Tomas Bradanovic

9 octubre, 2009

Esto es vida!

Archivado en: pública, universidad — tombrad @ 8:14 am


La verdad es que uno disfruta menos cuando está metido en la organización de la fiesta. Ayer se inauguró el Cuarto Encuentro de la Escuela de Ingeniería Eléctrica y Electrónica y andaba más preocupado de que las cosas salieran que de pasarla bien. Bah, el próximo año mejor iré de espectador nomás. Lo mejor fue antes del encuentro cuando nos fuimos a tomar un pitcher con el chico Medalla al centro, tal como muestra la foto.

Partió con el consabido discurso, la exposición tecnológica -muy buena- y hasta tocaron el himno de la universidad, que yo jamás había escuchado. De allí nos fuimos a conocer el nuevo edificio de la escuela, una reunión de trabajo entre ex alumnos y en la noche a una comida en el Tambo, restaurant que está al lado del pueblito artesanal. Todo bien hasta el momento aunque demasiado trabajo para mi, cosa que no me hace maldita gracia. Algunas fotos pueden verlas AQUI.
Es impresionante como se ha bajado el nivel de exigencia con el tiempo, nuestra malla curricular para ingenieros de ejecución tenía alrededor de 70 cursos, ahora los ingenieros civiles tienen algo más de 50. El total de horas para cada carrera es mucho menor, según me dicen fue un acuerdo del consejo de rectores, probablemente para competir con los institutos profesionales y universidades que empezaron a ofrecer títulos express. En nuestros años si uno reprobaba un mismo curso dos veces se iba para afuera, excepcionalmente podía pedir una tercera oportunidad al consejo académico y muchos de mis compañeros perdieron la carrera por eso, hoy se puede reprobar hasta cinco veces un mismo ramo. Mientras paguen no hay problema.
Cuando se liberalizó la enseñanza superior y se empezó a masificar, algunas cosas cambiaron para mal, no por culpa de la liberalización sino de las propias universidades que no se dieron cuenta que vender títulos express es un mal negocio en términos de estrategia. Y empezó la carrera por el falso prestigio donde todas las universidades quieren dar la imagen de ser un pequeño M.I.T. La carrera por el prestigio se ha desarrollado por un carril equivocado y va a tener muy malas consecuencias a mediano plazo. Todo parte con la acreditación, que es un proceso similar a las certificaciones de calidad ISO donde se ponen objetivos y una institución externa verifica y certifica si esos objetivos se cumplieron, de ser así la carrera se acredita por un determinado tiempo. Este sistema ha llevado a situaciones muy indeseables para la verdadera calidad académica.
Uno de los problemas mas alarmantes de este sistema es que las universidades estatales se ponen metas fáciles de cumplir, por ejemplo la cantidad de profesores con grado de master o doctor. Las políticas de gobierno, que entraron de lleno a este cuento por el prestigio, no tomaron en cuenta nuestra idiosincracia: cuando los profesores obtienen un doctorado ya no quieren hacer clases o solo quieren tomar los cursos más fáciles, dejando los difíciles a los profesores hora, medios pollos como yo que hacen todo el trabajo sucio.
Los profesores hora pueden dar muy buenos resultados cuando son gente que viene de la industria a traspasar experiencia de la vida real en talleres o cursos electivos, pero la formación puede ser desastrosa si los ponen a hacer ramos teóricos de formación profesional. Cuando yo estudiaba habían cátedras con nombre y apellido: un profesor era “dueño” de teoría de redes, otro de electromagnetismo, de sistemas eléctricos de potencia, etc. Ahora los alumnos me comentaban que ponen a muchachos recién egresados, contratados como profesores hora, a hacer esos ramos. Mientras que los que están contratados se dedican a ocupar cargos directivos o hacer los cursos más fáciles. Algo anda muy mal en eso.
Cuando yo empecé a estudiar solo existían las universidades estatales y al abrirse el sistema (fue en realidad una ventana que duró unos pocos años, luego volvió a cerrarse) nosotros pensábamos con alarma que las universidades privadas iban a bajar el nivel de la educación superior y que iban a salir tipos con nuestro mismo título pero mucho peor preparados. En un principio ocurrió así, incluso todavía quedan algunas universidades “aplaplac” vendedoras de títulos, sin embargo las privadas se dieron cuenta antes que nadie que el verdadero negocio estaba en la satisfacción del cliente y que esta satisfacción no está necesariamente ligada a un título express, sino a la sensación de que gastaron tiempo y dinero en algo que vale la pena.
Así es como muchas universidades privadas han ido buscando el camino de la calidad real, a diferencia de la calidad aparente en que van cayendo las estatales. ¿Como se consigue verdadera calidad? consiguiendo los mejores profesores, no necesariamente los que tienen grandes credenciales sino los que dejan más satisfechos a los alumnos. Una universidad estatal no puede hacer eso porque sus plantas de profesores son prácticamente inamovibles ¿les suena conoido el problema? las semejanzas con al educación municipalizada son claras. No existe mejor incentivo para hacerlo bien que el temor a ser despedido si lo hacen mal.
Así las universidades estatales enfrentaron el desafío de la competencia de una manera muy chilena: aparentando, llenándose de doctores que no hacen clases y proclamando que llevan la antorcha de la excelencia académica. La verdad es que las buenas universidades privadas se las están comiendo.
Pero toda moneda tiene dos caras. Las universidades estatales tienen un potencial enorme derivado de su ventaja clave: pueden funcionar sin ser económicamente rentables. Si valorizamos todos los privilegios que reciben del estado ninguna universidad pública es rentable. Esta condición es amenaza y oportunidad: con un buen liderazgo puede significar una oportunidad enorme, sin liderazgo, es su peor amenaza. La Universidad de Tarapacá por ejemplo está espectacular en términos de infraestructura, si la comparamos con las barracas donde nosotros estudiábamos o con otras universidades privadas.
Los proyectos de mejoramiento de calidad de la educación, las facilidades para obtener becas, el acceso privilegiado a contactos y convenios internacionales, los beneficios históricos, son todas ventajas del modelo fiscal que se podrían transformar en calidad si existiera un liderazgo orientado a eso. Pero ¿saben que pasa? el ser humano funciona en base a incentivos y no hay mayor incentivo para buscar una calidad real cuando se puede obtener lo mismo con calidad aparente y poco esfuerzo. Ese es el problema al final.

19 febrero, 2008

Me la hubiesen regalado por no hacer nada.

Archivado en: inversión, mentiras. proyectos, pública — tombrad @ 8:11 pm

Me escribe el sobrino de un amigo contándome una idea de proyecto de inversión que tiene, me manda el perfil y pide que le de unos consejos. Aunque estoy medio retirado de esas pistas, años atrás tuve bastante experiencia con el sistema de inversión pública.

Trabajé más de 10 años haciendo proyectos para el Poder Judicial y otras reparticiones, en total debo haber ganado proyectos por unos 2 millones de dólares que es poca plata para inversión pública pero son muchos los proyectos porque eran chicos en su mayoría y con el peso bastante devaluado.

Al final de mi currículum, que jamás me ha servido para nada aparece un listado de proyectos en mis años más activos donde se puede ver que tiraba de chincol a jote. Muchos más recientes no aparecen listados, y muchos más que no fueron aprobados, porque la relación era a lo menos dos no por uno si.

Pero bueno, como siempre me preguntan como se hace uno de esos proyectos, voy a colocar un procedimiento simplificado, tipo hágalo usted mismo, por si alguien tiene intenciones de agarrar algún billete del papá fisco, que a estas alturas parece ser el único que tiene plata en Chile.

Generalmente se confunde una idea con un proyecto. Una idea es solo el primer eslabón de un proceso largo y tedioso, cuyo destino final es poruñarle plata al fisco. Supongamos que un día yo amanezco ocurrente y pienso que sería una gran idea hacer una pista de skate board en la Playa Chinchorro (si, ya hay una, por eso la pongo como ejemplo). Entonces tomo unas fotos, me siento en el computador, bajo imágenes de Internet y escribo unas 20 páginas que dicen por que sería bueno hacer una pista de skate allí.

Demás está decir que Chile está repleto de ideas y perfiles por el estilo, algunos llegan incluso a hacer una maqueta y se presentan a Mideplan con cara de “vengan acá mis millones”. La mayoría de las ideas llegan a esa etapa, se habla con un diputado, alcalde o consejal que lo miran, dicen “humm que interesante” y hasta allí llega todo.

Pero la cosa recién comienza, el siguiente paso es determinar a cual de los fondos concursables se va a postular. Como regla general es mucho mejor postular a concursos nacionales, porque los regionales suelen estar más arreglados que mesa de cumpleaños. El concurso también debe tener relación con los objetivos del proyecto así es que si mi idea es de una cancha de skate tengo que buscar concursos en el sector fomento al deporte, mejoramiento de barrios o algo por el estilo.

Una vez que encontramos un fondo cuyas bases se acomodan a nuestra genial idea, tenemos que encontrar un beneficiario, porque el papá fisco tiene la mala costumbre de no pasarle plata directamente a las personas, se necesita una organización, normalmente fiscal, para que actúe de intermediaria. Esa búsqueda debe ser muy cuidadosa, porque el burócrata a cargo de la institución beneficiaria bien podría darnos lienza, hacernos trabajar durante meses para después asignar las platas a la empresa de su mamá o su hermano. El beneficiario también debe estar conforme a las bases, más de una vez me tocó trabajar durante meses para darme cuenta leyendo bien, que el beneficiario estaba fuera de bases, como me ocurrió hace dos años con la Universidad de Tarapaca.

En fin, ya tenemos la idea y el beneficiario, ahora nos toca trabajar. El siguiente paso consiste en descargar y llenar el formulario, que son normalmente 80 a 150 páginas llenas de redundancias donde básicamente hay que colocar:

-Una descripción del proyecto
-Descripción del problema
-Objetivos general y específicos
-Productos y resultados
-Metas cuantitativas
-Segmento de mercado objetivo
-Sustentabilidad
-Análisis de la competencia
-Metodología
-Proyectos relacionados
-Organización
-Etapas
-Presupuestos
-Evaluación Económica
-Evaluación social
etc. etc

Además de todos los antecedentes de los beneficiarios, ejecutores, cotizaciones y mil detalles largos de enumerar. En definitiva los formularios de proyectos de inversión pública son casi siempre muy parecidos y tienen bloques identificables, los principales son:

-El cuento, verso, poesía, etc..
-La formulación técnica detallada
-La planificación
-Los presupuestos y cotizaciones
-La evaluación económica y social

Una vez que tenemos todas estas cosas hechas (lo que puede durar varios meses o más de un año, con retrasos por las fechas de concurso, cambio de beneficiarios, etc.) sacamos 6 u 8 copias del testamento, los metemos en sobres separados con la identificación de los beneficiarios, los presentamos y nos ponemos a rezar para que no falle ninguna de las mil y una cosas que podrían fallar.

El mejor escenario es que lo aprueben y tenga un alto impacto social. Cuando veo a alguien en silla de ruedas subiendo al Tercer Juzgado de Letras por el ascensor, y me acuerdo que antes de que se me ocurriera la idea tenían que subirlos en andas, me da una gran satisfacción, me río para mis adentros y pienso “este pechito pues”. Cuando veo proyectos buenos como las sentencias seguras y los permisos provisorios de conducir seguros, o las comunicaciones seguras entre Tribunales, que después se abandonaron, me da rabia y ganas de patear la perra.

Lo mismo cuando veo proyectos que se implementaron mal y terminaron siendo un gasto de plata inútil, lo único que me consuela es pensar en las lucas que me eché al bolsillo, pero también pienso con tristeza que habría sido mucho mejor y más eficiente si me las hubiesen regalado por no hacer nada.

Me la hubiesen regalado por no hacer nada.

Archivado en: inversión, mentiras. proyectos, pública — tombrad @ 8:11 pm

Me escribe el sobrino de un amigo contándome una idea de proyecto de inversión que tiene, me manda el perfil y pide que le de unos consejos. Aunque estoy medio retirado de esas pistas, años atrás tuve bastante experiencia con el sistema de inversión pública.

Trabajé más de 10 años haciendo proyectos para el Poder Judicial y otras reparticiones, en total debo haber ganado proyectos por unos 2 millones de dólares que es poca plata para inversión pública pero son muchos los proyectos porque eran chicos en su mayoría y con el peso bastante devaluado.

Al final de mi currículum, que jamás me ha servido para nada aparece un listado de proyectos en mis años más activos donde se puede ver que tiraba de chincol a jote. Muchos más recientes no aparecen listados, y muchos más que no fueron aprobados, porque la relación era a lo menos dos no por uno si.

Pero bueno, como siempre me preguntan como se hace uno de esos proyectos, voy a colocar un procedimiento simplificado, tipo hágalo usted mismo, por si alguien tiene intenciones de agarrar algún billete del papá fisco, que a estas alturas parece ser el único que tiene plata en Chile.

Generalmente se confunde una idea con un proyecto. Una idea es solo el primer eslabón de un proceso largo y tedioso, cuyo destino final es poruñarle plata al fisco. Supongamos que un día yo amanezco ocurrente y pienso que sería una gran idea hacer una pista de skate board en la Playa Chinchorro (si, ya hay una, por eso la pongo como ejemplo). Entonces tomo unas fotos, me siento en el computador, bajo imágenes de Internet y escribo unas 20 páginas que dicen por que sería bueno hacer una pista de skate allí.

Demás está decir que Chile está repleto de ideas y perfiles por el estilo, algunos llegan incluso a hacer una maqueta y se presentan a Mideplan con cara de “vengan acá mis millones”. La mayoría de las ideas llegan a esa etapa, se habla con un diputado, alcalde o consejal que lo miran, dicen “humm que interesante” y hasta allí llega todo.

Pero la cosa recién comienza, el siguiente paso es determinar a cual de los fondos concursables se va a postular. Como regla general es mucho mejor postular a concursos nacionales, porque los regionales suelen estar más arreglados que mesa de cumpleaños. El concurso también debe tener relación con los objetivos del proyecto así es que si mi idea es de una cancha de skate tengo que buscar concursos en el sector fomento al deporte, mejoramiento de barrios o algo por el estilo.

Una vez que encontramos un fondo cuyas bases se acomodan a nuestra genial idea, tenemos que encontrar un beneficiario, porque el papá fisco tiene la mala costumbre de no pasarle plata directamente a las personas, se necesita una organización, normalmente fiscal, para que actúe de intermediaria. Esa búsqueda debe ser muy cuidadosa, porque el burócrata a cargo de la institución beneficiaria bien podría darnos lienza, hacernos trabajar durante meses para después asignar las platas a la empresa de su mamá o su hermano. El beneficiario también debe estar conforme a las bases, más de una vez me tocó trabajar durante meses para darme cuenta leyendo bien, que el beneficiario estaba fuera de bases, como me ocurrió hace dos años con la Universidad de Tarapaca.

En fin, ya tenemos la idea y el beneficiario, ahora nos toca trabajar. El siguiente paso consiste en descargar y llenar el formulario, que son normalmente 80 a 150 páginas llenas de redundancias donde básicamente hay que colocar:

-Una descripción del proyecto
-Descripción del problema
-Objetivos general y específicos
-Productos y resultados
-Metas cuantitativas
-Segmento de mercado objetivo
-Sustentabilidad
-Análisis de la competencia
-Metodología
-Proyectos relacionados
-Organización
-Etapas
-Presupuestos
-Evaluación Económica
-Evaluación social
etc. etc

Además de todos los antecedentes de los beneficiarios, ejecutores, cotizaciones y mil detalles largos de enumerar. En definitiva los formularios de proyectos de inversión pública son casi siempre muy parecidos y tienen bloques identificables, los principales son:

-El cuento, verso, poesía, etc..
-La formulación técnica detallada
-La planificación
-Los presupuestos y cotizaciones
-La evaluación económica y social

Una vez que tenemos todas estas cosas hechas (lo que puede durar varios meses o más de un año, con retrasos por las fechas de concurso, cambio de beneficiarios, etc.) sacamos 6 u 8 copias del testamento, los metemos en sobres separados con la identificación de los beneficiarios, los presentamos y nos ponemos a rezar para que no falle ninguna de las mil y una cosas que podrían fallar.

El mejor escenario es que lo aprueben y tenga un alto impacto social. Cuando veo a alguien en silla de ruedas subiendo al Tercer Juzgado de Letras por el ascensor, y me acuerdo que antes de que se me ocurriera la idea tenían que subirlos en andas, me da una gran satisfacción, me río para mis adentros y pienso “este pechito pues”. Cuando veo proyectos buenos como las sentencias seguras y los permisos provisorios de conducir seguros, o las comunicaciones seguras entre Tribunales, que después se abandonaron, me da rabia y ganas de patear la perra.

Lo mismo cuando veo proyectos que se implementaron mal y terminaron siendo un gasto de plata inútil, lo único que me consuela es pensar en las lucas que me eché al bolsillo, pero también pienso con tristeza que habría sido mucho mejor y más eficiente si me las hubiesen regalado por no hacer nada.

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