Hoy me encontré en mi escritorio con una memoria de título y un memo donde dice “en la que usted actuará como Profesor Informante en las defensas que se realizarán el día sábado 28 de Agosto de 2010″. Que brutalidad, a las defensas hay que ir con lo que llaman “tenida formal” ¿a quien se le ocurrió meterme en esto. A veces los amigos por tratar de ayudarte te fastidian, el contenido de la maldita memoria es más pobre que el ropero de Tarzan, no amerita que me coloque una corbata ni nada de eso ¿como lo haré?.
Estas convenciones sociales son un lastre y algunos se las toman muy en serio. El dress code es algo que debiese haber desaparecido hace años y resulta ridículo que un tipo libre como yo me ponga una corbata para no crearle problemas a un par de amigos. Ah la presión social, por eso evito hacer clases. Recuerdo que hace unos meses hubo una reunión de profesores y una académica se quejó largamente sobre el descuido en el vestir de los alumnos de la escuela, me sorprendió ver como todos asentían convencidos y me arranqué antes que empezaran a hablar de como se visten los profesores-hora.
Bien vestido bien recibido decían las viejas, pero yo prefiero este otro: bajo una mala capa se esconde un buen torero. La preocupación por la ropa esconde problemas de inseguridad personal, yo hasta lo encuentro un poco afeminado, que diablos, prefiero ser mal vestido que marica. El derechista enfermo, es como llama mi socialista amigo Viera a cierto tipo de personas amantes de las apariencias, convencionales y tradicionalistas, preocupados por la ropa y de golpearse el pecho en misa. En realidad yo creo que es una enfermedad del alma, esos no son derechistas, porque la gente de verdadera derecha ama la libertad.
Con pocas excepciones yo he usado jeans desde los 12 años, solía tener un único par que me duraba entre dos a tres años. Cuando hubo un candidato local que tenía una lavandería -los ariqueños sabrán a quien me refiero- durante su campaña regalo blue jeans, eso fue hace unos 6 o 7 años atrás y yo me conseguí 3 que todavía me duran. Poco tiempo atrás cuando fui a Arequipa encontré que en Tacna vendían Levi´s a US$ 10, esos jeans los hicieron para mí, me compré dos y ahora me sobran. Tengo camisas que compré en 1994, todavía las uso y han pasado más de 15 años. Me encanta la ropa vieja, otra razón por la que jamás podría ser empleado público.
Todo esto se me vino a la memoria a raíz del ahora famoso instructivo con que algunos tarados del Gobierno Regional de Coquimbo intentaron reglamentar los dress codes de sus empleados, llegando a ejemplos tan ridículos como prohibir las minifaldas, los jean y las poleras sin cuello. Claro, después se tuvierin que retractar pero la estupidez ya estaba hecha.
Recuerdo haber escuchadola queja de jueces -cuando pituteaba en los tribunales- diciendo que en Perú los magistrados usaban un collar con los colores nacionales, lo que les confería su dignidad. En Inglaterra, USA y muchos otros países los jueces usan toga. La idea es que el collar o la toga, igual que el uniforme de un policía, informa a los demás que no se trata de personas comunes y corrientes, que son autoridades, con derechos y privilegios especiales por sobre la gente común. Los delincuentes habituales, acostumbrados al sistema, no se dejan intimidar por esas cosas, incluso recuerdo a un juez al que acompañaba durante la visita semanal de cárcel y un encausado le pego un par de bofetadas. “Déjenlo nomás, no le peguen” decía -no muy convencido- mientras los guardias encerraban al malandra en un círculo de patadas y palos.
Recuerdo a otro juez -el mejor de la plaza, al que nunca lo ascendieron a ministro- que jamás tuvo un problema con los delincuentes, hasta los más malditos lo trataban con extremo respeto. Una vez le pregunté como lo hacía y me dijo “bueno, los trato como caballeros nomás, siempre de usted y nunca burlándome o haciendo bromas a su costa” que diferencia con sus otros colegas.
La cosa es que el respeto que confiere una vestimenta formal es siempre precario. Seguramente en la idea del intendente o el que redactó el absurdo instructivo el funcionario público debe hacer ostentación de su condición de autoridad, diferenciarse de la gente normal por medio de la vestimenta. En Chile tenemos unas ideas bien locas sobre lo que significa autoridad, y tendemos a ser extremadamente serviles hacia cualquiera que ostente un cargo público.
Una de las cosas buenas de mi sistema de vida y trabajo, es que normalmente nadie me dice como tengo que vestirme o comportarme, no represento a nadie aparte de mi mismo así es que a veces hasta puedo darme el lujo de ser un poco estrafalario. Además que la ropa nunca ha sido un item importante dentro de mi presupuesto. Cuando veo a un tipo con “tenida formal” -lo que en Arica significa un terno barato de alguna multitienda- lo compadezco porque se tiene que disfrazar para que le paguen su salario. Si al menos el Terno fuese un Hugo Boss o de un buen casimir a la medida… pero de multitienda es jurel tipo salmón nomás.
Pero bueno, me acaba de llegar otra memoria de la que también tendré que ser profesor informante así es que por parte baja tendré que conseguir prestados un par de pantalones. Que diablos. Hasta mañana.