¿En qué consiste, entonces, la enajenación del trabajo? Primeramente en que el trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo. Su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste. El trabajo externo, el trabajo en que el hombre se enajena, es un trabajo de autosacrificio, de ascetismo. En último término, para el trabajador se muestra la exterioridad del trabajo en que éste no es suyo, sino de otro, que no le pertenece; en que cuando está en él no se pertenece a si mismo, sino a otro.
¡Bien por Karl Marx y su teoría de la alienación!, yo no quiero ser alienado y por eso trabajo lo menos posible ¿quien necesita revoluciones?, basta con no tener ambiciones materiales y no seremos alienados. La suprema equivocación de Marx consistió en pensar que se pueden tener ambiciones materiales y seguridad sin necesidad de alienarse, hasta un niño se podría dar cuenta que eso es imposible.
He tocado varias veces antes el tema de las teorías del valor, especialmente en lo que respecta al valor subjetivo y los marginalistas, pero también hubo otras teorías que ya están medio desacreditadas, como la de valor-trabajo, que reinó durante los años de la economía clásica, misma que Marx llevó a su extremo. En palabras simples esta teoría dice que la esencia del valor de las cosas está en el trabajo que toma transformarlas. Mientras Adam Smith descomponía el valor en trabajo, utilidad del capital y renta, Marx hablaba de trabajo, capital fijo, variable y plusvalía.
La teoría marxista del valor-trabajo dice ¿Por qué un bien o servicio tiene valor? Porque en ellos se ha gastado fuerza de trabajo humana. Y ese gasto se mide por la duración del trabajo. Entonces vienen los ejemplos del tejedor en un telar manual, luego en un telar a vapor y cosas por el estilo. Una observación -tal vez ignorante- de mi parte ¿que pasa con el que se encuentra una pepita de oro en el río y para “producirla” solo tuvo que agacharse a recogerla? ¿tiene menos valor esa pepita que el oro equivalente que consigue un pequeño minero después de estar un mes procesando toneladas de material? Para mi gusto el valor es el mismo, pero en fin.
Se armaba entonces un gran enredo entre el valor de uso y el valor de cambio de las cosas, la teoría del valor subjetivo tuvo la ventaja de simplificar y representar de una manera mucho más práctica como le damos valor a las cosas en la vida real.
La forma en que determinamos el valor de las cosas es fundamental para la moral, lo bueno y lo malo son juicios de valor y en esto hay dos maneras de pensar: o que las cosas tienen un valor objetivo, independiente de nuestras preferencias o que el valor es un nivel de consenso entre lo que nosotros creemos que valen. En economía al menos la teoría subjetiva del valor prácticamente ya no se discute: donde se cruzan las curvas de oferta y demanda está el precio, que es el valor de equilibrio por consenso de los consumidores. Al final es solo un asunto de autoridad, yo no me siento autorizado para decirle a los demás lo que valen las cosas y por supuesto no acepto que nadie me lo diga a mi, eso es todo el asunto según como yo lo veo, así es que cualquiera que pretenda imponerme sus valores en lo que sea se puede ir al diablo.
Aparecieron por la prensa cerca de 3.000 páginas de emails enviados por el marido de Sarah Palin, ex candidata a vice presidenta de USA. Este señor había abierto una cuenta más o menos anónima en Yahoo, pero en Internet el anonimato no existe. ¿Que pasaría si mañana aparecen por la prensa todos los email que yo he mandado? hummm, puede que haya unos pocos que no me gustaría que los viera todo el mundo. Nunca lo olviden, la privacidad del correo electrónico simplemente no existe, todos los correos que hemos mandado o recibido alguna vez son de libre acceso para algunas personas, el cyber chantaje recién está empezando.
Estuve viendo una curiosa y entretenida página web, se llama The Art of Manliness, ¿puede considerarse la hombría como un arte? me entretuve harto leyendo pero la verdad es que tanta vanidad me pareció medio gay, el logo del tipo con mostachos y a torso desnudo me recordó a Freddy Mercury, para que andamos con cosas. Puede que existan algunas cosas características de la hombría, quien sabe, pero eso de preocuparse por la ropa y la apariencia física es un asunto típicamente de mujeres, o de homosexuales. Y ahora me voy a afeitar y perfumarme,.. es mi vida ¿ya? ja-ja-ja..
Mientras escribo me estoy tomando un carajito, que consiste en mezclar una onza de anís con té caliente endulzado. Normalmente tomo el té sin azucar pero el carajito tiene que ser dulce, tengo una botella del peruanísimo Anís Najar y me la estoy tomando de a poquito, un chincol se comió una viña, uva por uva. Hasta mañana.

Leí una noticia muy curiosa sobre los toreros en España, que cada vez toman menos tiempo para volver a torear luego de recibir una corneada. Apenas los suturan ya se van a parar de nuevo delante de otro toro,
No me explico que les dió contra el MacDonalds, me parece absurda esa pose, moda, o como quieran llamarla de decir que la comida de MacDonalds o la comida chatarra en general, son malas para la salud, todos repiten la misma tontera, hasta el Tomás Jr.: la presión social es cosa seria.