Vengo llegando de una exquisita comida griega a que nos invitaron la Mila y Rudy, que puedo decir, simplemente espectacular. Aproveché de tomar fotos a su gimnasio y por supuesto desafié a Rudy a que nos pusieramos los guantes, tal vez ustedes no lo sabían pero yo soy un gran maestro del kickboxing y Rudy quedó impresionado con mi habilidad con el saco, así es que dijo “Tomás, no peleemos, mejor vamos a comer“, y así lo hicimos comiendo la exquisita cena gourmet que preparó Mila, yo comí hasta quedar como bola.
Pasando a otro tema, me llamó la atención un análisis de fortalezas y debilidades que apareció en el blog de mi amiga Fabiola, lo había hecho un grupo de micro empresarias dedicadas a las confecciones, miren esto:
La mayoría mencionó entre sus fortalezas: Las ganas de hacer cosas. Ser jefas de hogar. Tener experiencia en su rubro. Ser perseverantes y responsables. Ser detallista. Intuitiva (y no bruja) y empática. Ser atrevidas. Contar con apoyo familiar (cuando llegan los $ se alegran)
Entre las debilidades lo más mencionado fué:No tener acceso a financiamiento. Ser discriminadas y prejuzgadas como incapaces por ser menos agresivas que los hombres. Escasa información de los fondos concursables. Escasa formación contable, de TIC´s y de gestión empresarial. Temor a asociarse por malas experiencias anteriores. Discriminación por tener Dicom aún cuando el banco dice que el 99% de las mujeres son las más cumplidoras en temas crediticios. Fomentar el machismo desde el hogar.
Si se fijan ni una sola palabra sobre sus posibles clientes, una lista de Yo, Yo, Yo, que ni siquiera llega a cuestionarse por que alguien se va a interesar por comprar las cosas que ellas hacen. ¿Van a comprarles porque tienen ganas de hacer las cosas? ¿o porque son jefas de hogar? ¿para no discriminarlas tal vez?.
Para ser justos no es un asunto de hombres o mujeres: el enfoque de lo que llamaría La Empresa Ególatra se da exactamente igual entre los pequeños empresarios -hombres o mujeres- que creen que basta con fabricar bien las cosas, llevar las cuentas ordenadas y con eso tienen el éxito garantizado. Nada de eso, hacer cosas es lo más fácil, el problema es venderlas.
Supongamos que se soluconan todas las debilidades que mencionan: que nadie las discrimine ni las prejuzgue, que ganen fondos concursables, que se conviertan en expertas de la contabilidad, que el banco les preste toda la plata que quieran, etc. etc. ¿se supone con eso tendrían todo listo para el éxito?. Nada, sus reales problemas ni siquiera han empezado.
Partiendo por que diablos van a hacer con la plata que les prestaron. Uno de los problemas básicos es tener un buen producto, cosa que ni siquiera está considerada entre las debilidades o fortalezas. Supongamos que ellas saben hacer camisas de mezclilla ¿y que pasa si nadie quiere comprar camisas de mezclilla? ¿o si el precio a que pueden colocarlas no cubre los costos? ¿o si los únicos compradores que encuentran no son confiables y no cumplen sus compromisos?.
Los microempresarios viven quejándose que nadie les da capital, como si tener capital fuese el principal problema, no señores, el capital y la propia expertise son problemas secundarios. El principal problema es tener mercado. Si yo me consigo una propuesta para hacer pantalones para todos los militares de Tarapacá y reponerlos a medida que se vayan gastando no necesito capital ni experiencia ni nada, porque con un contrato así en la mano los bancos harán fila para prestarme plata y puedo subcontratar a los mejores confeccionistas que existan. Eso muestra como el problema real es el mercado que tiene nuestro producto y como conquistarlo.
Esta falta de visión, de la empresa ególatra es alimentada por el mismo gobierno que subsidia una y otra vez a los empresarios con concursos de emprendimiento mal dirigidos como los capitales semilla. Equivocadamente los burócratas creen que lo que falta es capital y buenas ideas, eso es lo que sobra, lo que falta son los compradores.
Y así se botan miles de millones de pesos cada año en regalar capital a micro empresarios con ideas geniales que nunca se pusieron a pensar a quien diablos iban a vender sus maravillosos productos. No es nada raro porque los economistas y burocratas del gobierno que idean esas políticas jamás en su vida han tenido una empresa ni trabajado en nada productivo.
La empresa ególatra es muy común en toda América Latina, donde acostumbramos a enganchar el carro adelante del caballo y sus efectos más notables son la mala calidad del servicio y la falta de respeto por el cliente. Como es algo tan extendido nosotros ya estamos acostumbrados al mal servicio pero cuando viene alguien de afuera se da cuenta inmediatamente de este problema.
Es lo que contaba Mila en su blog cuando fué al restaurant Maracuyá y le sirvieron un plato carísimo con pescados y hortalizas congeladas, en una ciudad donde los productos frescos son lo más barato que existe. He escuchado esa misma crítica decenas de veces, siempre de extranjeros porque a los chilenos no nos importa y normalmente ni nos damos cuenta.
¿Que pide un chileno cuando va a un restaurant? normalmente productos exóticos que vienen necesariamente congelados: albacora, atun, ostras. Del momento que ordena esas cosas es porque le da lo mismo comer un producto congelado (y seguramente descongelado varias veces) que uno fresco. Así los restaurants ya no se preocupan de cocinar con productos frescos, total, la gente ni se da cuenta.
Peor todavía, los mozos -bien por ignorancia o mala fé- muchas veces mienten al respecto. Hace un tiempo pregunté en un caro restaurant si el atún era fresco o congelado (solo por molestar, para ver que me contestaban), el mozo me dice irritado ¡señor, todo el pescado acá es fresco! (¡wow, lo deben traer en jet cada día desde Ecuador entonces!). Aunque hay excepciones de honradez, en el Azapa Inn un mozo peruano me dijo: lo siento, acá trabajamos solo con pescado congelado, por lo menos no me vió la cara de tonto.
Este es un ejemplo de los efectos de la empresa ególatra, centrada en sus necesidades, sus deseos, su conveniencia y los clientes que se frieguen. Es un asunto de mentalidad, la diferencia de precios entre trabajar con todo fresco es insignificante y la diferencia en calidad enorme ¿por que entonces las empresas ególatras no se espabilan?