Saliendo de clases, esta vez me tocó el curso de Responsabilidad Social Empresarial RSE, que fue al final lo que hicimos en lugar de ética. Sumando y restando todo el argumento se reduce a que si la empresa trata bien a sus trabajadores, es honrada con sus clientes y hace cosas beneficiosas para la comunidad será eficiente, tendrá clientes fieles y más ventas, esa es la parte teórica, muy bonita.
En la práctica me parece que es una especie de peaje que pagan las empresas a la comunidad por los daños o externalidades negativas que causan. Otra conclusión práctica a la que llegué es que se trata de un negoción con un botín enorme, alrededor del cual pululan las ONGs, organizaciones caritativas (Hogar de Cristo, Un Techo Para Chile etc.) y los consultores. Hay muchas oportunidades para ganar plata convirtiéndose en Consultor RSE, o “ayudando” a las grandes empresas a gastar la plata de las donaciones. Como dicenn los peruanos, hay un faenón escondido detrás de todo eso, similar a las certificaciones de calidad ISO, las acreditaciones de las instituciones educativas y cosas por el estilo, me imagino que muchos ambientalistas se deben estar financiando por ese lado.
La RSE también es usada como barrera para arncelaria por los países menos competitivos -particularmente de Europa- para defender su producción nacional, claro que eso a China no le hace ni cosquillas pero si a países como Chile que entraron en la fiebre de firmar tratados de libre comercio que nos obigan a ser tan poco competitivos como ellos como condición para que nos compren.
Leí un discurso del ex ministro de economía Jorge Rodriguez Grossi, donde hacía una cronología histórica de donde venía todo esto. Unos 50 años atrás cuando la gente miraba la economía como un juego de suma cero donde el enriquecimiento de alguien siempre era a costa del empobrecimiento de otros, entonces ganar plata era considerado como una especie de “pecado social” y las empresas pagaban una especie de compensación a a sociedad en forma de obras caritativas. Afortunadamente ya quedan muy pocos que piensan que esas ideas tienen algo que ver con la realidad.
La segunda etapa, que yo creo que es en la que estamos hoy, es que las empresas deben pagar una especie de “peaje social” para mitigar o compensar los daños ambientales que producen. Por eso las mineras o empresas de celulosa hacen obras sociales en los pueblitos aldeaños para compensar el agua que consumen y contaminan. Toda actividad humana contmina y una que da trabajo -y medios de vida- a varios miles de personas necesariamente contaminara mucho, es el trade-off donde se tiene que elegir, no hay almuerzos gratis y estas donaciones de RSE son parte de la mitigación.
Curiosamente nuestro profesor hablaba pestes de la Coca-Cola que es una empresa que viene aplicando muchos de los concetos clave de la RSE desde hace más de 80 años. Eso me hace desconfiar mucho de dos cosas: de los expertos en RSE en primer lugar, que generalmente tienen bastantes prejuicios y de la real utilidad que tiene para las empresas tomarse en serio esto de la RSE. En esta época repleta de activistas, ONGs, medios de prensa buscando vender y -sobre todo- una opinión pública bastante estúpida a nivel masivo, yo creo que esas promesas de mejor rentabilidad por fidelidad de los clientes me parece bastante dudosa..
Y no es que piense que la RSE no valga nada, lo que yo pienso es que -de manera similar a las normas ISO- es fácilmente desvirtuable y finalmente se convierte en un formalismo más que sube los costos y a la larga puede afectar la competitividad de las empresas. A los europeos y americanos les conviene -obviamente- promocionar esas prácticas porque así se seguran que seremos tan poco eficientes como ellos.
Sin embargo cuando alguna empresa tiene un líder convencido de estos principios, como ocurrió con la gestión de Ernesto Ayala en la Papelera, entonces la responsabilidad social empresarial si funciona, sin necesidad de acreditar nada ni certificarse con nadie: obras son amores y no buenas razones.
En fin, de eso más o menos se trata a cosa según yo la veo. La única responsabilidad real que tiene el empresario es sobrevivir primero y después crecer para dar trabajo y crear riqueza, cualquier otra receta tendrá el efecto de suma cero. Si las malas prácticas le impiden crecer deberá abandonarlas, si le hacen crecer entonces no son malas prácticas. Las externalidades negativas siempre existen y son el precio del desarrollo, cuanto de ese precio está la gente dispuesta a pagar es algo que deben determinarlo las mismas personas de la manera más democrática que existe: comprando o dejando de comprar.
Y bueno, estoy muy cansado, mañana me junto con Greg y Judy para que vamos a dar unas vueltas por Arica y a conversar un rato, por ahora me voy a dormir. Hasta mañana.