Tomas Bradanovic

5 febrero, 2010

El valor, el arte de la hombría y otras yerbas

Archivado en: hombria, maldito trabajo, Teoría subjetiva del valor — tombrad @ 11:19 pm

¿En qué consiste, entonces, la enajenación del trabajo? Primeramente en que el trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo. Su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste. El trabajo externo, el trabajo en que el hombre se enajena, es un trabajo de autosacrificio, de ascetismo. En último término, para el trabajador se muestra la exterioridad del trabajo en que éste no es suyo, sino de otro, que no le pertenece; en que cuando está en él no se pertenece a si mismo, sino a otro.

¡Bien por Karl Marx y su teoría de la alienación!, yo no quiero ser alienado y por eso trabajo lo menos posible ¿quien necesita revoluciones?, basta con no tener ambiciones materiales y no seremos alienados. La suprema equivocación de Marx consistió en pensar que se pueden tener ambiciones materiales y seguridad sin necesidad de alienarse, hasta un niño se podría dar cuenta que eso es imposible.

He tocado varias veces antes el tema de las teorías del valor, especialmente en lo que respecta al valor subjetivo y los marginalistas, pero también hubo otras teorías que ya están medio desacreditadas, como la de valor-trabajo, que reinó durante los años de la economía clásica, misma que Marx llevó a su extremo. En palabras simples esta teoría dice que la esencia del valor de las cosas está en el trabajo que toma transformarlas. Mientras Adam Smith descomponía el valor en trabajo, utilidad del capital y renta, Marx hablaba de trabajo, capital fijo, variable y plusvalía.

La teoría marxista del valor-trabajo dice ¿Por qué un bien o servicio tiene valor? Porque en ellos se ha gastado fuerza de trabajo humana. Y ese gasto se mide por la duración del trabajo. Entonces vienen los ejemplos del tejedor en un telar manual, luego en un telar a vapor y cosas por el estilo. Una observación -tal vez ignorante- de mi parte ¿que pasa con el que se encuentra una pepita de oro en el río y para “producirla” solo tuvo que agacharse a recogerla? ¿tiene menos valor esa pepita que el oro equivalente que consigue un pequeño minero después de estar un mes procesando toneladas de material? Para mi gusto el valor es el mismo, pero en fin.

Se armaba entonces un gran enredo entre el valor de uso y el valor de cambio de las cosas, la teoría del valor subjetivo tuvo la ventaja de simplificar y representar de una manera mucho más práctica como le damos valor a las cosas en la vida real.

La forma en que determinamos el valor de las cosas es fundamental para la moral, lo bueno y lo malo son juicios de valor y en esto hay dos maneras de pensar: o que las cosas tienen un valor objetivo, independiente de nuestras preferencias o que el valor es un nivel de consenso entre lo que nosotros creemos que valen. En economía al menos la teoría subjetiva del valor prácticamente ya no se discute: donde se cruzan las curvas de oferta y demanda está el precio, que es el valor de equilibrio por consenso de los consumidores. Al final es solo un asunto de autoridad, yo no me siento autorizado para decirle a los demás lo que valen las cosas y por supuesto no acepto que nadie me lo diga a mi, eso es todo el asunto según como yo lo veo, así es que cualquiera que pretenda imponerme sus valores en lo que sea se puede ir al diablo.

Aparecieron por la prensa cerca de 3.000 páginas de emails enviados por el marido de Sarah Palin, ex candidata a vice presidenta de USA. Este señor había abierto una cuenta más o menos anónima en Yahoo, pero en Internet el anonimato no existe. ¿Que pasaría si mañana aparecen por la prensa todos los email que yo he mandado? hummm, puede que haya unos pocos que no me gustaría que los viera todo el mundo. Nunca lo olviden, la privacidad del correo electrónico simplemente no existe, todos los correos que hemos mandado o recibido alguna vez son de libre acceso para algunas personas, el cyber chantaje recién está empezando.

Estuve viendo una curiosa y entretenida página web, se llama The Art of Manliness, ¿puede considerarse la hombría como un arte? me entretuve harto leyendo pero la verdad es que tanta vanidad me pareció medio gay, el logo del tipo con mostachos y a torso desnudo me recordó a Freddy Mercury, para que andamos con cosas. Puede que existan algunas cosas características de la hombría, quien sabe, pero eso de preocuparse por la ropa y la apariencia física es un asunto típicamente de mujeres, o de homosexuales. Y ahora me voy a afeitar y perfumarme,.. es mi vida ¿ya? ja-ja-ja..

Mientras escribo me estoy tomando un carajito, que consiste en mezclar una onza de anís con té caliente endulzado. Normalmente tomo el té sin azucar pero el carajito tiene que ser dulce, tengo una botella del peruanísimo Anís Najar y me la estoy tomando de a poquito, un chincol se comió una viña, uva por uva. Hasta mañana.

24 mayo, 2008

Los valientes y los valentones

Archivado en: cobardia, Teoría subjetiva del valor, toreros — tombrad @ 5:32 pm

Leí una noticia muy curiosa sobre los toreros en España, que cada vez toman menos tiempo para volver a torear luego de recibir una corneada. Apenas los suturan ya se van a parar de nuevo delante de otro toro, para que no les falle el valor.

Pero lo extraño es que, mientras los toreros jóvenes no tienen problemas en colocarse la vacuna antitetánica, a medida que envejecen le van tomando miedo a las agujas, que se convierte en verdadero terror en muchos de los toreros más experimentados. Decían que casi ningún torero de carrera se ponía la inyección antitetánica y recurrían a mil trucos para evitar este trámite obligatorio; se esconden, sobornan al enfermero, etc.

Posiblemente ningún oficio requiere tanto valor físico como el toreo porque -como escribió Hemingway en Muerte en La Tarde- ellos deben decidir coscientemente cuanto peligro están dispuestos a correr, cuando trabajan cada vez más cerca del toro arriesgandose a una muerte violenta y dolorosa.

Siempre he desconfiado de los que se dicen valientes o de los que andan acusando a los demás de cobardía, el valor físico está más cercano a la estupidez de un gorila que a la real valentía. Un adolescente que compite en carreras callejeras contra el tránsito tiene mucho de ese valor físico del mono, simplemente no es capaz de imaginarse las consecuencias de lo que hace y mientras más idiota será más valiente. Por eso también los borrachos hacen muchos actos de valentía y por eso en las antiguas cargas de guerra a pie y a cuchillo se repartía aguaardiente a las tropas, para embrutecerlos.

Lo natural es ser cobarde y el verdadero valor es el del que hace lo que se propone a pesar de estar muerto de miedo. Años atrás -por esas cosas raras de la vida- me tocó ir de Arica a Iquique en auto con un tipo que se dedicaba a una de las actividades más peligrosas que existen. La cosa es que se suponía que debía ser una especie de Rambo por sus -no muy legales- actividades, además tenía -tiene- la reputación de persona peligrosa y decidida a todo. Como yo conozco bien el camino y bajaba las quebradas muy rápido el amigo iba muerto de miedo y me decía a cada rato que por favor fuera más despacio, que no se quería matar. Yo no soy ningún loco para manejar y le dije que conocía bien el camino, que no había problema, pero insistio tanto e iba tan asustado que finalmente tuve que seguir a paso de tortuga antes que se muriera de susto.

Le pregunté que como podia llevar una vida tan arriesgada siendo tan aprensivo, me dijo que de no ser tan cobarde estaría muerto hace años. Con el tiempo conocí otras personas que también llevaban una vida peligrosa y todos eran exageradamente aprensivos en cosas que a cualquier persona normal ni siquiera le preocuparían. Es curioso pero esa imagen de los héroes de película o de los terroristas o comandos que no le tienen miedo a nada es completamente falsa, los valientes no duran ni media hora en el mundo real.

Eso era, un pequeño comentario sobre la cobardía que rara vez se aprecia en su justo valor. Hasta mañana.

7 febrero, 2008

La paradoja de los diamantes y el agua

Archivado en: Teoría subjetiva del valor — tombrad @ 8:40 pm

No me explico que les dió contra el MacDonalds, me parece absurda esa pose, moda, o como quieran llamarla de decir que la comida de MacDonalds o la comida chatarra en general, son malas para la salud, todos repiten la misma tontera, hasta el Tomás Jr.: la presión social es cosa seria.

Hace poco leí en Internet el colmo de esas estupideces: decían que un tipo se había dedicado durante dos meses o algo así a comer solo del MacDonalds y listaban todos los problemas de salud que había adquirido. ¡Como tan idiotas, cualquiera que pase dos meses atragantándose de lo mismo le tiene que hacer mal, es lo más lógico!.

Los hechos son que la comida de MacDonalds es mucho, mucho más higienica y los componentes de mejor calidad -a lo menos en limpieza y manipulación- que en la mayoría de los restaurantes de todos los rangos de precios. Si la gente conociera lo que pasa cada noche en la cocina de los restaurantes, o en su propia cocina, seguramente no se atreverían a comer nada. Toda clase de insectos y ratones que conviven con nosotros también nos ayudan a consumir los alimentos, no se olviden.

Claro que la comida chartarra en grandes cantidades es mala ¡todo en grandes cantidades es malo, hay gente que ha muerto por tomar demasiada agua!. Esa manía por las comidas saludables y por el exceso de higiene es una actitud bien inocente, nacimos para morirnos y no hay mejor doctor que nuestro propio cuerpo, mientras más esterilizamos nuestra comida y nuestro ambiente más débiles y menos defensas. La comida chatarra no tiene absolutamente nada de malo, siempre y cuando se consuma en cantidades razonables. En fin, a ver si más rato me voy a comer un indigesto sandwich chatarra en el Servipal o en Las Focas para reforzar mis defensas.

Cuando venía de vuelta de mi largo viaje en 1983, el primer gringo con que hice amistad era un adelantado en eso de cuidarse comiendo cosas sanas, en esos años a casi nadie le preocupaba pero mi flaco y larguirucho compañero leía cuidadosamente la lista de ingredientes y preguntaba por todo lo que comía, en fin, nos hicimos muy amigos y hasta creo que llegó a entender algunas de mis bromas más pesadas, el me decía sonriendo satisfecho que esperaba vivir 100 años y yo le contestaba que seguramente las preocupaciones lo iban a matar mucho antes. En fin, es muy curioso que la mayoría de la gente se preocupa demasiado por su salud cuando igual se van a morir como todos nosotros, por más que se preocupen. Algunos son muy puntillosos con lo que comen pero abusan del cigarro o del trago. En fin, mi teoría es que todo es bueno: la comida chatarra, la grasa, el alcohol, las drogas, el cigarro, cualquier cosa que nos agrade es buena porque de cualquier manera vamos a estirar la pata.

Lo malo es esa actitud, muy moderna, de querer todo lo que nos gusta en grandes cantidades: mucho trago, muchos cigarros, mucha comida, mucha droga. Eso pasa cuando tenemos la suficiente plata como para comprar lo que queremos en cantidades casi ilimitadas, entonces deja de ser bueno y se convierte en una necesidad. El padre de los Piñera dijo una vez en una entrevista de televisión que no le gustaba ese dicho “de lo bueno poco”, ¡de lo bueno harto! decía ¿por qué poco?, porque cuando tenemos mucho de lo bueno, deja de ser bueno, así de simple. Solo tiene valor lo que es escaso.

La paradoja de los diamantes y el agua

Archivado en: Teoría subjetiva del valor — tombrad @ 8:40 pm

No me explico que les dió contra el MacDonalds, me parece absurda esa pose, moda, o como quieran llamarla de decir que la comida de MacDonalds o la comida chatarra en general, son malas para la salud, todos repiten la misma tontera, hasta el Tomás Jr.: la presión social es cosa seria.

Hace poco leí en Internet el colmo de esas estupideces: decían que un tipo se había dedicado durante dos meses o algo así a comer solo del MacDonalds y listaban todos los problemas de salud que había adquirido. ¡Como tan idiotas, cualquiera que pase dos meses atragantándose de lo mismo le tiene que hacer mal, es lo más lógico!.

Los hechos son que la comida de MacDonalds es mucho, mucho más higienica y los componentes de mejor calidad -a lo menos en limpieza y manipulación- que en la mayoría de los restaurantes de todos los rangos de precios. Si la gente conociera lo que pasa cada noche en la cocina de los restaurantes, o en su propia cocina, seguramente no se atreverían a comer nada. Toda clase de insectos y ratones que conviven con nosotros también nos ayudan a consumir los alimentos, no se olviden.

Claro que la comida chartarra en grandes cantidades es mala ¡todo en grandes cantidades es malo, hay gente que ha muerto por tomar demasiada agua!. Esa manía por las comidas saludables y por el exceso de higiene es una actitud bien inocente, nacimos para morirnos y no hay mejor doctor que nuestro propio cuerpo, mientras más esterilizamos nuestra comida y nuestro ambiente más débiles y menos defensas. La comida chatarra no tiene absolutamente nada de malo, siempre y cuando se consuma en cantidades razonables. En fin, a ver si más rato me voy a comer un indigesto sandwich chatarra en el Servipal o en Las Focas para reforzar mis defensas.

Cuando venía de vuelta de mi largo viaje en 1983, el primer gringo con que hice amistad era un adelantado en eso de cuidarse comiendo cosas sanas, en esos años a casi nadie le preocupaba pero mi flaco y larguirucho compañero leía cuidadosamente la lista de ingredientes y preguntaba por todo lo que comía, en fin, nos hicimos muy amigos y hasta creo que llegó a entender algunas de mis bromas más pesadas, el me decía sonriendo satisfecho que esperaba vivir 100 años y yo le contestaba que seguramente las preocupaciones lo iban a matar mucho antes. En fin, es muy curioso que la mayoría de la gente se preocupa demasiado por su salud cuando igual se van a morir como todos nosotros, por más que se preocupen. Algunos son muy puntillosos con lo que comen pero abusan del cigarro o del trago. En fin, mi teoría es que todo es bueno: la comida chatarra, la grasa, el alcohol, las drogas, el cigarro, cualquier cosa que nos agrade es buena porque de cualquier manera vamos a estirar la pata.

Lo malo es esa actitud, muy moderna, de querer todo lo que nos gusta en grandes cantidades: mucho trago, muchos cigarros, mucha comida, mucha droga. Eso pasa cuando tenemos la suficiente plata como para comprar lo que queremos en cantidades casi ilimitadas, entonces deja de ser bueno y se convierte en una necesidad. El padre de los Piñera dijo una vez en una entrevista de televisión que no le gustaba ese dicho “de lo bueno poco”, ¡de lo bueno harto! decía ¿por qué poco?, porque cuando tenemos mucho de lo bueno, deja de ser bueno, así de simple. Solo tiene valor lo que es escaso.

Tema WordPress Classic. Blog de WordPress.com.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.