Tomas Bradanovic

22 enero, 2010

La generación Citroneta

Archivado en: citro, taxis — tombrad @ 4:37 pm



Me quedé con las ganas de seguir hablando -escribiendo- de las citronetas y unos pocos momentos después de subir la entrada anoche me llega un mail de mi amigo Marco Antonio, el arquituerto, con las fotografías  de una citro-taxi que se presentó en una reunión de autos antiguos en la ciudad. Luego aparecieron los comentarios de mi tocayo y de Jorge, lo que me decidió a seguir con lo mismo. Bueno, al que no le gusten los autos que cambie de canal.

Pero no fue solo cosa de autos, era la generación de la Citroneta, cuando vivíamos un país pobre y austero, nos comía la envidia con Argentina y todos criticaban al chileno apocadito, que se vestía de gris, hablaba despacito, pedía disculpas por todo, incapaz de reclamar por nada. La verdad es que todavía tenemos algo de la generación Citroneta, escondido detrás de una fina capa de insolente soberbia que se desvanece apenas nos enfrentamos con cualquier autoridad, ahí nos vuelve la generación Citroneta, hay cosas que nunca cambian.

La Citrola estaba en sintonía con la época, frugal, austera y económica hasta el extremo, era un auto apocadito para el chileno idem. Tampoco fue un auto del pueblo como el Volkswagen alemán, no conocí ningún obrero con citroneta, más bien era el vehículo de los profesionales, el doctor o el abogado tenían su citroneta, los famosos mandos medios, esos que según Allende atornillaban al revés, tenían su citrola de fines de los cincuenta, mientras los más pudientes tenían una del año. Era impresionante ver el gran estacionamiento frente al Palacio de la Moneda con cientos de citronetas idénticas, una al lado de la otra, como si estuviésemos en la China de Mao. El pueblo en micro nomás, haciendo equilibrio en la pisadera de una Matadero Palma o una San Eugenio.

La Citroneta era tal como nos veíamos los chilenos a nosotros mismos en esos años: pobres, feos pero confiables. Mi cuñado con toda su familia hicieron en viaje de ida y vuelta Arica-Quellón (Chiloé)-, unos 7.000 kilómetros por caminos endiablados y no pincharon ni un neumático, la confiabilidad de la citroneta era legendaria. Había un programa en la tele “Las Mil y Una de Adullah en el Mundo”, donde el Persa Abdullah Omnivar recorría el mundo en su citroneta con una Cámara de cine portátil, era impresionante ver la Citro avanzando entre las dunas del Sahara o abriéndose paso en la selva.

¡Que maravilla del diseño mecánico! la moderna Azam tenía un motor de 602 cc (como una moto mediana) con 33 HP, era un auto hecho y derecho. No usaba agua, radiador ni bomba de agua, se enfriaba con un gran ventilador y el mismo aire que le entraba cuando iba a su velocidad de crucero de 60 Km/h, no recuerdo haber visto una Citroneta despedazada en un accidente pese a que eran unas latas de sardina, era un auto amable, a nadie se le ocurriría hacer carreras de velocidad con ese auto, menos con un piloto apocadito. Eran otros autos y era otra gente. Si la Citroneta nos caracterizó tan bien en los años setenta ¿que auto nos identificaría ahora? ah, mejor ni lo pienso

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