Tomas Bradanovic

14 marzo, 2010

Morir un poco

Archivado en: juarez larga, morir un poco, recoleta, santiago — tombrad @ 2:28 pm


Mi amigo Juan, valentiniano y recoletano, me manda desde Nueva York un reportaje sobre la investigación que hicieron a los peruanos que viven en “nuestra” calle Juarez Larga, donde pase los más happy days de mi niñez. Por lo general todos mis recuerdos de esos años son en blanco y negro -debe ser porque así veía las cosas en la tele- pero a ese barrio lo recuerdo en colores, la casa de Eusebio Lillo 555 era roja y la de Juarez 632 era color ladrillo, lo recuerdo perfectamente.

Desde que yo era chico Recoleta siempre fue el barrio de los inmigrantes, nuestros vecinos en Eusebio Lillo eran unos turcos (como llamábamos a los árabes) que tenían su casa, fábrica de ropa y tienda en el mismo lugar, trabajaban todo el día y espiaban como jotes a mi hermana que, con escaso criterio comercial, los encontraba horribles. Seguro que ahora son multi millonarios. Era el barrio de los Manzur, Haddad, Sahli, tenían hasta sus restaurantes y almacenes con dulces árabes. Muchos años después, cuando yo había dejado Santiago llegó la oleada de coreanos y chinos al barrio Patronato en el mismo rubro de la confección. Ahora es el barrio de los inmigrantes peruanos.
Santiago no es Chile, pero se cree Chile, vive siempre con un ojo en otra parte. Sus barrios se llaman París, Londres, Suecia, los palacios que construyeron los ricos en el siglo 19 eran copias de palacios europeos. Ahora que está de moda USA Santiago trata de parecerse a Manhattan,
Recoleta es un barrio en continua decadencia, ya era decadente en los sesentas y la mayoría éramos de la clase media para abajo, los hitos eran el manicomio de la calle Olivos, el Cerro Blanco -lunar eterno de la ciudad- el Picaresque, la Vega Central, los cementerios, la gran iglesia Recoleta Dominica y la minúscula iglesia de La Viñita, una de las más antiguas de Chile fundada por el propio conquistador don Pedro de Valdivia y reconstruida en 1834. Buscando una foto de la Viñita me encontré con un buen blog de La Chimba, como se llamaba Recoleta en los años de la colonia, allí leo con sorpresa lo siguiente:
El conquistador, en el año 1546 procedió a repartir terrenos entre sus huestes. Un buen retazo le correspondió a doña Inés de Suárez, como premio a su valentía, adhesión y lealtad.
El rancho donde vivía Doña Inés se ubicaba donde actualmente esta la calle Juárez. Desde esta casa la mujer emprendió la dirección para la construcción de la capilla de Montserrat, que estuvo ubicada a los pies del antiguo “Cerro de Huechuraba”, hoy Cerro Blanco.
Es muy probable que la casa de doña Inés, amante y compañera de aventuras del conquistador don Pedro de Valdivia, haya estado muy cerca de mi antigua casa, tal vez hasta en el mismo lugar, quien sabe, muy cerca de la avenida Recoleta. Como la casa donde vivíamos era de la época colonial ¡tal vez vivimos en el rancho de doña Inés de Suarez! quien lo sabe, soñar no cuesta nada. Buen trabajo de los muchachos del blog La Chimba, felicitaciones de un ex recoletano, me caen bien aunque estudien en la Academia de Humanidades, los archi enemigos -junto con el Murialdo- de nuestro glorioso Valentín Letelier, cuna de grandes como el Académico de la Lengua Daniel Vilches y El Maestro Valentín Trujllo.
Todo Santiago está en decadencia, desde siempre sus barrios son decadentes incluso los que han sido renovados, como el Brasil o el Bellavista, es como si los santiaguinos pensaran que su ciudad es horrible y cada cierto tiempo les viene esa compulsión por demolerlo todo y reemplazarlo por construcciones peores. El barrio Sanhattan con sus torres de oficinas trata de ser moderno, pero no puede, en cada detalle se asoma el Santiaguillo de los sesentas.
Los antiguos barrios de ricachones, por el Golf, las calles Napoleon, Cuzco, que tenían esas enormes casas donde se fueron a vivir los turcos adinerados en los sesentas, desaparecieron, las inmobiliarias los reemplazaron por edificios clones para la clase media emergente. Los ricos se fueron a La Dehesa o a Chicureo a vivir encerrados, pero ni así se salvan de los asaltos. Santiago se mantiene permanentemente fracturado y precario.
Pero tiene rincones increíbles en medio de las ruinas y el kitsh, todavía existen el Quita-Penas, el hoyo y la Piojera, aunque en plena decadencia y tomados por ridículos seudo artistas, uno todavía puede sentarse y pensar que muchos años atrás en ese lugar había un boliche decente.
Anoche vi la película Morir un Poco (creo que de Alvaro Covacevic ¿se acuerdan de la canción?) y -aunque fue filmada en Valparaíso- me devolvió al Chile que yo recuerdo, lleno de miseria, yo estuve allí, viajé en la pisadera de las micros “San Eugenio” y también en el repleto el tren a Cartagena, las poblaciones callampa, los ricachones inocentes y un poco ridículos en la Playa de Reñaca, es como otro planeta y yo lo tuve la suerte de conocerlo.
Créditos: las extraordinarias fotos son de Paul Lowry

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