Tomas Bradanovic

13 octubre, 2010

>De algo hay que morirse

Archivado en: alcohol, malas mujeres, tabaco — tombrad @ 7:59 am

>Ya no encuentran que ponerle a las cajetillas de cigarrillos: primero un viejo con el tubo en la garganta, cuando los fumadores empezaron a bromear con el pobre viejo, colocaron una foto de dientes arruinados por exceso de tabaco, ahora los anti fumadores pusieron sus esperanzas en un aviso que dice “el tabaco causa impotencia” ¿que vendrá después? Yo recuerdo que mi mamá fumaba bastante, llegó a fumar una cajetilla cada dos días de Liberty, luego se pasó al Hilton, que eran los cigarrillos de moda en Chile por esos años. Los profesores y alumnos fumaban en clases y nadie decía nada si alguien prendía un cigarrillo en un lugar público.

Antes era normal que las mujeres embarazadas fumaran, contaba mi mamá que era bueno para pasar los nervios, con todo, yo y mi hermana somos perfectamente sanos y ninguno de los dos se ha fumado un cigarrillo en su vida, pese a que jamás nos prohibieron nada. En los años sesenta el Readers Digest, que era una revista muy influyente en esa época, inició una muy agresiva campaña contra el tabaquismo y en general contra todo lo que ellos consideraban “dañino para la salud”, creo que toda la actual histeria por un estilo de vida sano empezó con esos artículos (soy el pulmón de Juan, etc.).
Esto ha sido un negocio fenomenal para la profesión médica y la industria farmacéutica, después de décadas de aterrorizar a la gente se ha armado un sistema perverso de seguros de salud y un aumento de honorarios que ha llevado a que los médicos sean una de las profesiones mejor pagadas que existen, al menos en los países desarrollados, donde un chequeo anual ya es cosa de rutina. Los tratamientos son cada vez más costosos y en Chile el Hospital Clínico de la Universidad Católica, cuyo patrón es nada menos que San Lucas, o las clínicas privadas como Las Condes, Indisa o la Alemana, se cuentan entre las empresas más rentables del país. Le han metido a la gente la tonta idea que la buena salud puede comprarse.
Si el cuerpo humano fuese una máquina simple como un auto por ejemplo, toda esta locura por el estilo de vida sano tendría algún sentido. Si a un auto le hacemos todas las mantenciones, le ponemos buenos lubricantes y lo manejamos con cuidado puede durar 200 años sin problemas. Lamentablemente las personas no son como los autos y alguien que lleve el estilo de vida más sano del mundo y que se chequee constantemente por los mejores doctores, se enferma y se muere más o menos igual que otro que descuida completamente su salud, dentro de ciertos rangos. Claro que un alcoholico, obeso mórbido o un fumador de dos cajetillas diarias tendrá más chances de enfermarse, pero un estilo de vida absolutamente sano y la preocupación por la salud no le agregarán ni un minuto a su vida o a su salud.
¿No me creen? Conversaba hace un tiempo con un gran amigo cuyo padre había muerto de cáncer al pulmón, eso lo traumó de chico, el no ha fumado nunca en su vida, es prácticamente abstemio y se hacía chequeos de salud preventivos de manera regular. Es un poco menor que yo y tiene cáncer. Yo le preguntaba como era posible, si había eliminado todos los factores de riesgo, me dijo que era probable que por ser abstemio, sumado a un trabajo con muchas presiones, se le hubiese desarrollado la enfermedad. Decía que tal vez si se hubiese emborrachado de vez en cuando, olvidándose de sus problemas y se hubiese preocupado un poco menos de sus salud, no se habría enfermado. Esa explicación le dieron los propios médicos.
Los doctores eliminaron unas enfermedades y crearon otras, hoy la gente rara vez se muere de tifus, difteria o diarrea, pero si de ataques al corazón o de cáncer, la famosa mantención preventiva en lugar de hacer a la gente más sana los convirtió en miedosos y del miedo salen las enfermedades vasculares y los tumores porque el cuerpo, a diferencia de un auto, es una máquina viva, a la que no basta con ponerle buen aceite o los repuestos adecuados.
Mientras no aceptemos que las enfermedades y la muerte son tan inevitables como los cuernos estaremos mal, nos seguiremos enfermando de cáncer y llenando los bolsillos de los cirujanos. Que se vayan al diablo con las campañas anti fumadores, contra las grasas y contra el alcohol, que son pequeños placeres completamente benéficos mientras los mantengamos dentro de lo razonable. Y si para alguien se convierten en un vicio, bien por él, porque una vida sin vicios no es vida. Si nos vamos a morir de algo que no sea de miedo, porque el cobarde muere mil veces, el valiente una sola vez. He dicho.

16 agosto, 2008

Ya nada me preocupa

Archivado en: puros, tabaco — tombrad @ 5:19 pm

Justo estaba pensando si no sería tiempo de comprarme unos puros, aprovechando mi temporal prosperidad, cuando apareció la Pilar con una caja de Puyanas ¡que regalo más oportuno! era precisamente lo que necesitaba para relajarme y pensar un rato sobre mi triste vida envuelto en el humo de un tabaco colombiano.

Fumar un puro toma más o menos una hora completa y es para mí uno de esos pequeños lujos que me hacen sentir contento, parece que al quemarse desaparecen mis problemas y puedo dedicar una hora de completo ocio y concentración para contar mis bendiciones: nunca estaré mal mientras pueda fumar uno, aunque sea de los baratos. El puro es un vicio exclusivo, no es para fumarlo mientras se hace otra cosa, por ejemplo a mi me gusta comer leyendo pero al echar humo tengo que dejar de lado todo lo que estoy haciendo, me echo para atrás en mi sillón, pongo los pies en el escritorio, le corto la punta y lo enciendo con mucho cuidado, de allí en adelante tengo una hora completa para disfrutar. A diferencia del cigarrillo es inconcebible fumar un puro mientras hacemos otra cosa.

Un buen cigarro puro tiene varias características especiales, sobre todo debe quemarse bien, parejo, algunos se pueden quemar igual que los cigarrillos sin que sea necesario aspirarlos. Aunque esto no siempre ocurre, a mi se me han apagado incluso los caros Cohaibas o Huptmann por no haberlos encendido bien al principio. El puro tiende a quemarse según como se haya encendido y si le ponemos más fuego de un lado al encender se seguirá quemando por un costado, lo que puede arruinar todo el asunto. Otra característica de un buen puro es que no chisporrotea por impurezas como pedazos de tallo o picadura que tenga el tabaco. Un puro de marca jamás chisporrotea y se quema de manera suave y parejita.

Un tabaco barato como los Puyana puede costar entre US 0.60 a US$ 1 por unidad, los puros de marca parten costando diez veces más pero yo me conformo con uno barato porque soy buen pobre, en todo caso los Puyana tienen excelente relación calidad/precio es como tomar un vino “120″ o un “Exportación” en lugar de un Gran Reserva, claro que existen todos los rangos intermedios en precio y calidad, para mí lo mejor es un Robusto de Montecristo de unos US$ 10, pero eso es solo cuando doy un buen golpe, con los Puyana puedo fumar mi puro diario durante todo un mes sin grandes sacrificios.

A pesar de ser excluyente, a veces el puro se lleva bien con alguna música que nos guste, puede ser una salsa o con los blues, que -para mi gusto- es de la mejor música para echar humo. También sirve una buena pintura como la que tengo al frente de mi escritorio, que es un óleo de mi amigo Ricardo Retamal, me pongo a fumar y fantasear un poco mirando el cuadro aparentemente sin sentido. Y me imagino al infierno, arriba van colgados los pecadores como yo, a punto de caer en el embudo, después de un gran chapuzón llegan a la cocina situada en las entrañas de Satanás, representado por un pez gordo y baboso, ahí se están friendo todos mis amigos que se portaron mal en vida y desde allí me llaman “¡ven Tomás, está calientito acá abajo!”. En fin, son cosas que vienen a la cabeza mientras se quema el tabaco de la manera más voluptuosa. Un último detalle, al puro no conviene sacudirle la ceniza, siempre debe tener una buena cantidad de ceniza porque de otra manera tiende a apagarse. En este último caso hay que cortarle todo lo que lleva quemado pues al reencenderlo dará mal sabor, solo el tabaco fresco y no chamuscado previamente es bueno.

En fin, cosas de puros e ideas que se vienen a la cabeza cuando uno dedica una hora completa a hacer nada, una costumbre excelente para la paz mental aunque quizá no tanto para la boca, el aliento y la respiración de los que nos rodean, pero que diablos, que se aguanten. Iba a escribir acerca del pesimismo pero me puse a fumar y me dió sueño, desde mi cumpleaños que no me daba estos gustos, así es que mejor me voy a dormir siesta y que se acabe el mundo, ya nada me preocupa.

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