
Mientras en USA se discute una reforma al ya inviable sistema de salud, yo me pregunto cuanto tardará en derrumbarse el absurdo edificio de la seguridad social que armó el canciller Bismark a finales del siglo IXX. Es una idea que ha durado más que el comunismo y todavía mantiene un considerable prestigio, la mayoría de la gente piensa todavía que los beneficios que podrá sacar de la seguridad social son mayores que lo que les cuesta ¡que ingenuos!.
La idea detrás de la seguridad social es bastante simple y se podría expresar más o menos así “el pueblo común es ignorante, irresponsable e incapaz de manejar su dinero, hay que obligarlos a que entreguen, al menos parte de el, a alguna organización más capáz y calificada para que lo invierta en su nombre y les provea servicios de salud cuando los necesite”, me pregunto si alguien se ha tomado el trabajo de hacer un balance costo/beneficio de esa idea, lo dudo.
Veo muy difícil que un seguro de salud -del tipo que sea- pase la prueba costo/beneficio, creo que si más gente entendiera como funcionan los seguros, la seguridad social perdería gran parte del atractivo que mantiene.
Veamos, todo seguro funciona en un esquema similar al juego de la lotería: al tomarlo apostamos a un suceso improbable con alto premio, pagamos un poco con la esperanza de obtener -en un momento dado- un gran premio. En el caso de los seguros de salud el premio es una circunstancia negativa, por ejemplo si un buen seguro de salud nos cubre los millonarios costos de una enfermedad catastrófica, entonces nuestra inversión fue buena.
El secreto de por qué los seguros funcionan es simple: cubren acontecimientos estadísticamente muy improbables, entonces en los grandes números, las compañías aseguradoras siempre ganan, tal como la banca en un juego de ruleta, están diseñados para que las aseguradoras ganen porque de otra manera esas compañías no podrían existir. Entonces cualquier sistema previsional de salud es, por diseño, extremadamente ineficiente comparado a que cada cual se costeara sus propias enfermedades. Si un sistema de seguros llega a ser eficiente entonces la aseguradora quiebra.
Por eso todos los sistemas previsionales de salud, sean estatales o privados, terminan colapsando o resultan inútiles. Los sistemas estatales bajan al mínimo la cantidad y calidad de prestaciones, chutean los problemas al futuro con enormes listas de espera, mantienen pésimas instalaciones y peor cobertura. Si son privados la situación es más transparente pero igualmente mala: la cobertura se limita y las prestaciones en el 90% de los casos son muy inferiores a lo que las personas pagan como total de sus primas, para colmo de los males, obligados.
Claro que, igual que las lotería, de vez en cuando a un muerto de hambre le viene cáncer al cerebro y le llega “gratis” una operación que cuesta millones de dólares, ese caso, uno entre diez mil, mantiene a la gente convencida que la salud previsional es buena y conveniente. Muy poca gente se da cuenta que están dentro de la probabilidad máxima de recibir mucho menos que lo que deben pagar durante toda su vida laboral.
Todos los sistemas previsionales de salud son inviables por diseño, por el enorme desperdicio de recursos que significa pagar durante muchos años por acontecimientos altamente improbables. Eso explica las enormes utilidades de las ISAPRES o el pozo sin fondo de robos y fraudes de los sistemas de salud estatal, paga Moya, mes tras mes, puntualmente y feliz de la vida porque está “asegurado”.
Una sociedad securitizada es tomada por compañías que administran y sacan provecho de nuestros miedos. Si quieren ver las empresas más prósperas, edificios enormes, billones en propaganda y sueldos principescos entonces visiten una compañía de seguros, el traspaso del riesgo normalmente no es tal, porque ninguna aseguradora corre verdaderos riesgos estadísticos, siempre juegan a ganador y cuando ocurre alguna catástrofe lo suficientemente grande simplemente quiebran o no responden, claro que rara vez esto ocurre porque los contratos de seguro han llevado a la letra chica a una forma de arte, que les permite zafar en casi cualquier circunstancia.
¿Como es posible que la gente no se de cuenta de lo malos que son los seguros? Como las rémoras, esos peces que se pegan en el casco de los barcos, las primas se van acumulando en el barco de la economía haciéndolo más pesado, más lentos y hasta pueden llegar a hundirlo. Y la gente feliz paga cada mez, convencidos que no hay decisión más sabia que “estar asegurado”.
Creo que la adicción a los seguros tiene una explicación cultural y psicológica, tenemos por nacimiento una gran aversión al riesgo y la sociedad nos refuerza este sentimiento. Nos educan con un modelo determinista del mundo y en la creencia que existe una forma correcta y otra incorrecta de hacer las cosas: la forma correcta es tomar el mínimo riesgo y viceversa. Cuando a alguien le va mal en algo es porque se equivocó y cuando tiene éxito en algo muy improbable se dice que tuvo visión, dando a entender que aplicó algún tipo de razonamiento que a nadie más se le ocurrió.
Los que se arriesgan son locos, tontos, al contrario de los que viven a la segura que son la gente seria, los inteligentes. Todo esto tiene su base en pensar que el mundo funciona como un mecanismo de causas y efectos bien encadenados, que con suficiente inteligencia podemos preveerlos y tomar una y otra vez puras decisiones acertadas. Todas esas ideas son una gran majadería porque si hay algo de lo que podemos estar seguros, es que el mundo es altamente impredecible, especialmente en los asuntos más importantes, mientras más importante es algo, menos predecible.
Ya, ahora me voy a contratar un seguro de vida, si es que no me lo niegan por la preexistencia de cirrosis. Hasta mañana.