Los escándalos en la Iglesia Católica son el tema del momento. Apuesto que todo se va a acallar apenas la gente se de cuenta que el principal encubridor de pederastas y corruptores fue el idolatrado Juan Pablo II y que el actual Papa con cara de malo simplemente está levantando de a poco la tapa de la olla para que el escándalo se empiece a descomprimir.
Parece que la gente se pone especialmente estúpida y visceral cuando se trata de abusos sexuales que -dicho sea de paso- pueden ser relaciones consentidas o simplemente mentiras y chantajes ¿como puede ser tan fácil llegar y decir “me violó” muchos años después de que las cosas ocurrieron?. Si una mujer adulta acusa a un hombre de haberla violado 10 años atrás nadie la tomaría en serio, pero basta con que acusen a un cura para que la tropa de idiotas piense que “algo raro podría haber”.
Siempre han existido las violaciones a menores y los abusos deshonestos -forma artificiosa de llamar a las caricias en los genitales- el sexo es uno de los instintos más potentes en los seres humanos y esto vale para los curas, militares, ingenieros, políticos, para todos. Probablemente cada uno de nosotros guarda un par de secretos en ese tema que le avergonzaría mucho si se ventilaran publicamente, probablemente nadie es completamente normal en materias sexuales, especialmente si tomamos en cuenta que el concepto de normalidad cambia constantemente. Sin embargo siempre aparecen santurrones chiflados y oportunistas que arman cacería de brujas por estas cosas.
Claro que debe ser un delito cualquier violación que use la fuerza, pero tal como cualquier otro delito debe ser probado sin lugar a dudas ¿por que hay ofensas en que basta una sospecha o una serie de acusaciones para condenar a alguien? eso me parece cosa de cavernícolas. Todos estos escándalos son basura, siempre habrán casos de violaciones a menores, asesinatos, robos y toda clase de delitos, también entre curas y monjas que son personas comunes y corrientes, aparte de sus extrañas ideas religiosas.
La Iglesia Católica durante Juan Pablo II tuvo como política institucional encubrir estos casos y proteger a los ofensores, seguramente siguiendo el razonamiento del mal menor o que el fin justifica los medios, que es una forma bien razonable de pensar. Pero al parecer se les pasó la mano y se creó un ambiente de impunidad que llevó a excesos como los del Padre Maciel de los Legionarios de Cristo, los sacerdotes de Boston y el obispo ese chileno que ya ni me acuerdo como se llama.
Ahora que el Papa Benedicto está levantando de a poquito la tapa de la olla, la opinión pública -como siempre estúpida- en lugar de alegrarse se enfurece contra él y le exige poco menos que un harakiri colectivo. Están chiflados, la iglesia puede sobrevivir perfectamente a los curas pedófilos como lo ha hecho durante siglos.
De hecho los creyentes han sabido siempre quienes son los curas desgenereques, esas cosas son muy difíciles de mantener en secreto y los rumores corren como el fuego. Quienes alimentan el escándalo son los muchos grupos interesados en hacerle la competencia: otras religiones, masones, políticos anticrelicales.
Yo no tengo inquietudes ni creencias religiosas de ningún tipo, pero me caen muy simpáticos los católicos. Una religión cuyo máximo rito exige tomar vino y donde uno de los pocos milagros de Dios fue multiplicar el vino no puede ser mala. A lo más es absurda, tal como todas las demás religiones. En fin, esa es mi opinión Roma locuta est, causa finita est. Al que no le guste se viste y se va.
Pensé que al doctor Andrei Tchernitchin, laureado toxicologo chileno, a sus 67 años se le estaban corriendo una cuantas tejas cuando leí el lead de una entrevista que dió al diario La Estrella de Arica: “El plomo produce tendencias homosexuales, a la delincuencia y la drogadicción”, la verdad es que leyendo la entrevista veo una sacada de contexto grosera de sus palabras, pero sus declaraciones no dejan de ser curiosas, en verdad resulta bien difícil tomarlo en serio después de esa entrevista.
Y finalmente falleció el dueño del “Bus del Amor” que organizaba tours sexuales entre la zona minera de Calama y Tacna. La policía de Investigaciones lo acusó de tráfico de drogas y llevaba más de un año en prisión preventiva sin que lo sometieran a juicio. Siempre alegó su absoluta inocencia y durante más de un año la fiscalía fue incapaz de armar un caso decente en su contra, sin embargo lo mantuvieron igual encerrado. Se quemó a lo bonzo y murió a los 50 años de edad. Esas son las cosas que nadie menciona cuando salen a defender la Reforma Procesal Penal ¿quien indenmizará finalmente a la familia por este abuso?. Sospecho que esta vez ni siquiera Moya lo reparará.
Una paletada le echó el panteonero;
luego lió un cigarro; se caló el sombrero
y emprendió la vuelta…
Tras la paletada, nadie dijo nada, nadie dijo nada…
(Carlos Pezoa Véliz, un poema profético)