Tomas Bradanovic

1 mayo, 2007

El gominola de Arica

Archivado en: inmigracion, Scott Fitzgerald — tombrad @ 12:11 am

Sigo leyendo los cuentos de F. Scott Fitzgerald, claramente diferenciados en dos clases: en algunos lo importante es la historia (Un diamante tan grande como el Ritz, Piratas de la costa. Primero de mayo, etc.) y otros donde el argumento casi no interesa (Berenice se corta el pelo, El palacio de hielo, El Gominola).

Estos últimos son los que más me gustan porque se concentran mucho más en armar los personajes que en contar alguna historia sorprendente. Miren este trozo de El gominola, puro filete literario:

Jim era un gominola. Lo escribo otra vez porque suena bien, casi como el principio de un cuento de hadas, como si Jim fuera encantador. En cierto modo, la palabra me da su retrato: cara redondeada y apetitosa, de caramelo con forma de alubia, y hojas y verduras que le rebosan fuera de la gorra. Pero Jim era alto y delgado, y andaba inclinado hacia delante, de tanto inclinarse sobre las mesas de billar; y era lo que en el Norte igualitario llamarían un gandul de esquina. Gominola es el nombre que se da en toda la irredenta Confederación a quien pasa la vida conjugando el verbo haraganear en primera persona del singular: yo haraganeo, yo he haraganeado, yo haraganearé.

Nada que hacer, est tipo si que se lucía escribiendo. ¿Cual habrá sido el título original del cuento? ¿Jelly beam, o algo por el estilo?, si alguien lo sabe que me avise, me gustaría saber como se llamaba el gominola en su versión original.

Ya está cerca el día de la infamia, el Día Internacional del Trabajo, falta menos de media hora para esa absurda celebración que -inexplicablemente- se celebra en nuestro país dejando de trabajar. Debería ser un día de duelo, nunca debemos olvidar que el trabajo fue la maldición bíblica de los hombres, tal como fue para las mujeres el “parirás con dolor”.

No me había dado cuenta de eso, he visto parir a varias clases de animales pero jamás a alguna gatita, perra o lo que sea la he escuchado chillando de dolor como ocurre con las mujeres. Lo que demuestra que no hay que tomarse en broma las maldiciones bíblicas. El gominola que escribe estas líneas se descubre respetuosamente ante la maldición bíblica del trabajo y promete resistir la tentación con todas sus fuerzas. Sé que el tiempo me dará la razón.

Termina el mes de abril y justo hoy comenzó el invierno en Arica: en estos momentos hay 16 grados Celcius (61 Farenheit) lo que es una temperatura baja para la ciudad: amaneció nublado y el cielo abrió como a las 2 de la tarde, todavía se puede andar con polo y manga corta pero al salir en la noche hay que ponerse un sweater o una chaqueta ligera. En lo más crudo del invierno (julio-agosto) la temperatura puede bajar hasta a 11 celcius en la noche (brrrrrr…)

Hoy llegó nuevamente mi amigo Chuck y esta vez para quedarse, me dice que le gustaría tratar de establecerse en Arica para no tener que ir a conseguir plata trabajando en USA; comprarse una casa, una camioneta y un trabajo que le de para comer y sus gastos básicos, no quiere más de andar peleando por las lucas en el norte del mundo.

Hoy mismo Encontró un departamento, nuevo y a buen precio, cerca de la playa y mañana iremos a tratar con la dueña. Para enseñarle alguno de los secretos de Arica lo llevé al Rolly donde se pudo comer uno de esos hot-dogs gigantes por $ 600.- “me gusta Arica” decía mientras batallaba por comerse el completo equivalente a un buen almuerzo. Me dice que hay mucha gente que quiere emigrar de USA, y que Chile y Nueva Zelandia son opciones de moda. Bien me parece.

Yo soy un convencido de que Chile necesita mucha más inmigración, no solo de Norteamérica y Europa sino de Perú, Bolivia y de todas partes, la inmigración es buena en un país tan aburridamente homogeneo y provinciano como el nuestro. Que vengan, que vengan, que nadie los detenga.

En fin, tenía pensado escribir de algo comlpletamente diferente, pero me senté a teclear y los dedos solitos fueron hilvanando estas tonteras, tal como sis estuviera conversando con ustedes. Lo siento, hoy no es día inteligente, es lo que hay, para otra vez será. Se despide de ustedes, hasta mañana y muy atentamente, su seguro servidor, el gominola de Arica.

El gominola de Arica

Archivado en: inmigracion, Scott Fitzgerald — tombrad @ 12:11 am

Sigo leyendo los cuentos de F. Scott Fitzgerald, claramente diferenciados en dos clases: en algunos lo importante es la historia (Un diamante tan grande como el Ritz, Piratas de la costa. Primero de mayo, etc.) y otros donde el argumento casi no interesa (Berenice se corta el pelo, El palacio de hielo, El Gominola).

Estos últimos son los que más me gustan porque se concentran mucho más en armar los personajes que en contar alguna historia sorprendente. Miren este trozo de El gominola, puro filete literario:

Jim era un gominola. Lo escribo otra vez porque suena bien, casi como el principio de un cuento de hadas, como si Jim fuera encantador. En cierto modo, la palabra me da su retrato: cara redondeada y apetitosa, de caramelo con forma de alubia, y hojas y verduras que le rebosan fuera de la gorra. Pero Jim era alto y delgado, y andaba inclinado hacia delante, de tanto inclinarse sobre las mesas de billar; y era lo que en el Norte igualitario llamarían un gandul de esquina. Gominola es el nombre que se da en toda la irredenta Confederación a quien pasa la vida conjugando el verbo haraganear en primera persona del singular: yo haraganeo, yo he haraganeado, yo haraganearé.

Nada que hacer, est tipo si que se lucía escribiendo. ¿Cual habrá sido el título original del cuento? ¿Jelly beam, o algo por el estilo?, si alguien lo sabe que me avise, me gustaría saber como se llamaba el gominola en su versión original.

Ya está cerca el día de la infamia, el Día Internacional del Trabajo, falta menos de media hora para esa absurda celebración que -inexplicablemente- se celebra en nuestro país dejando de trabajar. Debería ser un día de duelo, nunca debemos olvidar que el trabajo fue la maldición bíblica de los hombres, tal como fue para las mujeres el “parirás con dolor”.

No me había dado cuenta de eso, he visto parir a varias clases de animales pero jamás a alguna gatita, perra o lo que sea la he escuchado chillando de dolor como ocurre con las mujeres. Lo que demuestra que no hay que tomarse en broma las maldiciones bíblicas. El gominola que escribe estas líneas se descubre respetuosamente ante la maldición bíblica del trabajo y promete resistir la tentación con todas sus fuerzas. Sé que el tiempo me dará la razón.

Termina el mes de abril y justo hoy comenzó el invierno en Arica: en estos momentos hay 16 grados Celcius (61 Farenheit) lo que es una temperatura baja para la ciudad: amaneció nublado y el cielo abrió como a las 2 de la tarde, todavía se puede andar con polo y manga corta pero al salir en la noche hay que ponerse un sweater o una chaqueta ligera. En lo más crudo del invierno (julio-agosto) la temperatura puede bajar hasta a 11 celcius en la noche (brrrrrr…)

Hoy llegó nuevamente mi amigo Chuck y esta vez para quedarse, me dice que le gustaría tratar de establecerse en Arica para no tener que ir a conseguir plata trabajando en USA; comprarse una casa, una camioneta y un trabajo que le de para comer y sus gastos básicos, no quiere más de andar peleando por las lucas en el norte del mundo.

Hoy mismo Encontró un departamento, nuevo y a buen precio, cerca de la playa y mañana iremos a tratar con la dueña. Para enseñarle alguno de los secretos de Arica lo llevé al Rolly donde se pudo comer uno de esos hot-dogs gigantes por $ 600.- “me gusta Arica” decía mientras batallaba por comerse el completo equivalente a un buen almuerzo. Me dice que hay mucha gente que quiere emigrar de USA, y que Chile y Nueva Zelandia son opciones de moda. Bien me parece.

Yo soy un convencido de que Chile necesita mucha más inmigración, no solo de Norteamérica y Europa sino de Perú, Bolivia y de todas partes, la inmigración es buena en un país tan aburridamente homogeneo y provinciano como el nuestro. Que vengan, que vengan, que nadie los detenga.

En fin, tenía pensado escribir de algo comlpletamente diferente, pero me senté a teclear y los dedos solitos fueron hilvanando estas tonteras, tal como sis estuviera conversando con ustedes. Lo siento, hoy no es día inteligente, es lo que hay, para otra vez será. Se despide de ustedes, hasta mañana y muy atentamente, su seguro servidor, el gominola de Arica.

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