
Enterrada en el Callao, su tumba se ha convertido en un santuario de la religiosidad popular marginal. Sarita expresa el último consuelo para gente que sufre mucho. Los que enfrentan la calle para hacer su trabajo, aunque este sea robar, o prostituirse; delincuentes, prostitutas y travestis, que viven al filo de la navaja, en riesgo permanente, le pieden a su Sarita regresar a su casa sanos y salvos. Muchos sin familia, otros sin libertad, los más sin trabajo, presos de la corrupción y la evasión; a ellos los protege Sarita Colonia, a los que están al filo de la “señora ley”. Curtidos para el dolor físico y espiritual, preparados para morir todos los días, se encomiendan a Sarita en cada trabajo, ¿será que sólo ella los puede entender y ayudar?. La cárcel del Callao se llama Sarita Colonia, los presos se hacen inmensos tatuajes con una oración o una estampita de su informal santa. La Sarita los acompaña en su azarosa vida, es una santa a la medida de sus necesidades.
4 octubre, 2008
La santa del pueblo
Sarita Colonia es una de las cosas increíbles del Perú, una santa popular que probablemente pocos conocen y por eso empecé con esta descripción que aparece en callao.org, creo que refleja una característica muy peruana, o más bien dicho altiplánica, que es el enorme sentido práctico. Sarita no tuvo una vida ejemplar pero sufrió mucho y salió adelante como tratan de hacer la mayoría de los migrantes de la sierra. Hay que entender que la migración desde la sierra a la costa es prácticamente lo mismo que ir de un país a otro, los serranos en la costa son extrajeros en su tierra, tal vez eso explica la facilidad con que los puneños emigran a Santiago, España o USA donde probablemente son mejor tratados que dentro de su propio país.
A los 16 años Sarita Colonia Zambrano, huerfana de madre, emigró de Huaraz a Lima, llegando al Callao que en los años 20 era un tugurio especialmente peligroso para una niña. No solo sobrevivió sino que tuvo que ir haciéndose cargo de cada uno de sus hermanos y hasta de su padre. Finalmente murió a los 26 años en Bellavista (Lima) de paludismo, aunque su familia alega que fué por una sobredosis de aceite de ricino.
Lo más importante es que Sarita Colonia hacía milagros: los hizo en vida y con mayor razón después de muerta, lo que ha desatado un enorme culto popular al que la iglesia se opone furiosamente. Los primeros beneficiados del culto fueron su familia que con la plata de los devotos le hicieron un gran mausoleo en la fosa común donde había sido enterrada, desde entonces el lugar ha sido tomado por los devotos como lugar de peregrinación y milagros.
A medida que la emigración desde la sierra a Lima se masificaba el culto a Sarita Colonia crecía como una bola de nieve. No es difícil suponer por que se produce esta enorme devoción popular, opuesta a la iglesia y las autoridades, informal pero efectiva como la mayoría de las cosas en Perú, a veces sublime y a veces ridícula, chabacana, huachafa como dicen allá, una santa tan chicha como la tecnocumbia, e igualmente auténtica y popular. Sarita Colonia es la santa pop.
Yo que creo en los milagros a pie juntillas ya encomendé mi proyecto a Sarita Colonia, la milagrera de los desamparados, de los que peleamos a mano limpia para salir adelante. Y si alguno de ustedes mis amigos necesita algún milagro, simplemente pasen el mouse por la imagen de Sarita y pídanlo tres veces, ya verán, ya lo verán.
P.D. A propósito le dí una enchulada a mi Diccionario de Curiosidades de Arica, chequéenlo, pienso seguir agregando algunas cosas curiosas y divertidas acerca de esta loca ciudad.