
(Carta-circular enviada por el ministro pidiendo fondos en préstamo a particulares adinerados, para que el Estado pueda adquirir y equipar una flota de guerra contra la Confederación de Santa Cruz al comenzar las agresiones contra la estabilidad chilena de parte de este último)
Santiago, 27 de Mayo de 1836
El gobierno creería contraer una grave responsabilidad si desatendiese por más tiempo la necesidad en que se halla la República de una fuerza naval que guarde nuestras extensas costas, desprovistas de todo género de defensa, que vigile la puntual observancia de las leyes fiscales, y proteja nuestro comercio exterior. Y no bastando a llenar nuestro objeto las rentas ordinarias del Estado, que no es posible aumentar sin la embarazosa imposición de nuevas cargas y contribuciones, el gobierno, antes de recurrir a este último arbitrio, ha querido probar si sería posible levantar entre los capitalistas chilenos y los extranjeros establecidos en Chile, un empréstito de valor de 400.000 pesos, suma que juzga bastaría para la compra y avío de una fuerza naval competente. Antes de dirigirse al cuerpo legislativo a fin de que le faculte para realizar este plan y señale fondos para el pago de los intereses y amortización del empréstito, ha tenido a bien dirigirse previamente a aquellos individuos en quienes supone facilidad y disposición para proporcionar al Estado esta suma, con la mira de saber de ellos de un modo positivo el número de acciones con que podrían suscribirse a ella. El gobierno no se halla en el caso de ofrecer condiciones que pudiesen presentar un aliciente a la codicia. Dirigiéndose a V., como a los demás habitantes a quienes cree no pueden ser un objeto indiferente la seguridad del Estado y la observancia de sus leyes, cuenta sólo con su desprendimiento y su espíritu público, y con la evidencia de las ventajas que la ejecución de este proyecto debe producir al país.
La demostración que acompaño instruirá a V. de sus por menores. Si. V., como lo espera el Gobierno, toma parte en él, se servirá expresar a continuación y bajo su firma, el número de acciones con que se suscriba.
Dios guarde a V.
Diego Portales
Esa era la carta con que Diego Portales consiguió plata de los ricachones de su época para formar la escuadra naval, el párrafo clave es ese de no pueden ser un objeto indiferente la seguridad del Estado y la observancia de sus leyes, cuenta sólo con su desprendimiento y su espíritu público, y con la evidencia de las ventajas que la ejecución de este proyecto debe producir al país. O sea un argumento parecido al de la Teletón “sea desprendido esta vez porque a la larga le conviene”, me parece que la reunión del ministro de hacienda con los platudos chilenos fue por ese lado, muy extraño no ver a Horst Paulmann.
Un techo para Chile, la organización de los curas es una típica idea sesentera, añeja, de regalar media-aguas (piezas de material ligero) a los pobres, recuerdo bien cuando vinieron a Arica y le regalaron estas casuchas a los areneros, indigentes que vivían en la periferia de Arica. Apenas las recibieron los beneficiarios las empezaron a destrozar para vender la madera o usarla como leña ¡no queda ni una en pie! Eso pasa cuando le regalan algo a un indigente sin averiguar primero si necesitan el “regalo”.
Conversábamos hace unos días con Gabriel Abusleme sobre lo mismo: que llenar las zonas de catástrofe con casuchas sería un doble gasto y estaría lejos de ser una solución real a los afectados. No es un problema de plata porque la mayoría de las personas damnificadas se podrían endeudar en créditos blandos o recibir subsidios para casas económicas, prefabricadas, de buen diseño ¡el problema fundamental es de diseño!.
Deberían hacer un concurso que convoque a los mejores arquitectos porque es un problema clásico de arquitectura. Afortunadamente no solo a nosotros se nos ocurrió la idea sino que la propia gente salió a protestar contra una eventual proliferación de campamentos con media-aguas. No tengo nada contra las buenas intenciones pero creo que no es momento de llenar Chile de media-aguas, el costo de una media-agua podría ser el subsidio del pié para una vivienda prefabricada decente. No hay que olvidar que el terremoto también es una enorme oportunidad para reconstruir ciudades más bonitas y seguras.
He visto que están apareciendo buenas ideas que difícilmente habrían sido factibles durante la concertación. En contraste a la antigua forma de pensar que tuvimos los últimos 20 años, que le echaba la culpa de todo a los ricos y exigía que los ricos pagaran la “deuda social”, ilusos, los ricos no necesitan pagar esas deudas y si los aprietan mucho se llevan su plata a otro lado. Ahora las ideas van por el otro lado, dejar de echarles la culpa y empezar a trabajar con ellos.
La diferencia de enfoques se nota muy clara. Después del terremoto salieron tipos hablando de aumentar el royalty a la gran minería, yo escuche a Paul Fontaine y sus argumentos me parecieron añojos y tontos. Con mucho optimismo dijo que un aumento del royalty podría rendir 500 millones de dólares por año. Eso no es nada, la gran minería ha invertido desde 1994 US$ 19.000.000.000, y la mayoría de esa plata ha llegado directa a la gente: contratistas, negocios de toda clase se han beneficiado de esa plata, sin contar con unos miles de personas que viven con buenos sueldos de la gran minería ¡eso es mucho más importante que los impuestos!
Pero como pasaron los años de los resentidos sociales, algunas empresas ya están haciendo una contra propuesta interesante: que en lugar de llevarse los concentrados a otros países, que los procesen en Chile, donde tenemos tecnología y profesionales metalurgicos de clase mundial. Eso traería más inversión, más plata para los negocios, más puestos de trabajo y además más ganancias y más impuestos ¡todos ganan!. Si me dan a elegir entre que es más importante: inversión directa que crea trabajo o impuestos yo voto por la inversión directa, a ojos cerrados.
Es cierto que se puede estirar el elástico e imponer nuevos impuestos aunque el estado se haya comprometido a la invariabilidad tributaria por 15 años, eso sería actuar al estilo Chavez o Evo morales, o sea ser estúpido. Espero que esta vez la estupidez no se imponga como pasó con el primer royalty, inútil y dañino para la confianza. Claro que las empresas que ya invirtieron billones no se van a ir si les ponen nuevos impuestos, pero lo que interesa es la inversión en proyectos nuevos y muchos países ya se están dando cuenta de algo que José Piñera vió hace más de 20 años atrás: que el negocio está en atraer inversión, no en cobrar impuestos. No parece mala idea que empecemos a hacer amistad con los ricos.
En fin, mañana me tengo que levantar muy temprano y me toca abrir con mi charla, deseenme suerte, hasta mañana.