Tomas Bradanovic

2 abril, 2010

El tercer hombre, el trago y las sirenas

Archivado en: tercer hombre — tombrad @ 5:48 pm


Terminé de leer El Tercer Hombre de Graham Greene, me duró solo un día porque se trata de una novela corta de apenas 71 páginas. No es una obra maestra ni nada de eso, simplemente una novela entretenida -como explica el propio Greene en el prólogo- “nunca pretendió ser más que la materia prima para una película”. Me quedó pegada la simpática frase de Rollo Martins acerca de “mezclar los tragos”, así describía cuando pasaba algo de consecuencias desastrosas: “mezclé los tragos”, cualquiera que haya hecho algo de lo que después se arrepiente encontrará esa frase sumamente graciosa, la verdad es que a mi se me han mezclado los tragos un par de veces. Los verdaderos borrachos entendemos muy bien esa expresión.

Mezclé los tragos una noche de diciembre de 1973, en el salón de baile del Cuerpo de Bomberos de Ancud, durante la fiesta de despedida de la enseñanza media. A veces uno siente que su vida va a tener un cambio irreparable y que todo está a punto de perderse para siempre. En mis cuatro años en Chiloé me había convertido en borracho experimentado -tanto que me empezó a preocupar el asunto del alcoholismo- pero esa noche pensé que me merecía la mejor borrachera de todas, de toque a toque como eran las fiestas en esos días.
Tenía motivos de sobra, estaba dejando la Isla Grande donde pasé la parte más intensa de mi vida, éramos un grupo de pocos amigos y estaba una chica de la que estuve babosamente enamorado, a la que obviamente jamás me animé a hablarle nada. Recuerdo que empezamos a tomar en la tarde, mucho antes de que empezara la fiesta, en mi mano derecha tenía una botella de ron y en la izquierda una Coca Cola, tomaba un trago de cada una. De allí solo recuerdo fragmentos como fotografías movidas, creo que me puse a tocar la batería y hasta bailé unos corridos, después de eso me borré.
Al otro día apareció mi mamá que había llegado de Quellón a buscarme, me despertó entero vomitado y con la peor resaca que he tenido en mi vida -con el Ron Silver no se juega- yo solo atiné a decirle que se me habían mezclado los tragos, por eso me gustó tanto esa frase del libro de Greene, es mucho más filosófica de lo que parece, cualquier borracho experimentado lo puede confirmar.
Yo soy de los convencidos con la estúpida idea que los hombres no lloran, puedo contar con los dedos de una mano las veces que he llorado. Pero el día que me fui de Chiloé me acuerdo clarito, íbamos atravesando el Canal de Chacao en el Alonso de Ercilla y se me empezó a apretar la garganta, me fui para otro y me aguanté todo lo que pude. Fue una de las pocas veces en mi vida que se me han saltado las lágrimas.
Bah, a otra cosa, realmente no me lo explico, 750 millones de pesos, es decir 1,5 millones de dólares por 13 alarmas para avisar el tsunami. Yo me pregunto ¿es un chiste? leo en La Estrella de Arica que el ingeniero Theodor Hebel dio una “contundente presentación” sobre el -no muy barato- “Sistema de Alarma Temprana”. Cuando una consejera regional dijo que le parecía muy caro el intendente respondió “Si con esto se salva una sola vida, es fundamental seguir apoyando. Esta es una intervención que nos dejó totalmente claros”.
Con todo respeto no me parece un buen argumento: claro que una sola vida salvada puede valer más que 1,5 millones de dólares, pero el argumento es absurdo si hay soluciones que pueden lograr lo mismo con mucha menos plata, ese es el punto, porque con idénticas razones, el día de mañana pueden decir que en realidad no eran 1,5 sino 3 millones de dólares, no es primera vez que pasa. Estas inversiones deben ser serias y transparentes: jamás ha aparecido en ninguna parte el presupuesto detallado que justifique esa cantidad de plata, ni menos soluciones alternativas con sus pro y contra.
Lo malo cuando se toman estas decisiones que no parecen muy transparentes es que a uno le entra la duda y empieza a averiguar, yo busqué en Internet por el ingeniero Theodor Hebel y lo encontré ligado a la empresa Desimat, que ofrece supresores para sobretensión. En fin, creo que en lugar de argumentos emocionales el millón y medio de dólares es algo que debería quedar bien transparentado antes de tomar una decisión. Si se publicita el presupuesto detallado con sus costos, se muestra que son costos de mercado y que es la única o la mejor solución, perfecto.
Pero tengan cuidado, no vaya a ser cosa que se esté incubando un escándalo que va a aparecer en dos o tres años más, no hay que olvidarse que cosas como esta forjaron la reputación que hoy tiene la concertación por la democracia.
En fin, a veces digo cosas por ayudar y me lo toman a mal, que diablos, pero si nadie habla no seré yo el que me quede callado. Hasta mañana.

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