En la selva todo es incierto, la civilización nos cubre con un colchón de seguridades tan grande que pasa desapercibido para nosotros y lo tomamos como cosa normal. En cambio en un lugar remoto e inhospito como es “el monte” -así le llaman a la verdadera selva los que viven en pueblitos- entonces hasta las cosas más sencillas pueden convertirse en una tragedia; una comida típica nos puede contagiar la hepatitis, un paseo y nos pica un mosquito con fiebre amarilla, incluso el hecho básico de moverse de un lugar a otro se transforma en algo que podría ser muy peligroso.
Así veníamos ayer muy alegres desde Mazuko a Puerto Maldonado en lo que parecía ser el fin de nuestras penas, son apenas unos 200 Km pero toma 5 horas en auto, el camino se veía bastante bueno y el auto iba rapidísimo y saltaba alegremente cada vez que pasaba encima de alguna de las grandes zanjas de agua que cruzan el camino. Nos habían prevenido que si llovía se iba a cortar el camino y tendríamos que pasar la noche en el monte, donde aparecen las legiones de mis temidos zancudos (no me puse ni una sola vacuna por miedo a las inyecciones).
Cuando estábamos a unos 50 km de llegar sucedió lo menos esperado, una rueda trasera empezó a sonar como si se hubiese reventado el neumático. Pero era elgo peor, se había roto el rodamiento y el chofer-mecánico lo desarmó entero y llegamos a la conclusión de que no podría seguir. Ahi se que nos asustamos -de nuevo- íbamos 4 pasajeros pero tres eran de la selva y se prepararon para quedarse hasta el otro día cuando abrieran el camino, sin comentar demasiado. Estaban acostumbrados a esas cosas.
Lo peor es que ya se había cerrado el camino para hacer los trabajos así es que las posibilidades que alguien más nos llevara eran minúsculas. Hasta que apareció un bus, lo hicimos parar, le preguntamos si iba a Puerto Maldonado y cuando nos preparamos para subir sin máyores explicaciones partió dejándonos abajo. Seguramente pensó que podría ser un asalto, esa es una táctica habitual. Para que les cuento la rabia y la frustración de ver alejarse al maldito bus.
Y seguimos esperando hasta que pasó un enorme camión Volvo, bajó la velocidad al pasar y lo abordamos como pudimos, le pedimos al chofer que nos llevara cuando estábamos instalados arriba, el hombre accedió a llevarnos hasta un cruce llamado “Laberinto”. La verdad es que de los 4 pasajeros solo alcanzamos a subir 3, otro se quedó abajo y quien sabe como se las ha arreglado. Allí había un par de taxis locales pero nadie quería llevarnos a Maldonado, hasta que al final encontramos a uno de buena voluntad que nos llevó los 40 km que nos faltaban.
Estas cosas que para uno son espeluznantes para la gente que vive por acá son normales; no existen comunicaciones, los caminos se cierran y uno se queda botado en el camino por cualquier cosa, si tiene suerte alguien lo lleva, si no se pasa la noche allí mismo aunque llueva, y cuando en el monte llueve, realmente llueve.
La única moraleja que se me ocurre es que nada que nos pueda pasar es tan terrible, hay que conformarse nomás y esperar que sea lo que Dios quiera. Unas pocas fotos del tramo Mazuko-Puerto Maldonado con accidente incluído pueden verlas AQUI.