Como pocas veces ocurre, me salté la entrada de un día completo. Es que estaba dedicado a hacer funcionar el maldito computador y como de costumbre mil y un inconvenientes inesperados me tenían muy ocupado.
Pero vamos a lo nuestro, quería comentar unas pocas palabras sobre la Universidad de Tarapacá que, después que anunció que subiría sus exigencias de ingreso, terminó de hecho bajándolas, cosa que provocó algunos reclamos.
A mi me parece una buena medida, nuestra universidad no puede entrar al cuento de que es “una universidad de elite” porque no lo es ni lo será nunca. Además que -en mi experiencia- los alumnos con grandes puntajes de ingreso son por lo general malos profesionales, y los que tienen mejores cualidades para el estudio normalmente terminan haciendo clases y muchas veces marcando el paso sin aportarle mucho a nadie.
Es muy curioso que la Universidad de Tarapacá tenga problemas para llenar sus matrículas siendo -lejos- la de mejor infraestructura de toda el área (incluyendo sur del Peru y Bolivia) y tal vez la de mejores profesores, al menos en cuanto a credenciales y grados. ¿Que pasa entonces? ¿cual es el problema?.
Yo creo que hay varios problemas, históricos y de difícil solución, aunque no imposibles. El principal es que la UTA no tiene personalidad ni mística, es como una persona sin carácter, su imagen no es chicha ni limonada y aunque pareciera que todos están muy contentos -debe ser una de las que mejor paga a sus profesores en Chile- con el actual estado de cosas: poco trabajo, seguridad y buena plata.
Antes que se se juntaran las sedes Arica de la U de Chile y la U del Norte, ambas tenían mucha mística y una personalidad definida por si mismas. Recuerdo al poeta Oscar Hann haciendo clases en la Chile, o a don Erich Glass en la Norte, que eran profesores más o menos legendarios y daban personalidad a las instituciones. Los profesores se entusiasmaban y se hacían experimentos locos como el funesto plan Keller en la Norte, no todo se hacía bien, pero había entusiasmo por hacer cosas. Creo que con la fusión mucho de eso se fue al tacho.
Las antiguas sedes tenían personalidad definida por sus matrices: la Chile era la estatal por excelencia y la Norte el prototipo de universidad católica, siempre con un Obispo supervisando. Como la UTA se generó de la noche a la mañana por un decreto, creo que no tuvo tiempo de desarrollar una personalidad, y todavía no la tiene. Si fuera persona la U de Tarapacá no sería simpática ni antipática: apática la definiría muy bien.
Gran parte de ese problema de falta de personalidad, nos duele a los que estudiamos y salimos de allá, porque sabemos la cantidad de gente valiosa y el enorme potencial que tiene la UTA, desaprovechado por cero imagen. Los diferentes directivos, seguramente con las mejores intenciones, han potenciado distintas áreas de la universidad: durante el rectorado de Luis Tapia se desarrolló la obtención de fondos por proyectos concursables, que hoy hacen a la UTA la universidad pública más solvente de Chile, además de la enorme inversión en infraestructura. Luego llegó Emilio Rodriguez y privilegió el mejoramiento de las credenciales de los profesores: los que quisieron sacar doctorados tuvieron todas las facilidades y hoy en la universidad hay muchos doctores enseñando. También se comenzó el proceso de acreditación, que a pesar de haber sido exitoso parece que no le importa mucho a los alumnos a la hora de matricularse. El actual rector Sergio Pulido ha trabajado profundizando todo lo anterior: se está construyendo, las finanzas andan bien, se siguen dando facilidades para posgraduarse y la acreditación sigue firme.
Es muy fácil pensar que la UTA está en un excelente momento como dicen muchos, pero la verdad es que no es así, y las dificultades para captar alumnos lo muestran muy claro. Hay muchas cosas que se hicieron y se están haciendo bien, menos lo más importante. La UTA no es el pequeño Harvard con que algunos sueñan, ni tampoco una buena escuela de profesionales, bueno, esto último tal vez lo sea en alguna medida, pero no tiene la imagen ni la mística. Y en este mundo de apariencias, la imagen lo es todo, creo que ese es el problema más grande que tiene la Universidad de Tarapacá y no creo que sea de muy fácil solución. Además la mayoría están demasiado seguros y bien alimentados como para preocuparse de esos detalles.