

Las pruebas son la pesadilla del estudiante: la incertidumbre comienza una semana antes cuando uno empieza a pensar que diablos podría preguntar el profesor, luego viene conseguirse ejercicios, algunos profesores la ponen fácil y entregan guías otros nada “todo es materia de prueba” es su lema.

Me acuerdo cuando nos amanecíamos estudiando electromagnetismo, desesperados tratando de hacer el primer ejercicio que nos tomaba horas y un amigo -de cuyo nombre no quiero acordarmme- se dedicaba a holgazanear, distraído y distrayéndonos con los extraños sonidos que hacía con la boca. Toda la noche estudiando mientras el holgazan bostezaba, chasqueaba la lengua o hablaba puras tonteras, al final le daba un vistazo a los ejercicios que habíamos hecho, elegía un par y se los aprendía de memoria: justo los que salían en la prueba al día siguiente.

Otra cosa era la arbitrariedad de los profesores, yo me di cuenta desde el principio que en los primeros meses del curso el profesor decide quien merece aprobar y quien no, las pruebas son solo un pretexto para rajar a los que no merecen. Yo mismo cuando hacía clases me daba cuenta de lo fuerte que es ese sentimiento inconsciente, no es simpatía o antipatía personal sino una especie de modelo que uno tiene del alumno. Nunca ví que un profesor reprobara a alguien que -a su juicio- mereciera aprobar, aunque muchas veces se aprobaba a los que no merecían.

La prueba es el momento de la verdad, cuando se mata al toro. Yo tuve muy buena reputación los primeros años de la universidad porque traía buena base de Inacap, y me preocupaba de cultivar la reputación, creo que del 90% de las pruebas que hice fuí el primero en terminar, las hacía muy rápido y como no copiaba rara vez me demoraba más de 20 minutos. Dietram Eitner, amigo y cuadradísimo hijo de alemán era mi competencia directa, me acuerdo que nos sentabamos al lado, en primera fila, escribíamos furiosos mirando de reojo y tratando de terminar primero.

En tercer año empecé a reprobar ramos: reprobé electrónica 2, análisis de sistemas (¡y es lo que más he enseñado!) y laboratorio, los dos primeros ramos los odiaba con toda el alma y fué un parto aprobarls en la segunda oportunidad. En matemáticas no tenía problemas porque era ayudante y me gustaban mucho a pesar que tengo enormes dificultades para estudiarlas.

En fin, ¿quien no ha tenido la pesadilla del examen? uno se siente feliz porque terminó la universidad, ya nunca más se sentará a dar una prueba, terminó la memoria, el exámen de grado ¡todo!. Pero un momento, se acerca alguien y nos recuerda que nos falta eletromagnetismo2, el ramo que sabemos, con toda seguridad que jamás podremos aprobar. Todos los años de esfuerzo para nada, todo tirado a la basura. Y ahí uno se despierta con un tambor en el pecho respirando apenas y bañado en transpiración, ¿a quien no le ha pasado?, a mi un par de veces por lo menos.

Y bueno, se supone que debería colocar un slideshow, pero me llamó mi amigo Marcelo para que nos tomemos un trago, más vale tener amigos que plata en el banco: el Rapa-Nui me espera, este no es un adiós, tan solo un hasta pronto, chao nomás, tengo asuntos muy importantes que atender.

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