Tomas Bradanovic

18 diciembre, 2009

Todo es cancha

Archivado en: que gane el mas mejor, todo es cancha — tombrad @ 12:19 am


Todo es cancha es una expresión del slang chileno que se refiere a las pichangas o juegos de fútbol en la calle. La diferencia entre el fútbol profesional y la pichanga callejera es precisamente que en la calle todo es cancha, la pelota no se juega solo dentro de un espacio de pasto claramente marcado sino que en las calles existen veredas, autos estacionados, hay gente que pasa durante el juego. se molesta y puede tirar lejos la pelota. Todos estos inconvenientes de la pichanga pueden resultar injustos para uno de los equipos en un momento dado pero con la ley de todo es cancha el juego sigue de cualquier manera, las injusticias tienden a compensarse, de no ser así tampoco importa mucho porque -como son fortuitas- en un juego le pueden tocar más a un equipo y al día siguiente le tocarán al otro. Por algo los aficionados aceptan jugar en esas condiciones.

Así es la ley de todo es cancha y a eso se refiere la expresión. Me acordé de esto a propósito de un comentario al libro Que Gane el Más Mejor de Eduardo Engel y Patricio Navia, del que solo he leído reseñas pero -según dicen- enfatiza la necesidad de un sistema más justo y meritocrático para los estudiantes y, en general, entre los chilenos, donde el estado introduzca más competencia y elimine los privilegios injustos. La idea del libro Que Gane el Más Mejor hace énfasis en la metáfora de una cancha pareja, que iguale las condiciones de juego y que no sea de subida para el equipo de los hijos de los pobres y de bajada para los hijos de los ricos.
Como expresión idealista de deseos, que gane el más mejor jugando en una cancha pareja, de pasto y bien marcada donde los niños compiten en iguales condiciones en base a méritos y esfuerzo personal es una idea muy noble, pero apenas tratamos de llevarla a la práctica aparecen algunos problemas: primero que nada pensemos que implica el concepto de cancha pareja, un niño pobre está en desventaja frente a uno rico, obvio ¿que podría hacer el estado entonces para emparejar la cancha? Muchas cosas, por ejemplo darle becas al pobre, almuerzos sin costo, alojamiento, pagarle su educación -porque la educación gratis no existe- hasta aquí perfecto.
Pero si al niño pobre le va mal a pesar de la ayuda se puede argumentar -con razón- que la cancha todavía no es pareja: porque el niño pobre vive en condiciones de pobreza, así es que sería necesario que el estado mejore su casa y -si vamos a ser justos- la ponga en iguales condiciones que la casa del niño rico. Aquí la cosa se va poniendo más difícil pero no es todo, imaginemos que además le regalamos una buena casa ¿que hay de las escuelas de menor calidad a las que tuvo que asistir? es bien obvio que la familia rica puede pagar una educación primaria de excelencia en colegios caros, el estado entonces, si vamos a hacer justicia, debería pagar lo mismos millones que se gasta en educar a un niño rico para emparejar la cancha.
¿Y todo termina allí? claro que no señores, porque el niño pobre vive con una familia pobre, si pretendemos ser justos deberíamos dar los recursos para que esa familia pobre pueda vivir como ricos y así tenga preocupaciones intelectuales como leer y estudiar, en lugar de pasar el día embrutecidos viendo tele o chupando como esponjas, lo que es otra horrorosa injusticia.
Dirán que exagero, pero no es así, esa es la situación del mundo real donde solo muy pocos juegan en una cancha de pasto bien mantenida, planita y perfectamente marcada. En la realidad casi todas las personas normales jugamos pichanga en la calle, con mínimas reglas. A veces la calle es inclinada y tenemos que esquivar a los autos que pasan, Todo es Cancha en la vida real.
La cancha plana no es un concepto equivocado, lo equivocado es ponerlo como punto central de la política porque genera expectativas crecientes que -a simple vista- siempre serán imposibles de satisfacer. No existe suficiente riqueza en el mundo para construir canchas planas para todo el mundo, entonces cada vez que se promete tal cosa se genera más descontento y más injusticia de la que se quería corregir, porque las soluciones -necesariamente parciales- siempre dejan afuera a la mayoría de ingenuos que fueron ilusionados con la idea que tenían un derecho inalienable y no se lo respetaron.
La cancha plana en cambio es un buen concepto subsidiario, como premio al esfuerzo extraordinario del que se las arregla para que le vaya bien a pesar de la injusticia de las circunstancias adversas. Ayudar a esa gente no solo es un asunto de justicia sino que además un buen negocio porque el retorno social de cada persona que sale de la pobreza es muy grande para la sociedad en conjunto. Sin embargo existe mucha gente que se merece ayuda y por simple mala suerte no consigue salir adelante. En esos casos es necesario tener el corazón duro y no meter plata donde no es viable, tal como en los negocios el capital humano siempre debe estar sujeto a criterios de inversión -con cierta certeza en el retorno- y no de gasto.
Si estamos obligados por la realidad a jugar fútbol en la calle en vez de la cancha 1 del Estadio Nacional, es necesario que reconozcamos que no podemos pensar en las mismas reglas y regulaciones puntillosas que aseguren un fair play, eso lleva a injusticias aún mayores. Mucho mejor es aplicar las reglas de la calle donde todo es cancha, sin árbitros ni regulaciones. A ver si a algún economista se le alumbra y desarrolla esta idea en extenso, estoy seguro que encontraría muchos buenos argumentos para proponer un sistema mixto, donde en la base de las políticas Todo es Cancha y llegado a cierto nivel se comienza a regular para Que Gane El Más Mejor, ambas ideas no son excluyentes, al contrario, se complementan.

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