>
El incendio de la cárcel se San Miguel, que dejó más de 80 muertos divide a la opinión pública en dos grupos. A algunos les escandaliza la inhumanidad del sistema y lo ven como una tremenda e injusta tragedia. Otros -me incluyo- lo vemos con indiferencia o incluso muchos se alegran de la justicia directa que significa que algunos criminales se hayan muerto, con lo que termina la posibilidad de que vuelvan a la calle cuando cumplan su condena.
Esto nos devuelve a un antiguo debate entre los que pensamos que la cárcel debe ser un castigo y aquellos que opinan que debería ser una especie de escuela que entregue oportunidades para que los malos se reformen y se reinserten en la sociedad.
Si pensamos en la cárcel como castigo no podemos obviar el carácter de venganza por mano del estado en sustitución de la venganza por mano propia que las víctimas o los deudos podrían tomar por reacción natural: si alguien mata a un ser querido yo me sentiría muy satisfecho matándolo, además contribuiría la seguridad general con un antisocial menos en el mundo. Claro que la venganza por mano propia podría ser bastante arbitraria y se terminaría con la ley del más fuerte con todo el mundo armado hasta los dientes. Para evitar eso las personas normales delegamos pacíficamente nuestra venganza en el aparato represivo del estado para que la tome a nombre propio.
Los que piensan en la cárcel como escuela de rehabilitación tienen un argumento económico muy atrayente: dicen que aumentar la cantidad de rehabilitados es más barato a la larga que encerrarlos a todos, también tienen un argumento de “justicia social” que atrae mucho a los igualitaristas que dice que a la cárcel solo van los pobres mientras que los ricos pueden cometer los peores crímenes y siempre salen impunes. Adicionalmente muchos relacionan el delito con la pobreza y lo que llaman injusticias sociales, que no es otra cosa que la desigualdad entre ricos y pobres.
Yo creo que ninguno de los argumentos rehabilitadores ha mostrado jamás algún grado de éxito en el mundo real: la rehabilitación es baja independientemente de lo que se invierta, no existe país en el mundo que pueda mostrar que sale más económico rehabilitar que encerrar y si muchos índices que -por el contrario-la rehabilitación es cara y muy pobre en resultados. Que los ricos sean impunes tampoco es cierto y si bien tienen mejores medios para defenderse, al menos en Chile es común ver criminales de buena situación que se van presos. Sobre la justicia social ni hablar, el delito existe igual en los países más y menos igualitarios, cero relación.
El problema es que desde hace 20 años los rehabilitadores han tenido el poder político y colocaron su posición como lo políticamente correcto. A partir de las Leyes Cumplido de 1991 y la reforma procesal penal más o menos del mismo año, la ofensiva rehabilitadora se ha tomado amplios espacios en los poderes del estado. En los casi 20 años de la concertación la Corte Suprema fue purgada, llenada con jueces ambiciosos y -como es tradición en Chile- obsecuentes a los gobiernos de turno. Las facultades de derecho formaron generaciones de abogados convencidos del garantismo y la rehabilitación que ahora trabajan en la burocracia pública creada por la reforma: defensores públicos, jueces de garantía y aún fiscales. La rehabilitación pasó a ser “in” en la burocracia del estado.
Los efectos prácticos de la ofensiva garantista y rehabilitadora se muestran en el gráfico que encabeza esta entrada. El diagnóstico en 1990 era que las cárceles estaban repletas y había que descongestionarlas. El diagnóstico típico de los rehabilitadores: que la justicia perjudicaba a los más pobres, muchos de ellos estaban encarcelados injustamente. La solución propuesta fue acortar los juicios, aumentar las medidas alternativas que no signifiquen reclusión, aumentar las garantías de los acusados. Sin embargo a partir de la reforma vemos un crecimiento enorme en la cantidad de encarcelados. Peor todavía, miren este otro gráfico que muestra como son más los encarcelados efectivamente que antes de la reforma

¿Que pasó? ¿que no se iban a descongestionar las cárceles acortando los juicios, bajando penas y aumentando las garantías? Los dos gráficos son una bofetada a esos argumentos, que muestra la terrible equivocación de los diagnósticos. Pasó algo que es lógico, al bajar los costos del delito entró más gente al sistema, la reforma fue una gran fábrica de delincuentes. Hay que tener en cuenta que con las reformas legales a muy poca gente la encierran en su primer delito, o sea los que están recluídos son en su gran mayoría reincidentes que cometieron algún delito antes y no los encerraron. No hay que ser Einstein para darse cuenta que si hay más recluidos que nunca, entonces toda la reforma fue un costoso fracaso.
Pero hay mucha gente que ya ha hecho de la reforma su medio de vida, que están en buenos puestos, especialmente en el parlamento y la corte suprema, que tienen influencia en los medios y ya han sacados sus líneas de defensa que encuentran amplia difusión en los medios. Por ejemplo dicen que “es una ilusión pensar que con leyes se van a eliminar los delitos, ninguna reforma puede bajar los delitos”. Ese argumento es especialmente hipócrita porque, si bien es cierto las reformas no pueden eliminar la delincuencia, es muy claro que si pueden aumentarla exponencialmente al bajar el costo de los delitos, solo hay que mirar los gráficos.
Para variar les doy la receta, aquí va:
Primero que nada el tráfico de estupefacientes debe dejar de ser penado con cárcel, basta con que despojen de todos los bienes a los delincuentes y sus familias hasta tercer grado de consanguinidad. Igual medida para todos los delitos culposos (atropellos, mala práctica, etc.). Solo se deben castigar con cárcel delitos donde hay dolo y ofendidos, la cárcel es venganza, no reformatorio.
Segundo, todos los delitos dolosos contra la vida deben aumentar sus penas, si hay resultado de muerte la pena no puede ser menor a 10 años. Los asaltos a mano armada no pueden tener penas inferiores a 5 años cualquiera que sea la edad del delincuente. Menores de edad en cárceles segregadas, ojo “cárceles” no centros de tíos del Sename (que son una verguenza nacional).
Tercero, los delitos contra la propiedad sin ataque físico deben tener la posibilidad de conmutación alternativa de la cárcel por el despojo de los bienes en favor de las víctimas y el fisco de igual modo que con los delitos culposos.
Cuarto, desmontar el carísimo sistema de la reforma procesal penal, alias “transantiago 2″ usando las instalaciones y personal actual en la vuelta del proceso antiguo, con las correspondientes actualizaciones tecnológicas (esa es la reforma que se necesitaba y jamás se hizo).
Pero todavía tenemos enquistados a supremos, políticos, jueces rehabilitadores y garantistas, que hacer. Salen todo el día en la tele exponiendo su veneno y exigiendo más de lo mismo, más de lo que demostró ser un fracaso. Más plata para rehabilitación, más plata para funcionarios de toda clase, más garantías, más medidas alternativas a la reclusión y al final, lo único que podrán hacer en la práctica: más cárceles. Han sido muy eficientes fabricando delincuentes y seguramente seguirán así por varios años.
Hasta que la cosa explote. Todo va cada día peor y la gente normal mira con furia creciente la cuatica de los familiares de los presos muertos y cada ves son más los que se alegran por que se hayan ahogado o quemado vivos. Ese es el otro resultado de los reformistas, la creciente arrogancia de los criminales ha creado una ola de odio hacia cualquiera que llega a la cárcel.
Yo no soy para nada moralista y no me creo mejor ni más puro que alguien que ha caído en cana. Por asuntos de trabajo he conocido la cárcel por dentro y tengo claro que no existe esa diferencia entre nosotros y ellos que algunos hipócritamente proclaman, llegado el momento cualquiera de nosotros puede irse preso, tengo un par de grandes amigos en la cárcel y no quisiera que les pase nada malo. Pero tampoco estoy dispuesto a apoyar que se siga botando la plata del estado -que podría gastarse en educación, seguridad o muchas otras cosas útiles- en cuidar el bienestar de los que están presos. Si fuesen poquitos ni un problema pero si la fábrica de delincuentes que está en plena producción sigue creciendo, por mi que se quemen nomás. Accidentes hay en todas partes.