Tomas Bradanovic

19 octubre, 2010

>Negro el ocho

Archivado en: negocios, riesgo — tombrad @ 11:36 pm

>Anoche me junté con Rodrigo Nuñez, recién había inaugurado la exposición colectiva y dos de los expositores nos invitaron a tomar un vino con picoteo al Terra Amata. Se trataba de Alfred Exss y Junger Werkmeister, la cosa es que pasamos un buen rato escuchando al entretenido Alfred, que tiene más historias que Quintin. También estaba una periodista de La Estrella que trabaja en Arica desde hace un par de meses y me contaba que se vino a establecer acá para hacer un documental sobre los aimaras, un proyecto documental bien interesante. Todo muy bien.

Lo más notable pasó en el taxi cuando venía de vuelta para la casa. Siempre había pensado que casi nadie en Arica lee este Club del Ocio, así es que me sorprendí cuando el taxista me pregunta ¿para donde te llevo Tomás? Resulta que era uno de los regulares de este cuchitril, parte de mis amigos que no conozco. Cuando me lo dijo saqué más pechuga que un pato y por un momento me sentí un micro celebrity. Me dice que el también tiene su propia web donde sube música así es que apenas llegué a la casa me fui a verla, está muy buena. Nobleza obliga ¡saludos don Nano!.
Tengo en mi escritorio el libro El Dinero de J.K. Galbraith, junto con otros que me entretienen en mis abundantes ratos de ocio en la oficina ¿habrá alguien más improductivo que yo? lo dudo, apuesto que ganaría, fácil, un campeonato nacional. Bueno, cuando no tengo nada que hacer -ahora mismo por ejemplo- tomo alguno de esos libros para entretenerme, miren lo que encontré en el de Galbraith:
Entonces, con el transcurso del tiempo, la expansión dio paso a la especulación, término que hay que comprender con exactitud. Un sagaz observador de Boston dijo en 1840 que especulación era una cosa que, si tenía éxito, se llamaba empresa, y que solo era mala si fracasaba.
Que verdad más grande, la gente es condicionada por la propaganda puritana que exalta las virtudes del trabajo duro y hacer bien las cosas, si embargo poco o nada se consigue con solo trabajo duro. Y hacer bien las cosas en un entorno incierto tiene más que ver con la suerte y la disposición a tomar riesgos que con la reflexión razonada. Eso explica por que los economistas rara vez se hacen millonarios, su formación los hace adversos a los riesgos.
Los negocios se parecen mucho más a un juego de ruleta que a uno de ajedrez, la especulación está en el centro de todo sistema económico y a mayor riesgo más grande es el premio. Por eso la mayoría de los millonarios son tipos bastante locos y su reputación de inteligentes está mas respaldada por sus millones que por las decisiones que toman. Las decisiones en un mundo incierto son buenas o malas a posteriori, según sus resultados, alguien que toma riesgos y tiene suerte es un genio, mientras que el arriesgado con mala suerte es un loco o idiota.
¿Por que entonces el puritanismo del trabajo duro y hacer bien las cosas? porque es necesario que la gente común, que no toma decisiones, crea el cuento que la economía es como un ajedrez donde ganan los más hábiles, los peones necesitan tener cierta fe en la seguridad del sistema económico, porque de otro modo no trabajarían. No hay que olvidarse que todo el que tiene un trabajo asalariado es porque tomó una decisión a favor de la seguridad y estabilidad de sus ingresos. Si la gente se diera cuenta de la naturaleza volátil, impredecible de la economía, seguramente se negarían a trabajar y vivirían en un sistema de auto suficiencia.
Y se acerca nuestro encuentro de los ex alumnos de la Escuela de Ingeniería Eléctrica y Electrónica, yo estoy metido en la comisión organizadora como casi todos los años y aproveché mi columna de La Estrella para hacer un poco de promoción, esto fue lo que salió hoy miércoles:
En la ciudad de Arica se vienen formando ingenieros eléctricos y electrónicos desde el año 1966, primero en la Sede Arica de la Universidad del Norte y luego en la Universidad de Tarapacá, los que se desempeñan en diversas áreas del sector productivo, en Chile y el extranjero.

El Centro de Ex Alumnos y Egresados agrupa a estos profesionales y desde el año 2006 viene organizando un encuentro cada año en la Universidad de Tarapacá adonde llegan los profesionales formados en esta ciudad desde distintos lugares del país.

Tengo la alegría de pertenecer a ese grupo y este año, entre el 27 y 30 de octubre, nos juntaremos ex compañeros de varias generaciones, con profesores y los futuros colegas que aún están estudiando, para recordar a nuestra Escuela y la Universidad, a quienes representamos ante el mundo productivo.

Es nuestro desempeño profesional el que determina la reputación de la escuela, el que abre o cierra el camino de las generaciones que vendrán más adelante.

La importancia de estos encuentros es enriquecernos con el intercambio de experiencias y mostrar a la comunidad los aportes de nuestra profesión.

La Universidad de Tarapacá tiene un enorme potencial generando integración, prosperidad y conocimiento, no sólo en Chile, sino en todos los países vecinos. Somos los egresados, quienes con orgullo y cariño ayudaremos a materializar ese potencial. Ese es el sentido de nuestro encuentro, desarrollar lo que hoy está en potencia, para que nuestra universidad alcance su destino natural que es estar entre las mejores universidades de la región Sud Andina.
En fin, basta de propaganda por hoy, espero que todo salga bien según lo planificado, como dijo Ray Charles: ya veremos, vivimos en un mundo incierto.

31 mayo, 2009

Empresas estatales y el riesgo

Archivado en: estado, riesgo — tombrad @ 9:12 am

Y el viernes entré al colegio, después de 4 horas de clase, cerca de las 10 PM salí corriendo para el cumpleaños de la Paty Cummings, fuimos compañeros de estudios en la universidad así como de su marido Ricardo Peters (alias Nick Trotta), allí estaba mi compadre Oscar, el Claudio Ulloa y los dueños de casa que fueron extremadamente pacientes para soportar curados odiosos como solemos ser nosotros, para eso son los amigos ¿no?. También estaba mi antiguo y pelado amigo, el Sergio Astorga y el doctor Tapia con su señora con quienes me entretuve conversando buena parte de la noche.

Y entre salud y salud, fuí a dejar a mi compadre cantando a grito pelado “que se mueran los feos” con lo que seguramente despertamos a la mitad del barrio, de allí llamé a un radiotaxi para ir a buscar mi propio auto, pero el estúpido portero del condominio no lo dejó entrar, así es que tuve que salir caminando a encontrar uno, después de muchas vueltas encontré por fin el auto y llegué a mi casa a las 5:40 AM.
Lo único malo es que tenía clases a las 8 AM, así es que me acosté a reposar un ratito y a las 7 ya me estaba duchando para salir, me esperaba un largo día de clases, de 8:30 a 13:15 y en la tarde de 15:30 a 20:15. Conversando en el cumpleaños con el doctor Tapia me decía que ya no estamos en edad de hacer esas gracias, así es que por cualquier cosa nos veíamos en urgencias del hospital donde podíamos seguir conversando. 
Bah, todavía puedo hacer esas gracias, me mantuve hasta la noche bien despierto y atento en clases, gracias a varios cafés sobrecargados, como en los viejos tiempos. Parece que estoy pasando por un período de muy buena suerte porque justo el curso de dirección estratégica coincide con el proyecto de diseño de estrategia en que estoy trabajando y ahora tengo una batería de herramientas y conceptos que ni tenía ni idea antes, además el profesor Nelson Stevenson es seco en el asunto, con enorme experiencia y muy entretenido de seguir, todo muy bien. 
Creo que encontré algo interesante en el trabajo que estoy haciendo, al detectar fortalezas y habilidades en una empresa estatal notamos que una debilidad importante es la aversión al riesgo, y esto no es por algún defecto en la dirección superior sino todo lo contrario, los directivos superiores de empresas estatales deben tener aversión al riesgo, porque esa es su estrategia más racional.
Mirado desde afuera uno piensa: lo que pasa es que contratan a pura gente mediocre. No es así necesariamente y en el caso que yo estoy viendo es todo lo contrario, los directivos son brillantes y con mucha experiencia. ¿Por que tienen entonces tanta aversión al riesgo? por una razón muy simple, porque en empresas públicas el riesgo no tienen recompensa y las fallas pueden tener un enorme castigo. Entonces los directivos que se arriesgan duran poco en el sistema, los echan a los pocos errores y se van para la empresa privada, los más cautos permanecen, porque esa es la estrategia racional.
En una empresa privada un directivo que tiene que tomar decisiones estratégicas piensa así: si tomo la decisión A los objetivos son difíciles de conseguir, puede que me vaya mal pero si me va bien, el próximo año tenrdré 30 millones de pesos después de impuestos en mi cuenta corriente ¿vale la pena arriesgarse?.
En una empresa pública un directivo que tiene que tomar decisiones estratégicas piensa así: si tomo la decisión A los objetivos son difíciles de conseguir, puede que me vaya mal y si me va bien muy pocos lo van a notar y menos a agradecer, en cambio si tomo el camino seguro y sin riesgos nadie tendrá nada que reprocharme, es lo que se espera que haga y las quejas serán las que se hacen siempre al sitema público, ni me afectarán ¿vale la pena arriesgarse?.
Para mi fue una novedad darme cuenta de esto, es algo que, francamente hablando, nunca antes lo había notado. Las personas toman decisiones basadas en su interés propio y en lo que se espera de ellos, ningún gobierno alentará a sus funcionarios a arriesgarse y a equivocarse, porque los errores en política se pagan caro, lo que se espera de ellos es que jamás se arriesguen a menos que sea estrictamente necesario. Pero como en el riesgo está la ganancia, esta es una debilidad intrínseca de cualquier empresa estatal, que le pone una gran desventaja de entrada para competir con las privadas y no se trata de un defecto de su dirección sino todo lo contrario. 

29 noviembre, 2007

Los huevos calados no existen

Archivado en: riesgo — tombrad @ 11:15 pm

En mis tiempos hijitos, cuando yo era un jovenzuelo (uhhhh) en la Vega Central se podían compras sandías “caladas” que era el equivalente rústico de tomar un seguro. La sandía calada era más cara, porque se le sacaba una tajada de muestra para probar, pero si no estaba dulce uno la podía devolver y el vendedor la perdía. Cuando el vendedor tenía cierta seguridad de que las sandías estaban dulces aceptaba venderlas caladas y así les sacaba mejor precio. El comprador por su parte pagaba más pero iba a la segura de que la fruta iba a ser dulce.

De allí viene el dicho “a este le gustan los huevos calados” para las personas que siempre quieren ganar sin arriesgarse en nada. Obviamente que nadie vende huevos calados porque no se les puede sacar solo un pedazo, al romperlos ya no sirven.

Todo el mundo tiene aversión al riesgo y el sueño de todos es encontrar negocios seguros y que siempre den una alta ganancia. Incluso el empresario más arriesgado, con el tiempo se acobarda y empieza a buscar la seguridad, olvidando que en el riesgo donde se encuentra el lucro. El negocio bueno y absolutamente seguro no existe, por definición es imposible porque si existiera crecería hasta el infinito acumulando toda la plata, todo negocio tiene riesgo y ciclo de vida, el riesgo en los negocios es tan necesario como la ley de conservación de la energía en la naturaleza.

Por eso la cosa no es tan sencilla como comprar barato y vender caro. Pensaba en esto a propósito del link sobre la propina que me mandó Robert en su comentario, muchos empresarios tratan de avivarse traspasando el riesgo a sus empleados y les dicen algo así como “seamos socios: yo te pago poco pero si tu te esfuerzas tendrás buenas propinas y yo tendré buena venta”, eso en el fondo es un torpe intento para desplumar al cliente, los garzones se esforzarán en ganar más propina lo que terminará molestando al cliente cuando se da cuenta del truco, en el fondo además de pagar lo que consume el cliente está cargando con el sobresueldo del mozo.

Es otra muestra de como no tenemos cultura de servicio, no nos gusta servir. Los dueños de negocio por lo general miran en menos a sus clientes, los ven como una vaca que hay que ordeñar y en cierto modo se sienten superiores. No sienten el servicio y nunca internalizan la idea de que sin clientes estarían muertos de hambre.

Eso explica en buena parte el ciclo de vida de los negocios de servicio, parten con una apuesta arriesgada que si funciona bien da un fuerte crecimiento, luego se ponen cautos al llegar a la meseta y finalmente viene la inevitable decadencia “la campana” como dice mi amigo Marcelo. La decadencia viene porque cuando a alguien le va bien ya no quiere seguir arriesgando, piensa que ya clavó la rueda de la fortuna y todo seguirá para siempre igual, pero toda idea tiene su ciclo de vida y al final envejece y muere, igual que nosotros.

Igual pasa en otras cosas, en el arte hay pintores que les va bien con algo y lo repiten hasta que se mueren: Carmen Aldunate o Pacheco Altamirano por ejemplo. Unos pocos genios son capaces de tirar todo a la basura en mitad del éxito y partir con otra cosa nueva y así hasta su muerte, que mejor ejemplo que Picasso que jamás se embalsamó en un estilo y siguió corriendo riesgos hasta el último día.

Quien no conoce a los que se aseguran hasta el último detalle de sus vidas, buscan una carrera lucrativa, se las arreglan para conseguir un buen puesto de trabajo, viven cuidando la salud ¿y? al final igual se mueren, a veces antes que el farrero irresponsable que nunca se preocupó de nada. Todos esos son los que les gustan los huevos calados, pero los huevos calados no existen.

Los huevos calados no existen

Archivado en: riesgo — tombrad @ 11:15 pm

En mis tiempos hijitos, cuando yo era un jovenzuelo (uhhhh) en la Vega Central se podían compras sandías “caladas” que era el equivalente rústico de tomar un seguro. La sandía calada era más cara, porque se le sacaba una tajada de muestra para probar, pero si no estaba dulce uno la podía devolver y el vendedor la perdía. Cuando el vendedor tenía cierta seguridad de que las sandías estaban dulces aceptaba venderlas caladas y así les sacaba mejor precio. El comprador por su parte pagaba más pero iba a la segura de que la fruta iba a ser dulce.

De allí viene el dicho “a este le gustan los huevos calados” para las personas que siempre quieren ganar sin arriesgarse en nada. Obviamente que nadie vende huevos calados porque no se les puede sacar solo un pedazo, al romperlos ya no sirven.

Todo el mundo tiene aversión al riesgo y el sueño de todos es encontrar negocios seguros y que siempre den una alta ganancia. Incluso el empresario más arriesgado, con el tiempo se acobarda y empieza a buscar la seguridad, olvidando que en el riesgo donde se encuentra el lucro. El negocio bueno y absolutamente seguro no existe, por definición es imposible porque si existiera crecería hasta el infinito acumulando toda la plata, todo negocio tiene riesgo y ciclo de vida, el riesgo en los negocios es tan necesario como la ley de conservación de la energía en la naturaleza.

Por eso la cosa no es tan sencilla como comprar barato y vender caro. Pensaba en esto a propósito del link sobre la propina que me mandó Robert en su comentario, muchos empresarios tratan de avivarse traspasando el riesgo a sus empleados y les dicen algo así como “seamos socios: yo te pago poco pero si tu te esfuerzas tendrás buenas propinas y yo tendré buena venta”, eso en el fondo es un torpe intento para desplumar al cliente, los garzones se esforzarán en ganar más propina lo que terminará molestando al cliente cuando se da cuenta del truco, en el fondo además de pagar lo que consume el cliente está cargando con el sobresueldo del mozo.

Es otra muestra de como no tenemos cultura de servicio, no nos gusta servir. Los dueños de negocio por lo general miran en menos a sus clientes, los ven como una vaca que hay que ordeñar y en cierto modo se sienten superiores. No sienten el servicio y nunca internalizan la idea de que sin clientes estarían muertos de hambre.

Eso explica en buena parte el ciclo de vida de los negocios de servicio, parten con una apuesta arriesgada que si funciona bien da un fuerte crecimiento, luego se ponen cautos al llegar a la meseta y finalmente viene la inevitable decadencia “la campana” como dice mi amigo Marcelo. La decadencia viene porque cuando a alguien le va bien ya no quiere seguir arriesgando, piensa que ya clavó la rueda de la fortuna y todo seguirá para siempre igual, pero toda idea tiene su ciclo de vida y al final envejece y muere, igual que nosotros.

Igual pasa en otras cosas, en el arte hay pintores que les va bien con algo y lo repiten hasta que se mueren: Carmen Aldunate o Pacheco Altamirano por ejemplo. Unos pocos genios son capaces de tirar todo a la basura en mitad del éxito y partir con otra cosa nueva y así hasta su muerte, que mejor ejemplo que Picasso que jamás se embalsamó en un estilo y siguió corriendo riesgos hasta el último día.

Quien no conoce a los que se aseguran hasta el último detalle de sus vidas, buscan una carrera lucrativa, se las arreglan para conseguir un buen puesto de trabajo, viven cuidando la salud ¿y? al final igual se mueren, a veces antes que el farrero irresponsable que nunca se preocupó de nada. Todos esos son los que les gustan los huevos calados, pero los huevos calados no existen.

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